Una puerta abierta a las pasiones de Miguel Delibes
La Casa Delibes retrata a un amante del arte que se carteaba e intercambiaba obras con creadores como Álvaro Delgado, Gustavo Torner, Eduardo García Benito o José Vela Zanetti

En el salón, al fondo, paisaje de Gaona y, en primer plano, retrato de Ulbricht
En una de las vitrinas de la recién inaugurada Casa Delibes, escaparate de las pasiones e inquietudes del escritor, descansa un menudo cuaderno que llama la atención entre los cientos de objetos personales del autor reunidos en el nuevo museo vallisoletano.
Una docena de líneas, en la esquina inferior derecha, comienzan a desgranar la historia de la bruja Leopoldina, retratada en el resto de la hoja sobrevolando en una noche estrellada, montada en su escoba, por encima de un puñado de casas. Lleva la firma de ‘Max’. Es un relato escrito por Delibes en 1938, cumplida la mayoría de edad, diez años antes de que se diera a conocer con su primera novela, La sombra del ciprés es alargada, con la que ganó el Premio Nadal, y a cuatro años de que firmara su primer artículo periodístico. Es una ilustración dibujada por Delibes cuando aún no había comenzado a ganarse la vida como caricaturista. La pluma y el lápiz, el narrador y el artista en una sola hoja.
La Casa Delibes ofrece un retrato poliédrico del escritor y periodista a través de su legado, del eco de su pensamiento que se plasma en tinta sobre las paredes del Palacio Licenciado Butrón. El nuevo museo, ya se ha dicho, evoca al «escritor fiel a la lengua viva y a los eternos problemas del ser humano, periodista comprometido con su tiempo, cazador –no está, sin embargo, su única escopeta, de la que ni siquiera conocía la marca como le reconoció a Umbral en una entrevista realizada en 1984– y pescador respetuoso con el medio ambiente, defensor del mundo rural, viajero atento y curioso, deportista y amante del aire libre, firme partidario de la dignidad humana, la justicia social y la solidaridad».
Pero hay más que todo eso. En los rincones de ese domicilio recreado, en su salón, en su despacho y en su dormitorio, se aprecia el amor por el arte de un Delibes que en los años treinta compaginaba sus estudios en la Escuela de Comercio con la formación en modelado y dibujo en la Escuela de Artes y Oficios de Valladolid. Quién puede negar que esa pasión no se plasmaba incluso en los cuadernos de esquemas que usaba como profesor –a finales de los años cuarenta ocupó la Cátedra de Historia de la Escuela de Comercio–, visibles en una vitrina de la casa museo, con sus anotaciones y dibujos sobre el arte griego clásico o sobre el imperio macedonio.
Del célebre retrato que le realizara el pintor de origen cubano John Ulbricht a mediados de los años sesenta, y que adornaba el salón del escritor, a sendos paisajes del vallisoletano y miembro del Grupo Simancas Gabino Gaona y de la germano-estadounidense Angela von Neumann, esposa del primero. Bajo la obra de aquel, junto a varios premios, descansa una escultura del maestro de la abstracción geométrica Gustavo Torner –fallecido recientemente cumplido ya el siglo de vida–, uno de los máximos exponentes de la Escuela de Cuenca junto a Gerardo Rueda y Fernando Zóbel. La pequeña figura de acero inoxidable, con sus vacíos y sus aristas, que recuerda los trabajos que el artista realizó en los ochenta –la serie Los complementarios–, sorprende al visitante pese a sus reducidas dimensiones irrumpiendo en un entorno donde predomina la figuración.
Del salón al despacho, donde se exhibe Señora de rojo, el célebre cuadro que el maestro vallisoletano Eduardo García Benito pintara en 1962, casi 30 años antes de la publicación de Señora de rojo sobre fondo gris. El retrato de Ángeles de Castro colgó siempre detrás del escritorio del novelista, siendo quizás testigo de la amistad que terminaron forjando el novelista y el reconocido ilustrador de revistas como Vogue y Vanity Fair –la Fundación Miguel Delibes conserva su correspondencia, cartas en las que el segundo, por ejemplo, alaba Parábola de Náufrago o reflexiona sobre la ruptura entre la generación anterior y posterior a la guerra–. Lo mismo se podría decir del pintor burgalés José Vela Zanetti, que ilustrara ediciones de Las ratas –se exhibe un original en el despacho de la Casa Delibes– o El camino. ‘A Delibes, con admiración y amistad’, firma el de Milagros en una de las obras que se exhiben en el espacio, realizada en México en los años setenta.
Admiración. Cariño. Sentimientos repetidos en dedicatorias plasmadas en otros cuadros que adornaron el hogar del escritor. ‘A Miguel Delibes con sincera admiración’, plasma el reconocido artista manchego Gregorio Prieto en un grabado realizado con el rostro de Walt Whitman, y que adorna el dormitorio del vallisoletano. ‘Con admiración y afectos profundos’, escribió Pedro Gómez Collado en un retrato de 1958 –luego, a comienzos de los ochenta, ilustraría Mi mundo y el mundo para la editorial Miñón–. ‘A mi buen amigo Max’, reza en una caricatura del escritor realizada en 1941 por Mariano Sánchez Álvarez del Manzano ‘Emech’.
‘A Miguel Delibes muy cordialmente’ aparece en un delicado desnudo femenino de Rafael Zabaleta. Las cartas que se conservan de ambos denotan la admiración y la sintonía entre ambos, y si el vallisoletano le regalaba en alguna ocasión ejemplares de sus libros, el jienense le devolvía la gentileza con un dibujo como el citado. Si regalo era el Walt Whitman también también lo fue un boceto de su retrato –el original se exhibe hoy en las Cortes de Castilla y León– del que fuera miembro de la Escuela de Vallecas Álvaro Delgado. Delibes, contó en cierta ocasión su hija Elisa, no consideró apropiado hacerse con el original invirtiendo una importante cantidad de dinero en su propio homenaje. El dibujo se exhibe en el despacho del escritor.
Todos sus trazos, y los de muchos otros artistas e ilustradores como Carmen Marco, José Gabriel o Miguel Elías, aproximan al espectador a un hombre apasionado por las artes, que colaboró con fotógrafos como Ramón Masats (Viejas historias de Castilla la Vieja), Francisco Ontañón (El libro de la caza menor) y Oriol Maspons (La caza de la perdiz roja)

Una imagen de la entrada a la Casa Delibes, en el Palacio del Licenciado Butrón.
Acceso a la Casa Delibes

Una imagen del Salón de la Casa Delibes, con obras de Von Neumann, Gaona y Ulbricht
El Salón de la Casa Delibes

Una imagen de la creadora de origen germano-estadounidense.
Paisaje de Von Neumann

Un paisaje de Gabino Gaona, en el Salón de la Casa Delibes.
Uno de los referentes del Grupo Simancas

Bajo el retrato de Ulbricht descansa esta pequeña escultura de un referente de la Escuela de Cuenca.
La abstracción de un maestro como Gustavo Torner

Detrás del escritorio, en el Despacho, luce la 'Señora de rojo' de Eduardo García Benito.
Un retrato icónico

En el Despacho luce un original que realizara el artista burgalés para una edición de 'Las ratas'.
Un original de Vela Zanetti

En el Salón luce este boceto con un retrato del escritor; el original luce hoy en las Cortes de Castilla y León.
Un boceto de Álvaro Delgado

En la Casa Delibes hay varias obras de Vela Zanetti, como esta realizada en México.
Detalles de una amistad

Detalle con la dedicatoria del artista burgalés.
Unas palabras de afecto

Una imagen de un cuadro de Zabaleta que se exhibe en un rincón de la Casa Museo.
Un desnudo, regalo de Rafael Zabaleta

Una imagen del grabado que le regaló a Delibes Gregorio Prieto, con el rostro de Walt Whitman.
'A Miguel Delibes, con sincera admiración'

En la imagen, un dibujo de Pedro Gómez Collado.
Un retrato 'con admiración y afecto profundos'

Una caricatura de 'Emech', con quien compartía fatigas en el periódico
De caricaturista a caricaturista

Detalle del cuaderno con la historia y dibujos de la bruja Leopoldina.
Un ejemplo temprano de una pasión.

Un ejemplo del cuaderno de apuntes que utilizaba el Delibes profesor.
El Delibes profesor también dibujaba

Otro ejemplo de sus dibujos 'académicos'.
El Delibes profesor también dibujaba

Una imagen con la bicicleta, la caña de pescar e imágenes de Delibes