Diario de Valladolid

Resultado traidor

Los blanquivioleta pierden en la recta final tras ejecutar sus mejores minutos de fútbol en la temporada / El VAR obvió un penalti de Salisu y un gol de Guardiola por fueras de juego previos

El delantero blanquivioleta Ünal remata de cabeza ante la mirada del central levantinista Postigo.-PHOTO-DEPORTE

El delantero blanquivioleta Ünal remata de cabeza ante la mirada del central levantinista Postigo.-PHOTO-DEPORTE

Publicado por
Arturo Alvarado
Valladolid

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Si es usted resultadista, hágase un favor y de paso me lo hace a mí: no siga leyendo. La dictadura de los números aparece en los finales de Liga, cuando la clasificación entierra las florituras. En sus albores prima la democracia del juego, del fútbol, del patrón a seguir para intentar esa cuadratura del círculo que es el intento de aunar lo bello con lo eficaz.

El Pucela bordó en Valencia durante muchos minutos lo primero pero falló en lo segundo, contando además con la mala suerte. Sí, la de verdad. Ésa que es tan real como pérfida, y no trampantojo con el que esconder carencias.

Minuto 83. Un centro de Bardhi es tocado de cabeza por Porro. El balón se desvía lo suficiente para despistar a la zaga blanquivioleta y el ataque granota. A Sergio León le cae el cuero como le pudo caer el Euromillón y, con calidad, lo envía de empeine exterior la red.

El Real Valladolid se lanza a la ofensiva para rescatar al menos un punto, tras soñar con tres. Y en una contra Morales se planta ante Masip. El meta saca un balón casi imposible pero no puede con el rechazo. Minuto 92. 2-0.

Si usted es resultadista pero ha seguido leyendo hasta aquí, le invito de nuevo a pasar de página. Si le gusta el fútbol, le podré contar que el conjunto de Sergio completó una primera parte primorosa, casi excelsa. Lo mejor de la temporada, pese a irse al final sin puntos. La primera media hora fue Muham-mad Ali flotando sobre su rival. Como el loco de Louisville, le buscó todos los flancos posibles. El Levante no sabía cómo taparse.

La irrupción de Porro en el lateral derecho y de Waldo en el extremo izquierdo fueron un soplo de aire fresco. Su capacidad de asociación con Guardiola, Ünal, Míchel y Nacho (más que Plano), permitía al balón circular a velocidad diabólica pero con mucho sentido, con constantes apoyos y alternativas de pase.

La diferencia con el mítico campeón de los pesos pesados es que el Pucela no fue capaz de conectar ese golpe demoledor, como hizo ante Betis y Madrid.

En lo que sí imitó a Ali fue en esa guardia baja que invitaba a la contra. Más llegadas supone a menudo que existan más huecos y el Levante sabe como hacer daño desde las bandas cuando se tarda en el repliegue.

Waldo, Guardiola y Ünal fallaron ocasiones de gol que pudieron ir dentro. Luego les llegó el turno de marrar a Mayoral y Roger.

Entre medias, dos acciones que pudieron cambiar el signo del partido. La primera, un penalti claro por embestida de Salisu a Morales, que esperó para provocar la caída. Vamos, lo que se llaman tablas.

El VAR (¡Oh, milagro!) se retrotrajo al inicio de la jugada, en la que Mayoral tocó el balón en fuera de juego. Cordero Vega lo tuvo en cuenta y no señaló penalti. Algo está cambiando. El ghanés, pese a que su acción no fue castigada, seguro que aprende.

La segunda fue un gol anulado a Guardiola. Nacho le proporcionó un gran envío en profundidad y el punta aguantó la salida de Aitor para marcar por abajo. Gran tanto cercenado por fuera de juego.

Tras el descanso prosiguió con el buen fútbol blanquivioleta, si bien la brillantez bajó en enteros a media que Míchel desapareció en tareas de hilvanar ataque, para defender y luego griparse.

San Emeterio surgió entonces con más fuerza para sostener al Real Valladolid. Plano tuvo el gol en dos ocasiones, aunque ayer la mirilla se movió. Waldo repitió disparos, de nuevo sin éxito. Guardiola gozó de la oportunidad más clara, pero el balón le cayó en su pierna mala, la diestra, y Aitor despejó un tiro en boca de gol.

El acercamiento de Ünal se produjo a balón parado. Envió una balón de falta directa muy cerca del larguero. El turco trabaja, se mueve sin balón, se asocia, pero ve el juego ese medio segundo tarde que es suficiente para que lleguen los rivales o se rompa el elemento sorpresa.

Y cuando mejor estaba el Real Valladolid, llegaron los dos sopapos en los instantes finales. La ruleta pudo detenerse en cualquier casilla, pero eligió la levantinista. Una eventualidad que no debe distraer del hecho fundamental: el Pucela jugó mejor que en Sevilla y en Madrid. Perdió, igual que pudo ganar. Lo importante es que va descubriendo las mejores piezas para ejecutar su fútbol y lleva buen camino para ensamblarlas.

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