... Y Thor volvió a coger su martillo
Tres meses y veinte días después Zorrilla volvió a degustar un triunfo de Thor. El martillo del que tanto presume el valiente y a la vez osado Sergio González volvió a asestar un golpe letal ante un rival directo. Un triunfo que hace olvidar el hecho de que por octava vez el Valladolid comenzó el partido perdiendo para ser clavo y no martillo. Pero la llegada de Guardiola ha supuesto una bocanada de aire fresco para volver a creer en sí mismo y reforzar aún más si cabe los pensamientos osados, sí osados, de Sergio González. Con el peor presupuesto de Primera es capaz no solo de jugar al fútbol, proponiendo y sacando el balón desde atrás, sino que como ayer, por fin y a pesar de esa jugada desgraciada de Míchel en el tramo inicial (el tramo maldito en el que casi siempre encaja el Valladolid entre el pitido inicial y el minuto 15) que metió el miedo en el cuerpo de todos, es capaz de sumar y de ganar. La botella que hasta hace muy poco parecía medio vacía vuelve a verse, como por arte de magia, llena. El bolsillo de Ronaldo, el nuevo propietario, ha tenido la culpa con esos cuatro millones de euros desembolsados por el delantero de 27 años en el que se fijó un día el todopoderoso FCBarcelona antes de echarse atrás por culpa de unas declaraciones suyas en las redes sociales con tinte antibarcelonista en el pasado, para dar coherencia al proyecto, su proyecto. Cuatro millones (más otros dos por Aguado y otros 2,4 por Stiven Plaza) como muestra de que quiere seguir construyendo y reforzando el club. Con Guardiola el Real Valladolid es o cuanto menos parece otra cosa. Así de claro, así de simple. Es capaz de fijar a los defensores rivales, se ofrece, es capaz de desmarcarse, chuta y prueba suerte y lo más importante, hace y hará buenos a sus compañeros, sobre todo los de segunda línea. En poco o más bien en nada se parece a Ünal. El equipo de Sergio González, como siempre lejos del miedo, volvió a ser martillo y no clavo ante un equipo posiblemente mejor de calidad pero huérfano de dirección. Sergio se comió a un Cardoso con las horas contadas que no supo aprovechar la fase de ‘atontamiento’ de su rival cuando encajó el 0-1.