TOROS
Faenas camperas para el éxito de la tradición
El ganadero Pepe Mayoral hermana y encabestra en su finca de Castronuño los toros de los encierros de Cuéllar de las ganaderías de Lagunajanda, Brazuelas y Yerbabuena
El calor, sofocante, ha acampado en Carmona, la finca de Pepe Mayoral, ganadero, empresario y encerrador, en Castronuño. La relativa cercanía del Duero, que se embalsa a pocos kilómetros, no aporta frescura a unos predios en los que la hierba asoma como si la hubieran metido antes al microondas.
En los cercados de este dominio, santuario de los santacoloma que cría la familia Mayoral desde hace décadas, se hospedan los toros de tres de los cinco encierros que se celebrarán en la segoviana localidad de Cuéllar a finales de agosto. Los más antiguos de España, y los más rigurosos. Por eso, la labor que desarrolla Pepe Mayoral y su grupo de confianza de caballistas es vital para el buen fin del rito cuellarano.
Las reses se hermanan y encabestran en cada cercado, y a diario se les da un paseo hasta los rastrojos extramuros de Carmona para ir creando en ellos una sensación similar a la que van a vivir cuando salgan desde los corrales del río Cega en Cuéllar y lleguen hasta las calles de la villa mudéjar. Una tarea de paciencia y atención. Siempre hay un toro díscolo al que corregir sus ansias independentistas, y aquí no vale la tesis Rajoy. Aquí hay que actuar de inmediato.
El concejal de festejos del Ayuntamiento cuellarano, Luis Senovilla, supervisa las faenas con el ganado: “Creo que la labor de encabestrar es fundamental, y Pepe se dedica a diario a ello, con profesionalidad y por eso nos da la seguridad de un trabajo bien hecho y la esperanza de encierros tranquilos por el campo y que puedan entrar lo más reunidos posible a las calles”.
Los utreros de Brazuelas, novillos que nacen en el término municipal de Alcazarén, se encuentran en un cercado en el inicio de la finca. Cuajados, con mucha romana y seriedad en sus hechuras. También lucen diversidad de pelos, desde un melocotón hasta el negro zaíno, pasando por el colorado. Serán los protagonistas del encierro del martes 29 de agosto.
Al fondo, en un culo de saco de la finca, aparecen los toros de Lagunajanda. Armónicos en su arquitectura zootécnica. Proporcionados, bonitos. Son los cuatreños del encierro del miércoles 30, domecqs gaditanos acostumbrados a la canícula. Eso sí, juntos entre sí, a cien metros de los bueyes. Los mueve Pepe Mayoral y logra que los mansos los envuelvan. Tranquilos, con la cabeza descolgada, auguran un encierro pastueño y tranquilo.
En un pinar, con suave pendiente, rumian su existencia los utreros de Yerbabuena. Suben y bajan, con cierta desidia, mientras los bueyes, berrendos en colorado, se afanan en deglutir la paja con parsimonia.
Los otros dos encierros, de reses de Ave María y Arcadio Albarrán, se encuentran en la finca palentina de La Cigoñera, al cuidado de Pedro Caminero, el otro encerrador que dirige en el campo los encierros de Cuéllar.