«El humor es la vaselina de la vida»
El humorista Moncho Borrajo llega los días 27 y 28 al teatro Zorrilla para presentar su último espectáculo ‘Cosas mías’

Moncho Borrajo.-E.M.
Moncho Borrajo llega al teatro Zorrilla mañana viernes y el sábado para presentar Cosas mías 2, su último espectáculo en el que el humorista tira de su propia biografía para hilvanar un montaje al uso de lo que se ha venido en llamar «políticamente incorrecto» y en el que radiografía con irreverencia la realidad.
Pregunta.–. ¿A qué o contra quién dirigirá los dardos con ‘esas cosas suyas’?
Respuesta.– Cosas mías es un espectáculo más íntimo, más mío, que pretende divertir, con menos política que en otros espectáculos, aunque viendo lo que ocurre todos los días es imposible no hacer referencia a lo que está pasando. ¡Fíjate ya con lo que nos hemos despertado hoy! (por ayer) Sí es que me dan los chistes hechos...Yo creo que Cifuentes robó la cremas para que le entrara bien el máster (risas). Si todo el mundo dimitiera por lo que ha robado, este país tendría que dimitir entero.
P.– ¿Sus espectáculos le sirven como desahogo?
R.– Quizá soy un poco Pepito Grillo, una mosca cojonera que dice en alto lo que pensamos todos. Pienso, luego molesto.
P.– Lleva casi 50 años sobre un escenario ¿Cómo ha evolucionado el humor desde que empezó?
R.– Ha evolucionado pero para mal. Así como en los años ochenta hubo una explosión importante de humoristas, ahora no hay ni programas en televisión para nuevos humoristas. Se ha pasado, además, de un humor ingenioso a dar la vuelta a las cosas. Y el humor tiene que ser ironía, sarcasmo, agilidad mental, doble sentido pero nunca un insulto.
P.– ¿Su humor es un dardo contra el poderoso o una medicina para el débil?
R.– Las dos cosas. Desde que el humor existe, los cómicos siempre se han metido con el poder. Yo tendría que ser el bufón de Felipe VI porque le vendría muy bien oír muchas verdades en clave de humor. Pero también es verdad que el humor es el bálsamo que le queda al humilde y al pobre para poder cambiar el color de las cosas. Yo soy hijo de sastre, y al igual que mi padre daba la vueltas a las chaquetas para que parecieran nuevas, yo intento que aquellos que se sienten impotente ante el poder, por lo menos se rían. El humor es la vaselina de la vida, tendría que ser una asignatura en la escuela. Aprender a reírse de uno mismo para luego aprender a no reírse de ciertas cosas de los demás.
P.– Porque usted siempre se ha mantenido firme sobre aquello de lo que no se pueden hacer chistes. ¿Sigue con esa filosofía?
R.– Sí. Nunca me he reído de cojos, tartamudos, inválidos, subnormales... Tampoco me meto con ninguna religión, pero sí con algún señor que diga alguna barbaridad. Pero hay veces que estamos llegando a unos niveles tremendos. ¿Te puedes creer que me han llegado a llamar homófobo por hacer chistes de mariquitas...? Además, yo siempre digo que no hay que juzgar a nadie, pero que si se hace, hay, que hacerlo de cintura para arriba que es donde está el corazón y el cerebro. También me parece horrible lo ‘políticamente correcto’, esa frase creada por los políticos que viene a decir: ríete de todo menos de mí.
P.– ¿Cree entonces que la corrección política es la censura del siglo XXI?
R.– Totalmente. Porque si atacan y se meten con la política, no trabajan. No se dan cuenta que no hay cosa peor que la autocensura. Cuando tú te autocensuras, es cuando el dictador ya ha conseguido su victoria. Y hemos llegado a un punto en que el humor político, molesta, el humor negro, ofende, el humor sexual, es vulgar. ¡Si ya no podemos decir que trabajamos como un negro o como un chino!
P.– Dice que los políticos no van al teatro porque se apagan las luces y no se les ve, pero me imagino que a sus espectáculos irán todavía mucho menos ¿Se considera un humorista incómodo? ¿El ser tan sincero le ha pasado factura?
R.– Sí, claro. Al principio me enfadaba pero ya lo tengo totalmente asumido. Es un peaje que tienes que pagar pero que, a la larga, dignifica. Pero yo trabajo para el público, no para ellos. Además, en los 47 años de profesión jamás me han denunciado por haber insultado o vilipendiado a alguien. Yo me siento muy respetado, muy querido y eso es lo que vale.
P.– ¿Y por qué cree que en España la crítica premia más el drama que la comedia?
R.– Porque en este país hay una pretensión de intelectualidad falsa. Mientras en otros países se premia a los cómicos, aquí se les olvida, a pesar de que hacer reír es lo más difícil.
P.– Usted que además de humorista es arquitecto... ¿cómo recompondría España?
R.– Al igual que en muchos edificios ponen una bomba para derribarlos y partir de cero, yo haría unas elecciones generales prohibiendo terminantemente que se presentara ningún político actual. Sería la única manera, ya que lo hay actualmente es catastrófico.
P.– Desde la bajada de las pensiones ¿ve menos jubilados en sus espectáculos?
R.– Gracias a Dios siguen acudiendo. Pero me parece una inmoralidad que olviden a una generación que luchó, luchamos, ya que yo tengo 68 años, por lograr todo lo que hemos conseguido. Es insultante que nos llamen idiotas y que no se den cuenta de que la gente mayor es la base de la cultura de un país.