Diario de Valladolid

51 kilómetros vestido de unicornio

Un peñista cumple la promesa que hizo si el equipo se salvaba / «Fui con un pijama de invierno a 35 grados»

José Ramón Sánchez, con un compañero de aventura.-TWITTER

José Ramón Sánchez, con un compañero de aventura.-TWITTER

Publicado por
A.A. VALLADOLID
Valladolid

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«El equipo jugaba bien, pero no ganaba. Después la cosa se puso complicada y se me ocurrió hacer una promesa. Tenía que ser algo grande. Y me lancé: si el Pucela se salvaba, recorrería un kilómetro por cada punto sumado. Pero vestido de forma especial».

Quien habla es José Ramón Sánchez, miembro de la peña Infierno de Zorrilla y ya conocido como el unicornio del Real Valladolid. «Elegí ese animal porque alguien me dijo que salvarse sería tan raro como un unicornio. Miré en internet y vi uno que además era de los colores del equipo, así que no me lo pensé», desvela.

El problema es que el traje no era precisamente veraniego, sino un pijama de invierno. Y de dudosa calidad, dados los 15 euros de su precio. José Ramón cumplió el domingo su promesa. Y con creces. No completó los 41 kilómetros que corresponderían por la equivalencia en puntos, sino que hizo diez más. «La causa es explicable. Quería salir de un lugar emblemático y se me ocurrió hacerlo desde el castillo de Íscar».

Dicho y hecho, comenzó su recorrido, dividido en etapas. «La primera fue Íscar-Mojados, de 15 kilómetros. Fui corriendo todo el tiempo porque salimos media hora más tarde de lo previsto. Llegamos con media hora de antelación».

El siguiente tramo fue de Mojados a Boecillo. «Eran 18 kilómetros y 10 los hice andando. Fuimos por el pinar, porque ya hacía demasiado calor». En cada posta les esperaban miembros de una peña pucelana. En la de Mojados no falto la cerveza y la de Calero, en Boecillo, les dio de comer. «Nos preparó un bocadillo de un metro». Porque José Ramón fue acompañado de amigos de la peña.

Después, de Boecillo a Laguna -«seis kilómetros andando»- y con el mismo paso, de esta localidad hasta el estadio José Zorrilla, lejos de las carreteras. «La Guardia Civil ni nos vio. Llegamos muertos. Al sol hacía 35 grados y estábamos agotados, pero con la felicidad de haber cumplido la promesa. Eso sí, si el año que viene hay que hacerla de nuevo, mejor que vaya otro», dice este aficionado que trabaja como administrativo en un centro de estudios.

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