Adiós con otro pescozón
Los blanquivioleta plantaron cara al exigido equipo andaluz hasta que Amath cometió un penalti estúpido que costó la vigésima derrota al Pucela en el cierre de su patética Liga e impulsó a los indálicos a la promoción

Guilherme permanece sentado sobre el césped tras el remate de Miguel, vallisoletano del Almería, mientras Torres habla con Tomeo.
El partido de Almería fue el perfecto epítome de la temporada para el Real Valladolid, equipo al que no le hacen falta enemigos para caer. Al Pucela no le matan. Se suicida con el arma mortal de su infinita mediocridad, engastada en la empuñadura de su reiterada incomprensión de lo que pide el partido en cada momento. No sabe leer el juego. No lo ve. Le falta más calidad en el cerebro que en las piernas.
El Almería le dio muchas bolas extra después de un comienzo en el que pudo ponerse por delante con dos ocasiones antes de cumplirse el primer minuto, pero las despreció.
Y como los andaluces no marcaban, ya entrada la segunda parte llegó en éstas Amath para situarse en la barrera (excelente elección técnica, un tipo de 1,73) en la falta botada por Embarba. El balón iba a la olla, pero el senegalés saltó (¿?), se dio la vuelta en el aire (¿¿??) y sacó el brazo derecho para ver si llovía, con la mala suerte de que el balón impactó en la extremidad (¡¡¡¿¿¿???!!!).
Penalti y gol de Arribas. 1-0 y a casa. Eso fue el Real Valladolid el domingo. Eso ha sido el Real Valladolid 25-26: el equipo que juega contra dos: el rival y él mismo.
Al menos el cuadro de Escribá fue coherente con lo que ha sido una Liga ridícula en la que sólo la penosa actuación de los equipos aún más hundidos le ha librado del descenso. En su ley de mínimos, perdió los tres últimos partidos ante los tres primeros. Y en Almería, como en Santander, no fue de principio por dejadez, sino por no saber ganar. Eso sí, en cuanto el marcador se pone en contra, se acaba el partido. Las remontadas pucelanas ni cotizan en las casas de apuestas. Es algo como hablar de la tradición marinera de Chequia.
El encuentro entre dos equipos con enorme problemas defensivos fue más vistoso por ese fútbol de ida y vuelta que por su calidad. Fue el típico partido que gusta a un espectador, pero que enerva a un entrenador.
Escribá siguió con su defensa de tres centrales, con Tomeo, Torres yClerc. Michelin y Biuk hicieron de carrileros, con Alani y Ponceau en la sala de máquinas de la medular, Amath más adelantado completando el triángulo; y Carvajal y Latasa en punta. En la portería, Guilherme, que se va.
En el segundo 16, Baptistão ya había tirado a puerta, tras el primero de los múltiples errores de Alani en las entregas. Torres taponó el disparo y el brasileño remató solo de cabeza el córner posterior. A los 45 segundos, el Almería ya disfrutó de dos ocasiones claras de marcar.
Se preveía una matanza, visto el inicio, pero el Pucela se levantó, se sacudió el polvo y se colocó bien la ropa para protagonizar con los de Rubi ese ida y vuelta a causa no sólo de las defensas, sino de los malos sistemas defensivos de ambos equipos, con una medular que en lugar de frontera sirve de autopista.
Arribas cabeceó solo fuera y Latasa respondió poco después, sacando el balón Andrés. El Almería se asustó ante su vulnerabilidad y espabiló. Miguel, Baptistão y Embarba chutaron sin éxito, antes de la ocasión más clara de la primera mitad, que fue pucelana. Ponceau tiró desde fuera de área con potencia (se ha hecho esperar en esta suerte), Andrés rechazó el cuero y Carvajal, que sólo tenía que empujarlo, disparó al cuerpo del meta local. Antes del descanso Arribas remató otras dos veces, Embarba una, y Latasa ejecutó un cabezazo incruento.
El Almería llegó al descanso fuera de la promoción, cuando antes era tercero. Los de arriba ganaban y él no. Había nervios en la grada y aún más en el equipo, que comenzaba a acusar un miedo paralizante.
La segunda mitad siguió bajo un prisma parecido, aunque a un ritmo menor en el toma y daca. Michelin (ha leído bien) tiró fuera, Muñoz peinó un balón que se marchó por poco y Embarba obligó a Guilherme a estar atento, en el típico chut avieso con bote antes de llegar al guardameta.
Después llegó el penalti surrealista. Y el gol. El arquero portugués casi toca el esférico impulsado por Arribas.
Casi todo el que hay visto esta Liga sabía que el resultado ya era inamovible. Escribá introdujo sus cambios con el marcador en contra, como ya es costumbre de la casa. No hubo más noticias ofensivas del Real Valladolid. En el otro bando, Luna, Miguel y Morcillo coquetearon con el gol, sin éxito.
Al final el Almería efectuó 25 disparos, 9 a puerta, 9 fuera y 7 bloqueados El Pucela hizo 8, de ellos 4 entre palos, al tercer equipo que más goles ha encajado, aunque se meta en la promoción como tercero.
Acabó una temporada que ya parecía eterna. El Real Valladolid ha vivido en la nada casi toda la Liga. Evitó el pozo del descenso, pero recrearse en ello como un éxito es el primer síntoma de mediocridad que le puede llevar a seguir el camino del Zaragoza. Si no aprende las lecciones de un año aciago con el listón de exigencia por los suelos, alfombrará su camino hacia Primera. Pero la de RFEF, no la de los buenos.
FICHA TÉCNICA
Almería: Andrés Fernández; Luna (Chirino, min. 87), Ely, Bonini, Muñoz; Lopy, Dzodic; Baptistão (Arnau, min. 80), Arribas (Morcillo, min. 72), Embarba (Melamed, min. 72); y Miguel (Thalys, min. 87).
Real Valladolid: Guilherme; Michelin, Tomeo, Torres, Clerc, Biuk (Brain, min. 81); Ponceau (Alejo, min. 81), Alani (Marto, min. 66); Amath (Meseguer, min. 66); Carvajal (Federico, min.66) y Latasa.
Árbitro: Pérez Hernández.
Tarjetas amarillas: Clerc, Muñoz, Michelin, Tomeo, Arnau y Brain.
Tarjetas rojas: No hubo.
Goles: 1-0: Arribas (p.) (min. 57).
Incidencias: Amería Stadium. 16.648 espectadores.