Abonado a los milagros
El Recoletas AtléticoValladolid resucita tras recibir un parcial de 0-5 en el arranque de la segunda mitad para vencer con garra y épica 31-30 alGuadalajara

Viscovich salta para enfilar la portería defendida por Hombrados.-PABLOREQUEJO
En plena Semana Santa elRecoletas AtléticoValladolid representó la Pasión sin salir de Huerta delRey. Ante elQuabit pasó de estar en una cruz tallada por él mismo a la resurrección en cuestión de media hora, la que duró la segunda parte de un partido empapado de épica que los vallisoletanos remontaron con fe, demostrando que su motor está engrasado, al tiempo que ponían un eslabón más a la cadena de malos resultados del equipo de César Montes.
En los primeros compases fue elQuabit el que marcaba el ritmo a seguir. La melodía alcarreña acababa en un solo de JaviGarcía, que desde el pivote desnudaba po momentos a la dupla Nico-Garza. Para suerte atlética, en sus filas se encontraba un joven tenor como HéctorGonzález, que se aclaró la voz para hacer que la batalla de gallos caminara sobre la cuerda de la igualdad cuando el choque pasó por el ecuador del primer acto (10-10).
El Quabit se refugiaba en su trinchera defensiva. ElRecoletas hacía lo mismo; lógica que teje el tener cara a cara a dos alumnos de la Academia Pastor comoCésar Montes yDavid Pisonero. El marcador se movía sin prisa, como un peregrino en el camino hasta que elRecoletas comenzó a funcionar como un reloj suizo, a pesar de que Hombrados se empeñara a base de paradas en colarse en la fiesta de JaviDíaz (que cumplía 500 partidos arropado por los porteros de la cantera atlética) y en estropear la maquinaria pucelana. El 16-14 con el que se llegó al descanso supo a perdón después de ver las balas desperdiciadas ante la meta guadalajareña.
El partido entró en el terreno de la locura tras el paso por los vestuarios. El Recoletas salió dormido y talló su propia cruz. El Quabit endosó, dirigido por un gran Montoya, un parcial de 0-5. El equipo de César Montes cogió una renta que se convertía en una pesada losa que parecía cada vez más difícil de mover con el paso de los minutos. Todo apuntaba a que el BMGuadalajara iba a enjugar sus lágrimas en un pañuelo azul.
Sin embargo, este muerto estaba muy vivo y peleó por escapar de un destino que parecía escrito. Lo hizo abonándose una vez más al milagro. En esta ocasión la garra la servían Roberto Pérez yVíctor Rodríguez.Ambos se aliaron conCésar Pérez para que el partido se quedara en un suspiro contenido a falta de pocos segundos (30-30). Diego Camino sentó a Hombrados desde los siete metros y la desesperada embestida de Parra acabó en el lateral de la portería delRecoletas. Epílogo de un partido que enterró su locura y sus puntos en tierra delRecoeltas.