PREMIOS CASTILLA Y LEÓN
Mestre aboga por una comunidad de tolerancia con quienes discrepan
El poeta berciano llama a restituir la «dignidad civil» de aquellos «olvidados en las cunetas» y marca como «desafío» reconstruir la sociedad sobre «nuevos cimientos»
Herrera y Mestre durante la entrega del galardón.-ICAL
Músico, ensayista, artista visual, grabador y juglar moderno. La trayectoria de Juan Carlos Mestre le define como un artista polifacético, que nunca ha concebido instalarse en un único género. Sin embargo, desde niño supo que la poesía se convertiría en su manera de estar en el mundo. Y fueron los versos, que ocupan «todas las posibilidades» de su pensamiento desde que tiene uso de razón, quienes ayer le alzaron como Premio de Castilla y León de las Letras.
Las palabras son escudo y lanza para este poeta de Villafranca del Bierzo en su activa defensa de los principios humanistas donde la libertad de expresión y, por consiguiente, la pluraridad de pensamientos tienen un papel protagonista. «No concibo una comunidad de tolerancia sin lugar para los que discrepan, los que al diferir ennoblecen los argumentos», aseveró tras resaltar que no cree en «un arte, una filosofía y una literatura sin ideas».
Si los versos sirvieron a Mestre para salvarse de la oscuridad del franquismo, cuarenta años después avalaron su implicación en la recuperación de la memoria histórica. No pudo obviar en su discurso la mención a maestros de la pluma como Federico García Lorca quien, remarcó, «sigue siendo un detenido desaparecido». Una «ausencia simbólica» con la que elevó un clamor para restituir la «dignidad civil» de cuantos permanecen «olvidados en la cuneta de la patria» esperando este «necesario, irrebatible y aun pendiente gesto».
Dentro de su «patria», como tildó la historia de la poesía, también extendió su admiración a Miguel Hernández, «símbolo y víctima de la violencia ejercida como crimen de Estado por el totalitarismo franquista»; así como a la «luminosa» generación de intelectuales republicanos del 27, «diezmada» por el exilio político. «De esos sueños pendientes de ser soñados llega hasta nosotros el imperativo categórico de la memoria histórica», sentenció.
Para Mestre, las palabras «han sido hechas para construir la casa de la verdad» y enredadas en un libro de poemas ofrecen «una pequeña caja de herramientas al servicio de la conciencia de los soñadores». Sin embargo, el artista berciano es consciente de que no corren buenos tiempos para estos. «Lejos queda la época en la que los poetas eran los legisladores invisibles de un mundo donde el derecho a soñar era aceptado como un principio de civilización del mundo», reveló quien publicó su primer poemario con 25 años.
Anhelante de un mundo de ciudadanos más felices y libres, fijó el «desafío» actual en «reconstruir la sociedad sobre unos nuevos cimientos donde no tuviera cabida la iniquidad de la pobreza ni el sufrimiento». El Premio Castilla y León de las Letras colocó a la poética como una «voz antagonista» de la penuria y de «los que infortunados ni tan siquiera saben que les asiste el derecho a dejar de sufrir», subrayando así la «tragedia» de los refugiados.
Durante su intervención, Mestre rindió un pequeño homenaje a sus orígenes, en los valles del Bierzo, donde se forjaron figuras como Fray Martín Sarmiento, Enrique Gil y Carrasco o Ramón Carnicer.
Las palabras de este poeta berciano sirvieron de agradecimiento colectivo en nombre de los demás premiados, cuyos méritos «sobrepasan» la «capacidad de elogio» de quien fue el encargado de pronunciarlas, tal y como Mestre puntualizó al comienzo de su intervención. «Sin duda ha sido el esfuerzo, la superación y el trabajo lo que define su trayectoria», aseguró para después destacar el «saber jurídico» de Araceli Mangas Martín, la «excepcional aptitud» de Juan Antonio García Lorenzana y Fernando Hernández Casado, la «emprendedora dinámica empresarial» del Grupo Antolín y la «labor bienhechora» de la ONCE.
Dentro de las menciones al resto de galardonados también hubo lugar para el gran ausente de la velada, quien rechazo su premio al no conllevar remuneración económica. Pese a ello, recalcó «el claro don y la discrepante luz de la mirada de Felix Cuadrado Lomas sobre el paisaje y la realidad de su tierra».
Mestre confesó que hoy no piensa de «manera tan diferente» a cuando era un muchacho y la poesía se hizo presente en su vida como un «encargo» que nadie le había hecho.