‘La poética del color’ se instala en Valladolid
El artista y galerista Mariano Olcese exhibe en La Maleta su obra más reciente, una abstracción más despojada y trabajada capa a capa fruto de la búsqueda de lo esencial

Mariano Olcese junto a dos de sus obras en La Maleta.
Ocho años después de mostrar su abstracción en La Maleta, con la muestra La caja china, Mariano Olcese (Tetuán, 1951) exhibe en su galería su trabajo más reciente con los óleos sobre lienzo que conforman La poética del color.
Una serie en la que, salvo excepciones como Espacio para un poema –donde construye una delicada estructura con sus líneas rojas y negras–, el artista y galerista de Valladolid se aleja de las composiciones geométricas de antaño –en la anterior propuesta, por ejemplo, lo mismo jugaba a crear una suerte de celosías, con una rítmica sucesión de líneas que irrumpían entre los diferentes volúmenes, que ordenaba el espacio con perfectos bloques cromáticos– para buscar «la esencia» de su universo pictórico.

Pablo Ransa contempla algunos de los óleos de Olcese.
«Es la línea que estoy siguiendo. Últimamente estoy intentando despojarme de cosas accesorias, anecdóticas», explica Olcese a este diario mientras observa un óleo dominado por el azul. Un azul luminoso que baña toda la tela, con sutiles matices, con ligeros degradados trabajados pacientemente por Olcese, que desvía la atención del espectador dirigiendo su mirada a los márgenes, donde ha trazado unas delgadas líneas que rompen con el aspecto monocromo de la obra. En ocasiones, esa ruptura se produce en el eje central de la obra, como en una de las entregas de La poética del verde, en la que una columna oscura parece fragmentarse.
«Es una pintura trabajada capa a capa, con azules, rojos, amarillos o verdes que van apareciendo, asomando en el cuadro», explica el responsable de La poética del color, que permanecerá en el espacio de la calle Norte hasta el próximo 3 de julio.

Algunas obras de la muestra
«No hay premeditación, no hay bocetos previos. Quiero que el protagonismo lo tenga el cuadro, la pintura», explica el artista. En uno de los lienzos, La poética del blanco, esa improvisación a la que se lanza Olcese da como fruto un trabajo vaporoso, sugerente, consiguiendo una atmósfera distinta al aplicar la pintura blanca sobre un fondo previo de rosas y azules, creando una suerte de nebulosa, de veladura con la mezcla.
Hay arrastres de pintura y arañazos; también un afán por imponer un cierto orden entre el ‘irrumpir’ aleatorio de huellas cromáticas en la superficie. Como en La poética del gris: en un lienzo ‘salpicado’ de muescas negras o rosas, Olcese traza en el margen derecho dos líneas paralelas, azul y amarilla, que atraviesan casi la mitad de la tela. Casi limpias; casi dos rectas perfectas que contrastan con una línea curva azul y con otra discontinua.

Algunas obras de la muestra
En ocasiones, Olcese se lanza a plasmar en la tela el azul intenso de una de las casas de la isla de Burano, en Venecia; también a recoger los tonos dorados y rojizos de los campos de trigo y girasol de Tierra de Campos, en un lienzo como Abarca de Campos –el creador abrió allí el pasado verano el Museo de Obra Gráfica–.