Diario de Valladolid
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Redacción de Valladolid
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AYER y hoy tiene lugar el pleno parlamentario que clausura esta novena legislatura, tan distinta a todas las precedentes. Diferente no sólo por el cúmulo de iniciativas que confluyen y se agolpan en su despedida, sino también porque supone el adiós al presidente ejecutivo que más tiempo ha estado al frente del gobierno autonómico, ofreciendo a nuestra Comunidad el legado de servicios más brillante. Echando la vista sobre lo que figura en las listas para que castellanos y leoneses ejerzan su soberano criterio de votar, la única certeza incontestable es que, salga lo que prefieran elegir los electores con su decisión en las urnas, Castilla y León van a salir perdiendo en el ámbito parlamentario. Y no lo digo con nostalgia barata ni como consuelo de mayorón también a punto de descarte, sino porque he podido seguir la gobernación de Herrera y contrastarla con todos sus precedentes: Demetrio Madrid (1983-1986), José Constantino Nalda (1986-1987), José María Aznar (1987-1989), Jesús Posada Moreno (1989-1991) y Juan José Lucas (1991-2001).

Dieciocho años que participan de cinco legislaturas, en las que Herrera ha sabido dirigir la gobernación de nuestra Comunidad con solvencia y con una altura de miras guiada por su bonhomía y regida por la generosidad de elegir siempre como opción prioritaria para avanzar el camino compartido a través de la senda del diálogo. Así que ningún adiós tan adecuado para esta partida como el estribillo sin adornos de la jota castellana que evoca la despedida que dan los labradores: surco arriba, surco abajo y hasta siempre, nuestro Demóstenes. En esa línea de gratitud y privilegio se movieron también los portavoces intervinientes en la última sesión de control durante la tarde de ayer. Un pleno arropado por la concurrencia de jóvenes, que llenaron expectantes todas las tribunas del parlamento.

El socialista Tudanca se mostró honrado por los debates compartidos, y concluyó invitando a Herrera a mirar adelante, para atisbar desde su experiencia la expectativa que aguarda a la Comunidad. «No pienso que cualquier tiempo pasado fue mejor; lo mejor está por llegar», contestó Herrera, después de mostrar su preferencia de castellano viejo por funerales austeros, mejor que pomposos, y antes de reivindicar el diálogo como instrumento esencial de la política: diálogo con otros territorios para encontrar solución a problemas comunes y diálogo con la sociedad, a través de sus representantes, para abordar conjuntamente sus aspiraciones. Después de que Tudanca renunciara esta vez a su turno de réplica, Pablo Fernández, de Podemos, demoró un tiempo el inicio de su intervención para dar curso al estruendoso silencio de los pueblos deshabitados, que califican al presidente que se despide como Herrera el despoblador.

Más cordial estuvo Luis Fuentes, portavoz de Ciudadanos, honrado de «haber aprendido de uno de los mejores parlamentarios que ha dado nuestra tierra». Y concluyó Sarrión, portavoz de Izquierda Unida, desde el respeto personal, pero con radicalidad, dispuesto a buscar siempre la raíz de los asuntos, ofreciendo como balance una panoplia demoledora. En su respuesta, Herrera repasó el repertorio de cuestiones planteadas por Sarrión durante la legislatura, con una mención afectuosa al leonesista Luis Mariano Santos. Concluido este primer turno de intervenciones, el presidente del parlamento tomó la palabra para reconocer el honor del tiempo compartido con Herrera, que respaldaron los procuradores con su aplauso unánime en pie.  

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