BALONCESTO / PRIMERA FEB

El Real Valladolid Baloncesto, a la deriva, necesita un cambio

Irreconocible e irreconducible, el equipo blanquivioleta encadenó una nueva derrota en casa ante un Estudiantes superior que fue mandando hasta por 26 puntos, que rotó todo su banquillo y que ganó cómo y cuando quiso / El banquillo ya se cuestiona

Vucetic intenta una canasta en la 'pintura' ante el Estudiantes.PHOTOGENIC

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Irreconocible. Irreconducible. Duro pero real. El UEMC Real Valladolid Baloncesto no cayó esta vez por una treintena de puntos pese a que la valoración indicara lo contrario (61-98). Si uno no hubiera visto el partido, caer por 13 puntos ante el Estudiantes, uno de los líderes (73-87), podría, visto lo visto hasta la fecha, dejar contentos a más de uno. Sin embargo el árbol no tapa la montaña. Se mire por donde se mire. El Estudiantes ganó cómo y cuando quiso. Repartió minutos a placer (jugaron los 12 jugadores y 11 de ellos, jugaron entre 15 y 21 minutos. Y el duodécimo, Sola, estuvo en cancha nueve minutos.

Un paseo, otro paseo de un rival del alicaído e irreconducible (al menos con este baloncesto ‘moderno’) UEMC Real Valladolid Baloncesto, que sigue arrastrándose sobre el parquet de un polideportivo Pisuerga que cada día tiene más asientos vacíos y que escapa antes de que termine el sufrimiento. 

El enésimo sufrimiento de un conjunto blanquivioleta sin apenas alma y sobre todo sin un concepto de juego entendible. Porque a sus rivales (y el Estudiantes no fue una excepción) les basta con nadar y guardar la ropa. Al descanso el Real Valladolid perdía por 18 y al inicio del tercer cuarto por 26. De nuevo, lo ajeno al partido, el homenaje a Astilleros y la actuación de un batería, valió más que el baloncesto que promulga un equipo dormido en su incapacidad.

Es difícil de entender qué pasa. Pero cada partido es una verbena para unos, el rival, y un sufrimiento para otros, un Real Valladolid de decisiones inexplicables. Como que juegue cojo Egekeze, el jugador fichado con una lesión congénita. Como que la defensa, inexistente, siga teniendo la calificación de muy deficiente. Como que en ataque cada uno se busque sus propias habas al servicio de la anarquía. Como que Rozitis, en pleno caos, no jugara un solo minuto en... ¿su penúltimo partido? Como que, de la noche a la mañana, Juangar pase de indiscutible a espectador. Pero el silencio o el ocultar las cosas lleva al desgobierno de un equipo que se sigue hundiendo sin remisión. Y mientras en la grada, la gente asiente, se desespera y escapa. 

Lolo Encinas charla con su ayudante.PHOTOGENIC

El Estudiantes, al tran tran (nunca mejor dicho) apenas fue exigido. Porque en el primer acto ya mandaba por 8 puntos con 29 puntos en ataque. Solo era una cuestión de esperar, sin sudar siquiera. Su superioridad era clara y manifiesta. Ni siquiera el regalo de minutos a todo su banquillo le apartó del objetivo de una victoria con el mínimo desgaste.

El despertar del UEMC llegó en el último cuarto en los llamados minutos de la basura cuando todo estaba decidido. Fue el árbol que intentaba tapar la montaña.

Porque el Estudiantes jugó muy fácil con los ‘pequeños’ Jason Granger (sobrado), Francis Alonso (letal) y Devin Schmidt (clasista) mortificando una y otra vez la defensa vallisoletana con puntos y asistencias.

El barco se hunde sin remisión. Lolo Encinas no puede. Esa es la impresión que da. La pelea a la que se agarra el técnico vasco, siempre con buenas palabras, no bastan. Porque la realidad es que su homólogo de banquillo en el Estudiantes, Pedro Rivero, optó por no hacer sangre. Así de claro. 

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El equipo necesita más, necesita algo, necesita un cambio, igual en el banquillo. Porque se derrumba y sigue sin ganar en casa en lo que va de campaña. Porque su baloncesto muestra una fragilidad inaceptable. Duro pero real. La pregunta es obligada. ¿Se plantea el club un cambio u optará por un nuevo refuerzo viendo que hay jugadores que ni están ni se les espera? El toque de corneta de la acción necesita su reacción. Y el calendario que viene (Copa de España), Palencia y Ourense, no invita precisamente al optimismo.