La magia de convertir un velatorio en una fiesta
La Cubana invita a celebrar lo vivido y no llorar la muerte con 'Adiós Arturo', donde un funeral se convierte en motivo de comedia y con la que la compañía regresa a Valladolid 15 años después

Los actores de La Cubana en escena durante la interpretación de la comedia ‘Adiós Arturo’.-E.M.
Arthur Miller aseguraba que el teatro nunca puede desaparecer, porque es el único arte en el que la humanidad se enfrenta a sí misma. Lo que el espectador ve en el escenario es un reflejo -a veces comedido, a veces exagerado- de la sociedad. Un viaje en metro o la cola de una pescadería se convierten en un huerto en el que cultivan guionistas como Jordi Millán, director de La Cubana. La compañía catalana vuelve con ‘Adiós Arturo’ a Valladolid 15 años después para demostrar que si la vida es sueño, también es teatro.
El teatro Calderón se convertirá durante diez días -del 5 al 15 de septiembre- en el velatorio de Arturo Cirera Mompou, un vallisoletano nacido en la calle Platerías; un niño prodigio que se forjó como artista polifacético en París y muy poco amante de los actos sociales. Su última voluntad, que su funeral sea una fiesta en la que se celebre lo vivido y no se llore la muerte; una tarea que recae en manos de La Cubana, los únicos capaces de fabricar risas con lágrimas.
«Adiós Arturo tiene color, pero hace reflexionar también de lo importante que es vivir el día a día. Arturo Cicera quiere que nos alegremos, porque ha vivido como se tiene que vivir», explica el creador de la obra, Jordi Millán, que reflexiona sobre la doble realidad con la que se viste el ser humano: «Si haces un repaso a nuestra trayectoria, todos los espectáculos son distintos, pero hablan del teatro que todos hacemos en nuestra vida cotidiana. El teatro está en todas partes, en el autobús, en el colegio...», una inspiración continua para confeccionar un nuevo éxito del teatro casual.
Para Millán «un funeral tiene mucho de teatro. Es un acto para expresar sentimientos en el que usamos frases hechas del siglo pasado»; una realidad que se encarga de pintar de color La Cubana con su inconfundible estilo: «Todo lo que hacemos es un poco surreal. Tiene todos los ingredientes que ponemos siempre: color, música y participación del público», asegura el director de Adiós Arturo, que para esta ocasión se ha saltado las normas del teatro clásico para pasar del nudo al planteamiento y acabar en el desenlace por donde se mueve un elenco de diez actores -más el loro Ernesto- que interpretan 80 personajes.
La Cubana vuelve a Valladolid 15 años después de hacerlo con Mamá, quiero ser famoso y lo hace con la maleta llena de risas para compartir con el público: «Nos apetece un montó ir a Valladolid. La gente ya no debe saber ni quién es La Cubana», bromea Jordi Millán. El de la compañía teatral no será un paseo exprés, sino una estancia de diez días en el Calderón: «Es una apuesta fuerte porque hace tiempo que no veníamos». Ahora llega para refrescar la memoria al público vallisoletano con «un espectáculo grande, divertido y que engancha».
Valladolid será una parada más en la gira de Adiós Arturo, un espectáculo que lleva desde el 21 de mayo del pasado año en carretera para visitar, por el momento, casi una treintena de ciudades, brindar más de 300 actuaciones y llevar su humor a 200.000 espectadores. La histórica compañía teatral continúa sumando éxitos en una trayectoria en la que marcaron época Cegada de amor -con la que se llegó al millón de espectadores en cinco años- o Cómeme el coco, negro.
La magia de La Cubana parece también tener bajo su manga el truco de la eterna juventud. Han pasado casi 40 años desde que un grupo de actores de teatro aficionados de Sitges recibió la propuesta de llevar una «burrada» -Cubana´s Delikatessen- a recorrer España. «La gamberrada se convirtió, sin darnos cuenta, en nuestro modus vivendi, recuerda Millán, fundador de una compañía que se ha convertido en punto de referencia para la comedia teatral en España.
El secreto para no envejecer descansa sobre una balanza en la que encuentran el equilibrio la lealtad a las raíces con la adaptación a los nuevos tiempos. Siempre sin renunciar a su sello familiar: «Nos hace distintos la forma incorrecta que tenemos de hablar. Es como si hablara tu prima o tu vecina», asegura Millán, que añade: «Para que haya creación tiene que haber locura; hay que dejarse llevar. Un creador es como una esponja que chupa de lo que hay alrededor y así conectas con el público».
El director de una compañía en la que crecieron artistas como José Corbacho, Santi Millán, Juan Ramón Bonet o David Fernández, explica también el trabajo que hay detrás de cada estreno: «Somos más bien artesanos. Nos gustan las cosas bien hechas y cada día corregimos el espectáculo», asegura Millán, que explica también que «todos los espectáculos duran mucho de producción- más de cuatro meses se tardó en cofeccionar Adiós Arturo-», concluye.