Baraja renueva hasta 2028
«Cuando peor estuvimos en esta Liga fue cuando sentí ese refuerzo del club que todo entrenador solicita», confiesa el técnico del Promesas / «La próxima temporada debemos exigirnos más y ser más competitivos»

Javier Baraja, entrenador del Promesas, en la grada de los Campos Anexos.
Javier Baraja ha surfeado la temporada sobre la tabla de un Promesas que subía y bajaba las olas con serio riesgo de una caída que por fortuna nunca llegó. El filial comenzó regular, sufrió un bache y, cuando parecía enderezarse, llegó otra serie negativa de resultados que parecían abocarlo al descenso. El equipo sacó fuerzas de flaqueza y un final majestuoso, con sendas victorias en los cuatro últimos partidos, le llevó a conservar la categoría.
Al final el Promesas fue el tercer mejor equipo de su grupo de Segunda RFEF en la segunda vuelta, pese al trasiego de jugadores que subían y bajaban del primer equipo y la obligación de contar con juveniles, aunque el club guarda auténticas perlas en esta categoría.
Baraja, vallisoletano y ex jugador blanquivioleta, recoge ahora el premio a su esfuerzo y capacidad con una renovación. Y por dos temporadas. Ha firmado su continuidad al frente del primer filial pucelano hasta junio de 2028, síntoma de que el club confía plenamente en él.
«Al final conseguimos el objetivo marcado. Nos hubiese gustado que fuese antes, pero lo cierto es que el equipo hizo una segunda vuelta fantástica. Eso nos dio la posibilidad de crecer mucho. Te queda la sensación al final de la temporada de poder haber hecho mucho más, pero la realidad es que nos encontramos muchísimas dificultades. De ahí esa agonía al final», explica el entrenador a este diario.
El míster indica cuáles son las grandes virtudes que ve en su equipo. «Lo que más destacaría es la capacidad primero de confianza y de fe de los chicos y, como consecuencia de éstas, la de lucha. El trabajo diario ha sido muy bueno y al final, cuando las cosas se ponen feas, siempre apelamos a esa profesionalidad y al sentimiento. Ha sido para nosotros la clave ante las dificultades que se han presentado».
Y que han sido muchas, para el entrenador del Promesas. «En un año complicado, posiblemente nuestra mayor dificultad ha sido superarnos a nosotros mismos, esas dudas del inicio, quizás cometiendo errores que no son propios de la categoría. La segunda vuelta nos ha demostrado a todos que el equipo tenía capacidad, que los jugadores tienen un nivel bastante bueno y que al final sólo hay que darle su tiempo de adaptación al espacio en el que nos movemos y así lo han demostrado. Creo que la segunda vuelta merece una alabanza para los chicos por cómo la han enfrentado, por la profesionalidad y sobre todo por su capacidad de superación».
Como técnico de un filial, Baraja tiene asumido ese doble canal de ida y vuelta con el primer equipo y el juvenil, que le lleva a perder jugadores en pos del conjunto profesional, y a capturar algunos del inmediatamente inferior para rellenar esos huecos. Nada que ver con las plantillas asentadas de los primeros equipos con los que se enfrenta.
«Es difícil, sobre todo por la sensación de los chicos de no estar en ninguno de los dos equipos y de no tener la posibilidad de entrenar a diario con los compañeros con los que luego compiten. Pero es la peculiaridad que tenemos los filiales y ya cuentas con ella. Tenemos la suerte de contar con un buen juvenil que trabaja a diario con nosotros. Tiene jugadores que nos dan nivel para llevar la semana a cabo y eso ayuda bastante a la hora del día a día».
El vallisoletano remata su explicación con la base del trabajo para el que está concebido todo primer filial: «Al final estamos para servir un poco al primer equipo y que ese escalón tan grande entre él y la cantera sea cada vez menor».
Esto no le empuja a un conformismo ante la pérdida de piezas vitales para él que van al equipo profesional, sino todo lo contrario.
«Nosotros mismos tenemos que exigirnos más. Tenemos futbolistas que ya esta temporada han jugado bastante continuo y con protagonismo en el equipo. A partir de ahí, necesitamos dar un paso más, sobre todo a nivel competitivo para que cuando el primer equipo nos pida jugadores, realmente estén preparados. No debemos ser una opción, sino la realidad de lo que el club quiere y necesita».
Baraja aún no sabe con qué jugadores de la base contará. Unos pueden instalarse en el primer equipo y otros subir desde el Juvenil. Especial cuidado necesitan piezas prometedoras, como los jugadores que esta última temporada siendo cadetes han dado el salto al Juvenil, como los mediocentros Merino y Redondo, y el portero Dueñas. Sin olvidar a Mario Domínguez, que puede ilustrar las dificultades de los ascensos entre categorías. Siendo juvenil debutó esta última temporada con el primer equipo, pero luego no pudo ni asentarse como titular en elPromesas.
«En principio no sabemos con qué jugadores contaremos. Prácticamente hemos acabado ahora la temporada y yo acabo de renovar. Nos sentaremos a hablar qué situaciones individuales hay para analizar, pero destacamos que en general son jugadores que vienen con muy buena inercia, con una progresión fantástica y promocionados todos los años que llevan en el Valladolid. Ahora les queda su penúltimo paso y hay que intentar darlo con la seguridad de que ellos estén preparados, y de que como club tengamos claro que queremos ese perfil de jugador para que en unos años quizá pueda estar en el primer equipo de una manera continua, si tiene potencial».
El entrenador del Promesas siente la confianza que le transmite el club con una renovación por dos temporadas. «El punto que más me llama para seguir aquí, independientemente de mi capacidad formadora y mi intención de ayudar a crecer a los chicos, es la confianza que ha demostrado el club en mi figura. Cuando peor estuvimos este año, sentí ese refuerzo que todo entrenador siempre solicita, y es de agradecer. Eso hace que coja la renovación con más ganas».
El primer equipo del Real Valladolid no cuenta con un técnico del terruño desde que Onésimo tomó sus riendas en 2010 durante algunos partidos. Baraja sueña con ello en un futuro, pero con los pies en la tierra.
«Como vallisoletano siempre tienes esa cosa en la cabeza, pero siendo mi segunda etapa en el Promesas, me centro en que el hecho de haber salido fuera te hace ver y valorar lo que tenemos en casa. Para mí es importante centrarme en que el filial tenga su rendimiento y a partir de ahí, viendo el crecimiento de los chicos el futuro, marcará lo que nos merecemos como técnicos. Ahora me centro exclusivamente en que el Promesas tenga un buen ritmo y un buen nivel de juego, y que los chicos vayan progresando. Es la mayor satisfacción que puede tener un entrenador de un filial».