Diario de Valladolid

El Pucela vuelve a la vida

Primer triunfo en casa de los blanquivioleta en casi cuatro meses gracias al gol de Marcos André / Salen de la zona de descenso a la vez que meten en ella al Huesca 

Marcos André celebra su gol.

Marcos André celebra su gol.LALIGA

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El Real Valladolid tiene pulso. Estaba muerto, ojo, pero Escribá parece empeñado en recuperarlo de ese túnel de luz que dicen que cruzan los que pasan a la vida eterna. El técnico le ha dicho cuatro cosas, quizá con algún insulto entreverado, y se ha dado la media vuelta cuando ya le preparaban las exequias. No recen por el muerto que se marchaba directo a Primera RFEF. Canten el Aleluya por este Lázaro blanquivioleta que se ha levantado y no sólo anda, sino que también corre.

El Pucela está vivo.

El conjunto blanquivioleta por fin ganó en casa. Casi cuatro meses después de su última victoria, por la mínima, tras una primera parte de canto a la nada y con el miedo en el cuerpo hasta el pitido final, tras perdonar un marcador más amplio. Pero ganó. Le traspasa al Huesca el puesto en zona de descenso, se hace con el golaveraje particular y además ve cómo se coloca a tres puntos de la zona media de la tabla. Fue una victoria de mucho más de tres puntos.

Se trata del triunfo de la fe tras un golpe de mesa. El juego no fue excelso ni el equipo está preñado de automatismos que permitan que su fútbol fluya como de una fuente. Pero da síntomas de mejora tras venir no de cero, sino de números rojos. Si esta victoria no es un nuevo trampantojo, como ha ocurrido tantas veces en la temporada, sino la viga maestra de la iglesia de la santa resurrección blanquivioleta, el Pucela estará en el buen camino. Y Escribá será su mesías. De entrada en dos partidos ha logrado los mismos cuatro puntos que Tevenet en siete.

La primera mitad no invitaba a presagiar la resolución positiva del encuentro para los castellanos. El míster pucelano realizó dos cambios respecto a Gijón. El obligado de Martínez por el sancionado Tomeo y el más sorpresivo de Marcos André por Latasa. Ambos le salieron bien, sobre todo el último, pues el brasileño metió el gol del partido.

La primera parte fue una exhibición de querer y no poder por parte local. El equipo tenía el balón pero le quemaba al pasar a campo contrario. Los atacantes estaban estáticos, la medular desapareció y la posesión no servía para casi nada. El Pucela se descorazonaba porque al Huesca le bastaban dos pases para hacer peligro, con una defensa vulnerable. Guilherme, que volvió por sus fueros, tuvo que sacar al inicio un cabezazo a la red de Enol y otro de Ojeda, más asequible de parar, a pase con la testa del mismo Enol. Eso era el Pucela: un equipo que consentía dos toques de cabeza de pase y remate en su área.

Portillo puso de nuevo a prueba al meta portugués, que le paró un tiro desde la frontal, sin oposición para armar la pierna. Por parte local en estos 45 minutos hubo poco. Un cabezazo de Marcos André fácil de blocar y un tiro del brasileño a bocajarro que se marchó fuera, tras centro de Federico y un toque mágico de Ponceau que se la puso para remachar a gol. Seguía la maldición de los delanteros, al tiempo que se reiteraba la pregunta sobre cómo no había jugado más el francés.

Si Almada y Tevenet tienen la respuesta, mejor que se la guarden para no quedar más en evidencia. Por muy especial que sea su estilo de juego, de escasa posesión de balón, futbolistas así no son necesarios, sino imprescindibles.

Llegó el descanso con un potente pero centrado remate de Federico. Antes Torres fue cambiado por lesión. Tras ser empujado se le salió el hombro. No se señaló ni falta. Fuentes Molina no se enteró mucho de lo que pasaba en el campo. Ni en esa acción, antes, ni después.

Había que afrontar la segunda parte con Martínez y Jaouab como centrales, los dos suplentes. Pero no acudió el miedo para envolver al necesitado conjunto castellano. Lo alejó una presión local desde el inicio que no metió al Huesca en la cueva, sino en el subsuelo. Los azulgrana no podían ni sacar la bola ante las cargas del séptimo de caballería de Escribá. No había acabado una, cuando ya comenzaba otra.

Tras un misil inteligente de Canós a velocidad supersónica y trayectoria curva cambiante que sacó Jiménez con el cuerpo, llegó el gol. Marcos André aprovechó un pase atrás de Portillo, con un Huesca grogui incapaz de sacar el balón, para interceptarlo y marcar, pegando el cuero al poste.

El tanto fue taumatúrgico para los locales al marcarlo un delantero centro y soltaron sus amarras con el miedo. Escribá no cometió el error de meter al equipo atrás y siguió jugando igual, aunque garantizando las suficientes vigilancias defensivas.

Federico y Ponceau, éste tras una carrera de costa a costa con el balón de un soberbio Clerc, perdonaron el segundo. El Huesca comenzaba a achuchar y los blanquivioleta buscaban la contra.

Guilherme garantizó la victoria con dos paradones, uno de tiro lejano de Enol y el último en un mano a mano con Escobar, blocando el balón. El Pucela fue capaz de lograr que en los últimos minutos se jugase a poco. Hasta en esto parece madurar, en una Segunda que es territorio más del Vaquilla que de Phileas Fogg. Latasa, Lachuer y Meseguer supieron dar aire al equipo pese a no emplearse con brillantez y el Real Valladolid por fin ganó en casa.

El camino está marcado con miguitas de pan. Ahora toca asfaltarlo.

FICHA TÉCNICA

Real Valladolid: Guilherme; Alejo, Martínez, Torres (Jaouab, min. 41), Clerc; Juric, Ponceau (Meseguer, min. 82); Federico (Michelin, min. 82), Chuki, Canós (Lachuer, min. 73); y Marcos André (Latasa, min. 73).

Huesca: Jiménez; Abad, Carrillo, Pulido, Liberto (Martín, min. 72); Álvarez (Seoane, min. 78), Sielva; Laquintana (Luna, min. 60), Portillo (Escobar, min. 60), Ojeda (Efe, min. 78); y Enol.

Árbitro: Fuentes Molina.

Tarjetas amarillas: Enol, Clerc, Lachuer, Seoane y Sielva.

Tarjetas rojas: No hubo.

Goles: 1-0: Marcos André (min. 52).

Incidencias: 28ª jornada de Liga. Estadio José Zorrilla. 18.367 espectadores.

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