El Pucela vuelve a emocionar
Gran remontada al Celta, que acabó borrado, con goles de Plano y Keko / Excelente debut de Guardiola, nuevo referente en ataque
Óscar Plano celebra su gol, con Rubén y Araujo tirados.-PABLO REQUEJO
«Cuando los árbitros no nos j..., ganamos», me espetó un aficionado a la salida del estadio, tan eufórico y convencido de ello, que se apostaría el sueldo de un mes si fuese un parámetro recogido las casas de apuestas.
No llega a tanto el Real Valladolid, porque de lo contrario estaría haciéndose el traje para viajar la próxima temporada en la Champions. Su realidad es la de evitar el descenso, pero ayuda dejar de ser el único equipo del mundo que debe esperar a que el rival saque de centro, para cantar un gol.
Nos contarán que es casualidad, que no había nada punible, o milongas varias, pero las quejas de Sergio, la visita de Clos y la tarjetada del inicio, pancarta incluida, seguramente sirvieron para que el microscopio por una vez no se conectase con el VAR en los dos goles del Pucela. Qué bonito es sentirse como los demás.
2-1. Victoria vital por múltiples causas. Por la imperiosa necesidad, tras sumar una en los últimos once partidos. Por sacudirse la autopresión del equipo Zorrilla, donde no ganaba desde octubre. Por comprobar que es capaz de remontar, lo que no lograba desde el 2-1 de septiembre ante el Levante.
Y, sobre todo, por demostrar que el motor funciona. Por fin se vio al Real Valladolid del inicio de Liga. Ese equipo alegre, rápido, vertical, presionante, contundente atrás y llegador, aunque de escasa relación con el gol.
Hubo que esperar media hora para que los pucelanos reviviesen su época dorada de esta temporada. Aunque es pronto para meter el champán en la nevera. El Celta pone los paréntesis a esta euforia, pues se trata de un equipo en caída libre que suma cinco derrotas consecutivas... y que pudo dejar sentenciado el partido tras el bajón local por encajar el primer gol. De estar delante otro rival, quizá hoy no habría espacio para la épica.
Comenzó el encuentro con un Real Valladolid vivo y móvil, sabedor de que era un partido de siete puntos, incluido el golaveraje. El Celta también se mostraba dinámico. El juego vertical hacia ambas porterías no registró más novedad que una falta botada por Maxi Gómez cerca del palo. Hasta el gol de Pione Sisto. Qué gol.
Olivas saca el balón hacia Míchel, que realiza un control tan malo, que el balón se le va cuatro metros y se transforma en pase a Boufal, en plena área pucelana. El franco-marroquí abre a Sisto, quien descerraja un misil por la escuadra izquierda de Masip. De nuevo a remar en contra en Zorrilla. El día de la marmota.
El tanto noqueó durante cuarto de hora a los castellanos, incapaces de engarzar tres pases seguidos. El medio campo se rompió, con Alcaraz cerca de la defensa y Míchel del ataque, como intentando resarcirse de su error.
El Celta desperdició durante este lapso su oportunidad de matar el partido. Llegaba sin problemas al área rival, pero era incapaz de tirar entre los palos. El ausente Aspas se pone las botas comiendo pescado en el mismo río en que sus compañeros sacan la caña con el anzuelo virgen.
El Real Valladolid se fue quitando la depresión a base de incursiones por las bandas. Cada vez llegaba más y mejor. Primero cabeceó Alcaraz, parando Rubén. Después fue Keko quien, desmarcado, tiró alto. Rubén voló de nuevo para sacar un testarazo de Olivas y rechazar un tiro seco de Keko. Antoñito finalizó la serie antes del descanso con un disparo raso cerca del poste.
La segunda parte deparó ante un Celta tumefacto una versión corregida y aumentada del Pucela, con un descubrimiento: Guardiola. Por fin hay delantero centro. El balear se ofrece, juega de espaldas, administra el balón, juega rápido o lento según se necesite, se lleva los balones aéreos, se desmarca y además temporiza y pasa hacia delante, no hacia atrás. Tuvo el gol, pero rechazó un defensa y Plano, solo, estrelló el balón en el portero.
Por entonces el asedio era total. Calero y Olivas no llegaron en tackling por centímetros a un centro raso de Míchel. Y cuando ya se pensaba en una maldición, se produjo la remontada. Plano remató un centro de Antoñito. La dio mordida pero el balón pasó entre las piernas de Rubén.
El Real Valladolid estaba desatado y llegó su segundo tanto. Un centro de Nacho fue el germen de la pared entre Guardiola y Plano, que abrió a Keko para que fusilase raso y cruzado. No hubo más. El Celta apenas dio señales de vida y el Pucela dejó morir el partido sin perder su control, con un jugador más por la expulsión de Hoedt. Qué bien se vive sin VAR.