Diario de Valladolid

DISCULPE QUE INSISTA El libro de Fernando Rey

«Yo fui un estudiante muy pedante. Y muy de izquierdas»

El consejero de Educación, Fernando Rey, publica «Disculpe que insista», un centenar de artículos escritos desde los 17 años con reflexiones políticas, jurídicas y sociológicas

Juan Vicente Herrera bromea con Fernando Rey y De José Antonio de Santiago-Juárez, ayer, en la presentación del libro del consejero ‘Disculpe que Insista’.-ICAL

Juan Vicente Herrera bromea con Fernando Rey y De José Antonio de Santiago-Juárez, ayer, en la presentación del libro del consejero ‘Disculpe que Insista’.-ICAL

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J. Luis F. del Corral

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«Señores padres, señores alumnos, señores profesores, se acabó la época en la que uno podía ser responsable únicamente ante Dios y ante la Historia: todos somos responsables ante nosotros mismos y ante la sociedad. Estoy seguro de que con una auténtica escuela para todos, los problemas de España serían menos problemas». Era el 3 de octubre de 1980. El joven Fernando Rey publicaba un artículo en la prensa bajo el título «La Escuela de todos». Tenía 17 años y cursaba el desaparecido COU en el IES Pinar de la Rubia de Valladolid. Treinta y seis años después, y siendo consejero de Educación con el gobierno del PP, acaba de publicar ese y otros 98 artículos más bajo el título Disculpe que insista.

En aquel estreno como columnista en forma de carta al director, este «tipo de León y de Valladolid» consideraba ya entonces la educación «un tema vital», acusaba a los gobiernos de países poco desarrollados de secuestrarla y a los desarrollados de «raptar la cultura», lo que explicaba que «cualquier joven conoce más futbolistas que políticos», si bien apuntaba a que ambas profesiones coinciden: «se meten pocos goles y se arman muchas broncas».

Rey defendía entonces que el alumno debería ser más exigente porque «a los estudiantes les paga la formación toda la sociedad».Aseguraba que «muchos profesores» se rigen por dos criterios y un engaño. Los criterios son la competencia y la selección. «La auténtica educación se dirige a todos los alumnos y no sólo a unos cuantos privilegiados que se inician en el lenguaje de sus mayores y mantiene así el ciclo de opresores-oprimidos, señoritos-ignorantes». Al respecto, aquel joven abogaba por una educación que proclamara que la competencia desune y la solidaridad nos iguala». Muy crítico entonces, advirtió de que «el engaño se ha hecho cultura, confundiéndola con la erudicción».

El consejero reconoce que ya no cree en esas conspiraciones para mantener a la gente en la ignorancia, ¡faltaría más! «Como se puede apreciar a simple vista, yo fui un estudiante muy pedante. Y muy de izquierdas», señala en un breve comentario final donde apunta a una cierta autocrítica admitiendo que en algún momento pudo faltar el respeto a la autoridad. No obstante, Rey mantiene dos ideas que ya tenía al salir de la adolescencia: que la escuela es de todos, «inclusiva y diversa» y que el alumno debe formarse «sus propias ideas y convicciones».

Lo que rechaza ahora es que «los empresarios sean los malos» y que «la educación en este país sea clasista o elitista».

Su ideario político y constitucionalista se pone de manifiesto en sus proclamas contra la corrupción y en su rechazo a «los intentos nacionalistas de violentar la igualdad y la solidaridad». Su mentalidad de apoyo a «pensar» por sí mismo, su defensa de Azaña, su europeísmo… Pero también su rechazo a que el poder económico mande sobre el político. «El poder político y económico incrementa el potencial nocivo de una persona estúpida», advierte en uno de sus artículos, para advertir de que «los estúpidos son peligrosos porque las personas razonables encuentran dificultades para imaginar un comportamiento estúpido».

Apasionado de Norberto Bobbio, Rey se muestra como un defensor del diálogo. Subraya que «la capacidad de dialogar y de intercambiar argumentos está en la base de cualquier convivencia democrática pacífica». No obstante, advierte sobre el uso perverso de la palabra: «Dos monólogos no hacen un diálogo. Se puede utilizar la palabra para esconder las propias intenciones más que para manifestarlas o para ganar al adversario más que para convencerlo».

Defiende la política como una necesidad, pero se distancia de formas de gobierno no democráticas porque llevan consigo «políticas de la fe, ya sea una teocracia musulmana, un régimen comunista o uno dictatorial».

El libro editado por Fuente de la Fama&Cuatro y el gato fue ayer presentado en sociedad. Y no faltó casi nadie en la Casa Revilla de Valladolid. En primera fila el presidente de la Junta, Juan Vicente Herrera, junto a los consejeros de Agricultura y Ganadería, Milagros Marcos;de Economía y Hacienda, Pilar del Olmo; de Empleo,Carlos Fernández Carriedo; de Sanidad, Antonio Sáez; de Familia, Alicia García. También la presidenta de las Cortes, Silvia Clemente. El alcalde de Valladolid, Óscar Puente; el presidente de la Diputación vallisoletana, Jesús Julio Carnero, entre otros.

Sus padres están en su mente al publicar el libro. Se lo dedica a su madre, que sigue «inspirando» sus mejores acciones y sueños. «Ojalá pueda yo decir como ella a los 94 años: tengo proyectos». También recuerda a su padre por «la alegría que le produjo» aquel primer artículo. Ya su nieta Sara, de un mes, que «trae bajo el brazo no un pan, sino algo infinitamente mejor: el futuro y la esperanza»

El libro está prologado por José Miguel Vidal Zapatero, jefe de Gabinete de Zapatero y primo del expresidente del Gobierno. El también excompañero de Rey califica al consejero como «un gran cazador de ideas y de metáforas, las que él mismo alumbra a partir de sus propias experiencias».

Rey se definió ayer en la presentación del libro como «un idealista ni iluso». El consejero de Educación busca con esta publicación divertir y provocar al lector con sus obsesiones en ese universo intelectual en el que refleja su pensamiento, sus conceptos del Derecho, las sugerencias de libros y películas, su visión religiosa, sus ideas sobre las costumbres y lo que le han sugerido los viajes, y su concepto de la amistas.

Los artículos desvelan el perfil de un hombre místico a su manera, un profesor que cree en la igualdad y combate el racismo, un lector heterodoxo, un viajero de vocación y un catedrático de derecho crítico con no pocas sentencias.

Para Fernando Rey, el nacimiento de Cristo en Navidad aporta una luz que vence las tinieblas de la condición humana. Su protagonista provoca fascinación dos milenios después «incluso entre los no creyentes». No duda en criticar al Vaticano por su postura «anticomunista» cuando «los escuadrones de la muerte mataron a Monseñor Romero en El Salvador y elogia al arzobispo por sus valores sobre la justicia y la paz.

Más polémica fue su posición sobre la sentencia que ganó la Iglesia al no renovar el contrato a una profesora de Religión porque se había separado y vivía con otro hombre. «Casos como el de la profesora debilitan el apoyo social y político a que exista una asignatura de este tipo», señala Rey, que añade: «La Iglesia ha ganado, pero me parece una victoria pírrica, así que la conviene administrar con prudencia su éxito». En una línea similar se mostró el catedrático de Derecho Constitucional al avalar y apoyar la sentencia que tildaba de proselitismo el mantenimiento de los crucifijos en el Colegio Público Macías Picavea de Valladolid. «Un Estado no confesional es un Estado donde debe procurarse una exquisita neutralidad ideológica de los espacios públicos», señalaba, al tiempo que advertía de que una cruz no es un signo neutral sino confesional.

El también catedrático de Derecho Constitucional evoluciona «sobre su idealismo de juventud» al rememorar al Che Guevara, desde su viaje a Argentina en 1999 a su asistencia a la proyección de la película que protagonizaba Benicio del Toro en 2008. «Me pregunto si hoy se vería bien a una persona que persiguiera nobles ideas pero a través de la violencia», apunta en su artículo titulado Ché.

La ironía y el desenfado llenan algunas de sus columnas. Rey dedicó una a los anuncios de contactos de la prensa. Y no se cortó un pelo para denunciar «cuánto trabajamos los humanos para no parecer humanos». Aún no era consejero cuando recomendó a «una sumisa extrema» que no admitía peleles que «se pasara al sado». O cuando sugirió que una mujer anunciante de 65 años, «todavía en la brega», no se había enterado del Pacto de Toledo sobre el mantenimiento de las pensiones. A pesar de todo, Fernando Rey se muestra muy contundente contra la prostitución. Constata que es un problema «muy complejo», defiende su represión cuando no es «auténticamente voluntaria» y aboga por impedir que se aproveche de ella cualquier persona que no sea la propia mujer.

El «catecismo» ideológico del consejero apunta con contundencia contra el racismo, hace una defensa de los derechos de las mujeres y especialmente de las viudas, las «olvidadas por el pensamiento feminista y por los planes de igualdad». «Han dado y dan a la sociedad muchísimo más de lo que reciben de ella». Por eso, Rey «urge que se elabore una estrategia de igualdad» específica para las viudas. «Por justicia».

El desenfado y la anécdota también tienen su espacio. A Fernando Rey le robaron la cartera en la línea 2 del autobús madrileño. «No es una metáfora, no, es un hecho». El autobús «iba de bote en bote». Resignado tras múltiples preguntas de sus allegados al robo, el hoy consejero tuvo deseos para los «artistas» de su faena: «Espero que mis ladrones se hayan pegado una buena cena a mi cuenta y que les haya dado un entripado sin un almax a mano».

No es el único viaje que relata Rey en su Discúlpeme que insista. El consejero reproduce en el libro el viaje a Italia de Goethe, el Islote cerca de Colombia, Poro Alegre (Brasil), Paraguay, Perú, Atenas, Chiapas –«el paraíso de la corrupción, el despilfarro y las desigualdades sociales»-, Oaxaca, Berlín, Venezuela…, «la otra forma de abrir la mente junto con las lecturas y el disfrute de toda forma de arte».

Nadie le orientó nunca sobre el sentido y temas de las columnas. Este cosmopolita nacido en León en 1963 fue «muy de izquierdas» en su juventud. Su evolución, aún sin final, le llevó al gobierno de Juan Vicente Herrera un 8 de julio de 2015. Como destaca en la solapa del libro, citando a José Bergamín, «podrá suceder que al final de tu pensamiento vuelvas a encontrarte en el principio, pero nunca te encontrarás como al principio». Una enorme experiencia para añadir a un vasto patrimonio cultural.

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