Diario de Valladolid

Fibra diamante para prendas que brillan

Rocío tiene tres cabras de Angora en Villarmayor (Salamanca), cuyo pelo de mohair destaca por su suavidad y brillo / «El mohair es el doble de lo más suave que hayas tocado»

Rocío García, junto a sus cabras de Angora, en el terreno donde las cría.-ENRIQUE CARRASCAL

Rocío García, junto a sus cabras de Angora, en el terreno donde las cría.-ENRIQUE CARRASCAL

Publicado por
Alba Camazón

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En algunos puntos de Francia son objeto turístico, con visitas guiadas en las que se explica la importancia de las cabras de Angora. Pero en un pequeño lugar en pleno corazón de Salamanca, tres pequeñas cabras pasean por el campo de Villarmayor, ajenas al revuelo que su raza crea en todo el mundo por la suavidad y brillo de las prendas que se pueden confeccionar con la fibra que se obtiene de su pelo. «Es el doble de lo más suave que hayas tocado», expresa la salmantina y propietaria de estas tres cabras, Rocío García.

Hace tres años, cogió un avión desde Londres para llevar la explotación de su padre, que se jubilaba. Y ahora, ambos trabajan de la mano y con las manos sucias, entre vacas, ovejas, gorrinos y cabras. Ella alardea de tener «la mejor oficina del mundo» y su progenitor ha vuelto a «engancharse».

Rocío buscaba una especie de alto rendimiento, y con un amigo estuvieron buscando cuáles eran los animales ‘de pelo’ más rentables: las cabras de Cachemira y las de Angora. El sector derivado de estas últimas es muy potente en Francia, y decidieron apostar por él. Hablaron con la Asociación Nacional de Francia de Angoras y se trajeron un rebaño «para probar». Y así viajaron desde el país vecino Vivienne y Clarck, que poco después tuvieron una cabrita, Frida.

La cabra de Angora procede de la península de Anatolia, lo que en la actualidad es Ankara (Turquía) y el mohair remonta su mercado al cuarto siglo antes de Cristo, cuyos hilos se utilizaban para la vestimenta de los sultanes y de los miembros más destacados de su corte. Ahora se manufacturan jerseys, mantas o bufandas. «Es como la típica manta de pelito de los domingos, la de la abuela», asegura Rocío, que también afirma que el producto «brilla» cuando está bien hecho. Con la lana se fabrica incluso el pelo de algunas muñecas, «que es muy suave cuando abres la caja».

El pequeño tamaño de la cabra –60-65 centímetros– no debe engañar al ajeno a este animal. Una cabra de Angora adulta puede producir entre cuatro y seis kilos de mohair bruto al año, que se recoge en dos esquilas, una antes del invierno y otra antes del verano. ¿El pelo más valioso? El del cabrito, cuando tiene un año.

Rocío decidió enviar el pelo de mohair a Escocia para que lo lavaran, donde el producto también tiene mucha reputación. Entre risas, la salmantina explica cómo fue el siguiente paso al esquilado: «Tuve que enviarlo envasado al vacío en una caja de cartón para que no perdiera propiedades. Parecían fardos de droga».

Sin embargo, en Escocia no han sido capaces de lavar bien el producto sin perder lana en el proceso. «El pelo tenía mucha grasa y no fueron capaces de quitarla en el lavado», concreta Rocío. Ante esta situación, los escoceses le pidieron permiso para llevar el resto de la lana al suroeste de Inglaterra, a Cornualles. «De momento no sé nada de allí, pero no paro quieta», afirma. La salmantina no se rinde y busca una alternativa ante la posible respuesta negativa de los ingleses, a pesar de que está dispuesta a viajar con su próximo envío de lana para conocer el proceso.

«Estuve buscando una gran industria de textil, y resulta que hay en Béjar. ¡Aquí al lado!», su voz muestra la emoción que siente ante esta aventura. Ella estudió ingeniería agrónoma, pero donde de verdad está aprendiendo es en la explotación ganadera, en el día a día, con la vieja técnica del ‘ensayo y error’, la prueba y el análisis del resultado. «De todo se va aprendiendo», sentencia.

Así que Rocío se puso manos a la obra en búsqueda de quien pudiera o quisiera intentar lavar su lana. Habló incluso con una amiga para ver si alguien sabía hilar el producto para que le enseñara y lo pudiera hacer desde casa. Y dio con una empresa bejarana que se ha mostrado dispuesta a intentarlo con una muestra de lana en septiembre, después del verano. Rocío espera tener una respuesta de Cornualles y Béjar a finales de año, para poder mover ficha. «A una mala, me voy a Cornualles a ver si son capaces de lavarla y me traigo el sisema», anuncia.

Rocío lamenta que la cabra de Angora no esté más popularizada en Castilla y León y en España, porque «se mantiene con nada» y tiene una alta rentabilidad, una vez das con la técnica de lavado perfecta. «Si el hilo es del pecho, puede venderse a 0,78 euros el gramo», detalla poco antes de añadir: «Esta es una cabra que ya has pagado con el primer corte, la inversión de una vaca es mucho más dura». «Una vez fui a Harrods –un histórico gran almacén de lujo de Londres– y vendían un abrigo que era de mohair en un 25% y el resto de la composición era de merino. Costaba unas tres mil libras [3.352 euros]», indica Rocío

Las cabras de Angora no son muy populares en España, algo que esta salmantina no comprende. «Antes había un rebaño grande, pero no hemos conseguido contactar con el propietario. Y sabemos de gente que tiene algún ejemplar traído de Francia, pero no de rebaños completos», explica. «No sé por qué, si en Estados Unidos da trabajo a pueblos enteros y puedes hacer un pueblo productivo», asegura.

Vivienne, Clarck y Frida son «muy buenas» y «muy tranquilas». Su mayor enemigo es la lluvia y la suciedad, porque con el pelo tan largo que tienen se vuelve pegajoso y puede perder calidad. «Estoy mirando el tiempo todo el rato», comenta la salmantina.

Poco sabrá de estas empresas hasta los próximos meses, pero Rocío tiene claro cuál es su objetivo, hacer jerséis. «Es mi ilusión desde que trajimos las cabras. Ya que las cuido, yo quiero un jerséy», comenta de forma jocosa. De momento, esta ganadera se conforma con vender el hilo, o si no vender la lana en bruto. Pero Rocío no se rendirá hasta conseguir sacar provecho de esta fibra diamante, base muchas prendas que brillan y abrigan.

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