Diario de Valladolid

Los vallisoletanos Cosmic Birds lanzan su último disco antes de decir adiós

La banda de David Hernández, Guille Aragón, Fernando Delgado y César Fernández se despide con el lanzamiento de ‘Flying tales and nightmares’

Fernando Delgado, Guille Aragón, David Hernández y César Fernández en una imagen reciente

Fernando Delgado, Guille Aragón, David Hernández y César Fernández en una imagen recienteBEATRIZ BUITRÓN

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Valladolid

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Emprendieron hace casi tres lustros un viaje astral con un primer EP (Secret Garden, 2012) en el que ya aventuraban que los finales van de la mano con los comienzos. Tenían una misión que cumplir, como recuerda estos días David Hernández, uno de los fundadores de la banda: «Atrapar la belleza y el vértigo del Universo en una canción». Y no dejaron de alzar la vista para cantar que la belleza y la vida son efímeras, en Red leaves (The solstice, 2014). Y contaron, en Wasteland, que las estrellas se apagan cuando alguien hace del sacrificio su vocación (Melt in trees, 2016). Y fueron construyendo un universo sonoro envolvente, onírico, sugerente, sin igual, con canciones como las que daban forma a Chronicles of the windwar (2012).

Ahora, tras un largo silencio, Cosmic Birds vuelven como lo hiciera en los noventa el célebre cometa Hyakutake: regresa la banda vallisoletana dejando una estela de nueve canciones, nueve fogonazos de belleza, antes de desvanecerse para siempre privándonos de su luz. La formación de David Hernández (guitarra), Guille Aragón (batería), César Fernández (teclados) y Fernando Delgado (bajo) acaba de publicar Flying tales and nightmares. Es su despedida. Es «el último vuelo de Cosmic Birds». Es el adiós de una banda que triunfó en el Arenal Sound y dejó impreso su nombre en la historia de festivales de la talla del Sonorama Ribera.

Un nuevo trabajo hilado con canciones que hablan de lo que queda cuando alguien falta (Infinite coast), de despedidas (God is in the rain), de días que se vuelven fríos y soles que se hacen menguantes (Homecoming).

Portada del último disco de los Cosmic Birds.

Portada del último disco de los Cosmic Birds.

«Muchas de estas canciones llevan compuestas desde 2016, justo después de lanzar Melt in trees. Luego han ido pasando estos años, ensayándolas, madurándolas. Y se nota», celebra en declaraciones a este diario David Hernández. Se nota porque también ellos han cambiado. «Hemos sabido encontrar el punto de sosiego... Cuando tienes una banda, y todos andan en los veintitantos, quieres que todas las canciones rompan en algún punto, que impresionen. Ahora buscas más las pausas, unos ritmos más tranquilos, más evocadores», reflexiona.

Cuando comenzaron a grabar este Flying tales and nightmares, en el Estudio Eldana de Dueñas –donde han grabado grupos como Celtas Corto o El Naán–, no sabían que estaban escribiendo la coda de Cosmic Birds. «Ha sido después, al escuchar incluso el trabajo con esas canciones que hablan del final de una época, cuando uno se va dando cuenta de que todo estaba ya ahí. Y es hasta bonita esa ingenuidad: yo creo que todo proyecto artístico tiene que partir de ella, tiene que querer aspirar a crear algo muy bello, incluso más de lo que uno mismo pueda ser capaz de conseguir», proclama el músico, que recuerda que en el espacio solo existe el silencio.

Una metáfora que bien puede servir para explicar el final del grupo, que aún desconoce si se darán las condiciones para poder presentar en directo sus nuevas canciones. Los Cosmic Birds, apunta David Hernández, no pueden renunciar a su estilo, a un pop elaborado y preciosista, coral, con el piano asumiendo un protagonismo inusual –Flying tales and nightmares se cierra con las notas de César Fernández apagándose en Ceres lullaby–. «Aunque todos tenemos otros proyectos paralelos, con otros estilos, siempre hemos sabido mantener la esencia. Nuestro trabajo es difícil llevar al directo, donde siempre nos hemos defendido muy bien, porque no hay muchos sitios que quieran asumir todo lo que llevamos, los instrumentos de Guille para hacer efectos... Nos proponen hacer acústicos. O que vayamos solo dos. No tiene sentido: somos una banda». Una banda para el recuerdo.

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