Diario de Valladolid

ARTES MARCIALES

Vencer dentro y fuera del ring

Primero quería ganar a su hermano en las disputas de la niñez. Pasada la adolescencia, Yohanna Alonso encontró en el arte marcial tailandés muay thai una vía para derrotar sus miedos. Este año obtuvo el título de subcampeona del mundo y cuando baja del ring es una entregada guardia civil de León que ayuda a niños y mujeres a sentirse menos indefensos

Yohanna Alonso en el ring, en León, vestida con la ropa de entrenamiento del arte marcial muay thai, del que es subcampeona mundial.-J.M.LOSTAU

Yohanna Alonso en el ring, en León, vestida con la ropa de entrenamiento del arte marcial muay thai, del que es subcampeona mundial.-J.M.LOSTAU

Publicado por
Alicia Calvo
Valladolid

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«Estás loca; es peligroso», le espetó a Yohanna Alonso su hermano mayor al contarle que competiría en Tailandia contra luchadoras de todo el mundo en un arte marcial, el muay thai, en el que todo está permitido: puño, codo, rodilla, patada, «y en todas las partes del cuerpo».

‘La Leonesa’, el sobrenombre como luchadora de esta guardia civil, regresó a León con el título de subcampeona del mundo y con ganas de contribuir en dar a conocer un deporte que en el país aún no tiene el reconocimiento que otros y mucho menos en su vertiente femenina.

Cuando era pequeña, su padre le apuntó a gimnasia rítmica y a inglés, pero prefería los puñetazos y las volteretas. Al salir de clase corría a casa para pelear con su hermano. «Siempre ganaba él» y a ella le molestaba tanto que tuvo durante muchos años esa cuenta pendiente. La saldó. Ya apenas nadie vence a Yohanna Alonso. Ni dentro del ring ni, lo que es más difícil, fuera de él, donde las cuerdas son invisibles y mucho más duras.

Lo que saben sus contrincantes deportivos es que se enfrentan a una mujer de 32 años, experta en siete artes marciales, campeona de España en una de ellas (bricpol) y subcampeona del mundo de muay thai. Lo que no saben es que cuando baja del cuadrilátero sigue luchando y no por un título, sino por los demás, y que gran parte de su fuerza interior reside ahí.

Cuenta Yohanna que de esta disciplina aprende precisamente eso, «disciplina», además de «respeto y compañerismo». Unas enseñanzas que traslada cada día de patrulla como miembro de la unidad de Seguridad Ciudadana de la Benemérita.

El «control mental» que le aporta el muay thai le sirve en las situaciones de estrés cuando lleva el uniforme. «Para controlar tus sentimientos en situaciones de estrés hay que trabajarlo y yo tengo más control de mí misma. Sé que hacer, lo que puedo llegar a conseguir, y resolver mejor un conflicto».

Sentada en un tatami del gimnasio leonés Victoria, en el que da clases de defensa personal y policial a niños y mayores, relata cómo vive sin tiempo y escucha «con sensibilidad» a las mujeres maltratadas que acuden al cuartel.

Es esa mano tendida, la encargada del seguimiento de las víctimas de violencia de género que llegan a la Comandancia. Yohanna cree que ocupa este puesto, además de por su formación [posgrado de Psicología especializada en violencia de género] por su empatía. «Lo fundamental es que escucho todo lo que tienen que decir; que en estos casos no es poco».

Reconoce que aunque las soluciones deben ir mucho más allá, sí que recomendó a alguna víctima que aprendiera defensa personal. El resultado ha sido bueno: «Aporta seguridad», indica esta mujer que nació en Gijón, pero dio sus primeros golpes en su ciudad de acogida, León.

Ahí no acaban sus anotaciones profesionales en una agenda en la que a veces reserva hasta seis horas para entrenar y come los tupper que su manager Casilda le prepara, en función de las indicaciones del nutricionista, para equilibrar la salud y, a la vez, no superar los 60 kilos por la categoría en la que compite, que no le permite superar esa marca de la báscula. «Es muy sacrificado y se esfuerza mucho», incide Casilda.

Su protegida proyecta en los demás lo aprendido en su afición deportiva e instruye a sus compañeros de la Guardia Civil en defensa personal policial. Ejerce de monitora de intervención operativa y de armas. Les enseña a emplear «la fuerza mínima imprescindible», a efectuar extracciones seguras de vehículos, reducciones de sospechosos...

Indica que lo principal es contenerse y saber en cada momento cuánta fuerza desplegar según la situación concreta: «No puedo dar una patada y hacerle un KO a un señor. No es mi trabajo. No se trata de pegar a la gente, sino de evitar que se peguen», explica sobre una formación que le gustaría que fuera «más continuada».

Desde el principio, desde bien pequeña, tuvo claro que eso de pegar no tenía por qué ir ligado a la violencia, «ni a la destrucción». De hecho, aprender a defenderse fue una de las motivaciones para iniciarse en el universo de las artes marciales, además de ese particular duelo con su hermano.

«Mi principal oponente era yo misma», afirma sobre una época, la de la adolescencia, en la que no se sentía tan segura como ahora. La hija de una vecina sufrió una violación y a Yohanna le impactó. Desde entonces tenía cierto miedo. «Temía que me hicieran daño. Eso estaba siempre ahí».

En esos años insistió en practicar artes marciales, pero no consiguió que en su casa lo aceptaran hasta que cumplió los 17. Su padre pensaba que lo de pelear era cosa de chicos, hasta que tuvo edad para elegir por sí misma.

Cuando descubrió el muay thai, después de desechar el karate o el judo porque buscaba otro tipo de contacto, supo que este arte marcial tailandés era para ella. «Me pareció lo más completo. Me enamoró. Lo veo como un arte y no me costó dominarlo porque soy como una esponja», describe sobre su relación con la afición a la que se dedica semiprofesionalmente y por la que cada día realiza concesiones. «No tengo tiempo para mí, para mi pareja o mi familia. Pero es lo que me gusta; por eso lo hago», justifica.

Llegar hasta aquí le ha supuesto horas de sueño, de gimnasio y de jornadas a contrarreloj. Algunas yendo, además, contracorriente, pero sabe encajar los golpes.

Esta guardia civil explica que también le resultó difícil que le tomaran en serio, dentro y fuera del cuerpo de la Benemérita, pese a que varios títulos deportivos constatan sus habilidades para las artes marciales. «Aún hay quien no lo hace», lamenta, y clasifica a estas personas en dos grupos.

Sostiene que por un lado están las que juzgan «erróneamente» que los deportes de contacto «son agresivos», y, por otro, «algunos compañeros a los que no les sienta bien que destaque porque al haber menos chicas que chicos en esto es más fácil sobresalir», reconoce.

Sin embargo, ningún ataque de este tipo le tumba. «Claro que molesta, pero no presto atención y hago mío aquello de que no hace daño quien quiere sino quien puede», sostiene.

En su familia encuentra ahora el mayor apoyo. El temor inicial, sobre todo de su padre, se tornó en aplauso. «Antes no lo comprendían, ahora se alegran por mí».

Tanto es así que a principios de este mes Yohanna llamó a su progenitor desde Toledo. «He ganado», le contó después de alzarse con el título de campeona de España, esta vez de bricpol (que tiene dos modalidades, defensa personal y defensa personal policial).

De alegría, su padre lloró, y le pidió permiso para contarlo en el bar. Lo relata orgullosa esta mujer que nunca quiso dedicarse a otra cosa que no fuera ser policía o sus equivalentes, por aquello de «poder ayudar a los demás».

Esa misión que le parecía «superbonita», sólo la ha conseguido en parte. «Me ha decepcionado un poco». Habla sobre la imposibilidad de llegar todo lo lejos que querría. «Empatizas con las personas y te gustaría ayudar más de lo que a veces puedes». Pese a ello, no desandaría los pasos dados. «Me encanta mi trabajo».

Después de prestar el servicio militar, regresó a la Guardia Civil porque su labor, cercana a la gente, le despertaba más interés.

Todavía mantiene esa inquietud inicial y, al menos de momento, pretende continuar compaginando las facetas deportiva y profesional, por mucho que eso signifique exprimir el minutero al máximo.

Aunque afirma que alguna vez ha sopesado la posibilidad de centrarse más en el muay thai, practicar un deporte tan poco reconocido en España «desanima», sobre todo por la dificultad de vivir de él.

Yohanna contrapone su «sacrificio» a otros deportes. «Me gustaría tener más reconocimiento público porque tenemos el mismo mérito que los futbolistas, por ejemplo, o incluso más. A ellos les pagan millonadas por todo, tienen un montón de patrocinadores y se dedican sólo al fútbol».

Nada que ver con lo que supone para lugares como la cuna de este arte marcial. «En Tailandia es una filosofía de vida. Muchas luchadoras se dedican sólo a ello, tienen patrocinadores y no pierden dinero, como yo», cuenta con cierta envidia sobre un lugar en el que surgió hace más de siete siglos para protegerse en tiempos de guerra.

A ese país volverá en marzo para resarcirse y tratar de alzarse esta vez con el primer puesto.

En su perspectiva de futuro más inmediato, además de esta competición, aparece la de formar parte del grupo de Antidisturbios, pero la falta de tiempo para prepararse las pruebas le han impedido intentarlo.

En un par de años, cuando su maestro se jubile, dejará de participar en combates de muay thai por temor a secuelas. «Te dan golpes en la cabeza y todos hemos visto cómo terminan los boxeadores y no quiero que me pase algo así», comenta, antes de aclarar que continuará con otra disciplina donde haya una protección mayor.

Aunque desconoce cómo avanzará su carrera, Yohanna proyecta una imagen que quiere alcanzar. «No me veo con 50 años de patrulla». Se imagina más con un proyecto que aúne una vertiente social y deportiva. «Con un gimnasio que contribuya a que en vez de estar en la calle, los chavales pasen su tiempo entrenando».

«No soy ni masculina, ni agresiva por practicar artes marciales»

Yohanna Alonso está acostumbrada a que haya quien confunde practicar las disciplinas de la que es experta con la violencia. Ella rechaza estas asociaciones de conceptos. «La gente piensa que el deporte de contacto y las artes marciales conllevan agresividad, pero no es así. No soy agresiva por practicar artes marciales, todo lo contrario, controlo mejor mis impulsos, me relajo después de entrenar y tengo mucho respeto por el otro», indica, antes de añadir que, tampoco, es «masculina».

Yohanna denuncia que existen «tabúes y tópicos» alrededor de estas prácticas. «Parece que a las mujeres a las que nos gusta esto somos masculinas o marimachos, y para nada. Me encantan mis vestidos y el tacón». Por eso insiste en que «no tiene nada que ver» la Yohanna que está sobre el ring, con la que trabaja de uniforme o la que sale a la calle con los amigos.

Esta guardia civil insiste que el muay thai incide en «el respeto, el compañerismo y valorar a los compañeros». Cita un ejemplo para explicar hasta qué punto lo aprendido en el gimnasio, se queda en el gimnasio. «Si alguien emplea alguna técnica fuera de aquí de una manera que no debe, abusando de esa fuerza, el maestro Lek –su mentor, Narong Wongsoonthon– lo expulsa», relata.

Esta deportista asegura ser «muy autoexigente» y considera que aún no existe una igualdad total en demasiados ámbitos. «He tenido que demostrar más que un hombre para ganarme el respeto, pero ahora que lo tengo estoy muy contenta».

También emplea la cautela para referirse a la brutalidad policial o al uso indebido de la fuerza por algunos agentes. «No se puede juzgar sin estar ahí. Estuve entrenando en EE.UU. un mes y vi que no todo es como a veces muestran los medios. Allí en la calle no sabes a quién das el alto. Cada caso hay que mirarlo por separado y hay demasiados estereotipos».

Combates y títulos

Experta en siete artes marciales . Yohanna Alonso es experta en wing chun, jeet kune do, eskrima filipino, muay thay, MMA, jiu jitsu y krav maga.

Podio en Toledo . Su título más reciente es el que obtuvo el 5 de noviembre en Toledo. Se convirtió en campeona de España de bricpol, defensa personal policial.

Segundo intento en Tailandia . En marzo regresará a Tailandia para resarcirse en el campeonato mundial por el segundo puesto de este año, que obtuvo en un combate muy igualado. Le frustró perder.

Resultados . Acumula 21 victorias y 10 derrotas en sus 31 combates disputados.

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