71 SEMINCI VALLADOLID 2026
Desde Austria a la Seminci de Valladolid con "una carta de amor para todas esas personas que no pueden vivir como quieren"
La película 'Rose', del cineasta Markus Schleinzer, pone sobre la mesa los peligros que encierra vivir con miedo
El cineasta austríaco Markus Schleinzer en la presentación de su película 'Rose' en la Seminci
La poderosa voz de Marisa Growaldt conduce al espectador al mundo de ‘Rose’, la protagonista del tercer largometraje del cineasta austríaco Markus Schleinzer, colaborador habitual de Michael Haneke. Ella es la narradora de las andanzas, aventuras y desventuras de una mujer encarnada con brillo por la impecable Sandra Hüller (premio a la mejor interpretación en Berlín por este trabajo), que en pleno siglo XVII, en un remoto pueblo en el corazón de Europa, se enfrenta a la difícil tarea de intentar sobrevivir en un mundo de hombres. El cineasta explicó en Valladolid que ‘Rose’ es “una carta de amor para todas esas personas que no pueden vivir como quieren porque la sociedad se lo prohíbe”.
La película, con exquisita fotografía a cargo de Gerald Kerkletz, arranca con imágenes de la ruina, de tierra quemada tras la Guerra de los Treinta Años, en un escenario desolador donde la vida intentará abrirse camino una vez más. Rose, la protagonista, regresa a casa, a un hogar que nunca tuvo y que siempre soñó.
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Ella fue una huérfana que, para escapar de la desesperanza, se alistó en el ejército y tras conocer de frente el horror durante diez años, que dejó su huella en su desfigurado rostro, adoptó la personalidad de un compañero soldado caído para reclamar sus tierras, comenzar una nueva vida y crear su propia historia, al precio que fuera preciso pagar.
Como si de una fábula clásica se tratara, y con un profundo aroma a wéstern, la película de Schleinzer pone sobre la mesa los peligros que encierra vivir con miedo. El miedo es el que condiciona las decisiones de la protagonista, pero es también el que impulsa a los lugareños del pueblo donde llega para quedarse, que se ven ‘amenazados’ por la irrupción del forastero, o el de Suzanna, la hija del terrateniente local, que acata su destino como si de mercancía se tratase, cuando él decide entregarla al nuevo convecino.
“La codicia se apodera de uno. No conoce límite”, nos dice la narradora mientras sus personajes se adentran en la oscuridad. Es por ello que el personaje de Hüller sigue adelante sin mirar atrás, caiga quien caiga, guiada por su incontenible anhelo de libertad en un mundo que le tenía reservado otro papel bien diferente al que ella está dispuesta a aceptar.
Inevitablemente, y aunque está ambientada cuatro siglos atrás, ‘Rose’ encuentra un doloroso eco en la actualidad. “Me hubiera encantado poder darle un ‘happy end’, pero no quise hacer eso. Tras una profunda investigación, descubrí que, a lo largo de la historia, siempre se ha juzgado a las muejres fuertes de una forma mucho más severa que a los hombres. Hoy día sigue siendo mucho más difícil en nuestra sociedad ser mujer que ser hombre”, destacó.
En declaraciones recogidas por Ical en Valladolid, el cineasta explicó siempre se ha sentido “fuertemente feminista”, al haber crecido en una familia “sin hombres”, donde estos “eran trans o estaban muertos”. “Con apenas siete años descubrí que había otras formas de familia. Cuando abordamos temas feministas estamos poniendo en cuestión temas como la humanidad y los derechos humanos. Al principio del proyecto, Rose no tenía para mí una identidad clara, sino que representa a todas esas personas que tienen que luchar contra algo para alcanzar la libertad, y me propuse reivindicar a todas estas personas multidimensionales”, señaló.
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Según relató, el proyecto arrancó cuando con motivo de su cumpleaños, una amiga le llamó y le dijo que acababa de leer sobre una persona que sufrió un juicio público exactamente ese mismo día pero 250 años atrás. “Esa historia de una mujer lesbiana o transgénero, en un momento en que no había ningún tipo de conocimiento sobre la homosexualidad, me llegó muy adentro y comencé a investigar, hasta dar con más de 300 casos similares de personas que tuvieron que ponerse los pantalones para poder conseguir algo de libertad, y que en todos los casos fueron juzgados y reprimidos”, sentenció sobre personas que fueron empujadas a “matrimonios de conveniencia, que han sufrido violaciones, y que solo querían tener la oportunidad de sobrevivir, alimentarse o recibir una educación; se dieron cuenta de que solo el hecho de vestirse como hombres les daba la posibilidad de tener más libertad”.
“Con los pantalones era más libre”, resume al final de su historia Hüller, enfrentada al severo y gélido juicio de la comunidad, a quien Schleinzer asimila con la propia cámara, que observa impertérrita la caída, como hiciera de forma inolvidable un siglo atrás otro cineasta que ha marcado como pocos la identidad de la propia Seminci, Carl Theodor Dreyer, para reflejar el dolor que atravesaba a Renée Falconetti en ‘La pasión de Juana de Arco’.
Schleinzer confesó haber escrito el guion con Sandra Hüller en mente, tras haber trabajado durante 17 años como director de casting, y siendo testigo de cómo la actriz desplegaba su talento y desarrollaba todo su potencial. “No puedo imaginarme a otra persona que hubiera interpretado este personaje como ella lo ha hecho”, sentenció antes de señalarla como “una de las mejores actrices del mundo en este momento”, capaz de soportar por sí misma toda la película, y de hacer viajar a su lado al espectador a “múltiples lugares”.