EXPOSICIÓN EN LAS FRANCESAS / ‘Acercando orillas. expectativa y memoria’
Un viaje fotográfico de dos sentidos por el estrecho
La muestra narra la estrecha relación que han mantenido España y Marruecos desde principios del siglo XX

-PABLO REQUEJO (PHOTOGENIC)
Cuando en el año 1912 se llevó a cabo el reparto de Marruecos, a España le correspondió una pequeña zona del territorio africano con Tetuán haciendo las funciones de capital. La ocupación se prolongó hasta 1957, aunque la influencia se mantuvo hasta 1975. Todos estos años de ocupación provocaron fuertes vínculos pero no solo en el terreno militar o político, sino también en el cultural, en el afectivo y el emocional. Esta conjunción que unió ambos destinos es el origen de la exposición Acercando orillas. Expectativa y memoria, que ayer se inauguró en la sala de Las Francesas.
Una exposición organizada en colaboración con la Fundación Ankaria que visibiliza cien años de diálogo entre España y Marruecos, desde el Protectorado hasta la actualidad, a través de una colección de fotografías que evidencia que ambos territorios «no siempre han estado de espaldas, sino mirándose a los ojos y que nos obliga a sentir al Mediterráneo como un nexo de unión, nunca de separación», señaló ayer la concejala de Cultura, Ana Redondo.
Y es que al igual que muchos españoles emigraron a Marruecos a comienzos del siglo pasado, el flujo migratorio ha generado desde los años noventa un proceso inverso al convertirse España en receptor de ciudadanos marroquíes que buscan en el sur de Europa una oportunidad de vida que no encuentran en su lugar de origen.
En este sentido, Acercando orillas, no es solo una selección de trabajos visuales de diferentes épocas, «sino un ámbito para establecer un encuentro entre lugares adyacentes y de prolongadas influencias sostenidas», celebró Sema D’Acosta, comisario de la exposición. Y lo hace desde la perspectiva de doce fotógrafos abriendo un diálogo a dos bandas: por un lado, autores marroquíes y españoles, y por el otro, fotógrafos que desarrollan su trabajo a principios del siglo XX, pero también contemporáneos. Eso sí, todos ponen la mirada en el Marruecos más humano. Sin centrarse en la ocupación militar y sin ahondar en el sesgo colonialista, sino estableciendo un recorrido que tiene como hilo conductor el costumbrismo, la vida cotidiana y, sobre todo, las emociones.
La exposición toma como punto de partida las fotografías de Bartolome Ros, que ocupan el espacio central de la sala. Fotografías realizadas entre 1925 y 1930 en las que capta la vida cotidiana y el ambiente en los cuarteles españoles. En torno a este espacio central, gira el resto de la muestra.
Junto a Ros, la exposición también pone la mirada en otros artistas consagrados como Juan Manuel Castro Prieto -Premio Nacional de Fotografía 2015- o Miguel Trillo y en incipientes autores marroquíes como Yasmine Taterssiti, Omar Mahfoudi o Leila Alaoui, considerada una de las fotógrafas de mayor futuro de su generación, fallecida en 2016 a los 33 años en los atentados de Burkina Faso. Especialista en inmortalizar las costumbres y la vida popular, en la sala cuelgan cuatro retratos que dignifican los oficios y prácticas de las tradiciones tribales, condenadas a desaparecer con el paso del tiempo. Frente a ellos, estableciendo una suerte de diálogo, cuatro fotografías de cuatro jóvenes realizadas por Miguel Trillo (Cádiz, 1953) en el festival L’Boulevard de Casablanca en 2014. Tradición y vanguardia, frente a frente.
Desde la capilla, Atín Aya se asoma con una selección de trabajos inéditos en color en los que muestra el movimiento de la calle. Y en el polo opuesto de la sala, el sevillano Manolo Espaliú visibiliza que el viaje del Estrecho es de dos sentidos recreando una serie de viviendas que los inmigrantes han construido tras regresar a su país después de trabajar en Europa.