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La iglesia de San Lorenzo recibe los restos mortales de Encarnita Ortega

Más de 500 personas acompañan el traslado de sus restos al templo en una inhumación presidida por Argüello

Los restos mortales de Encarnita Ortega descansan ya en la iglesia de San Lorenzo de Valladolid

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Los restos mortales de la sierva de Dios Encarnita Ortega Pardo han sido trasladados este sábado a la iglesia de San Lorenzo de Valladolid, donde los fieles pueden acudir a rezar y encomendarse a su intercesión. El arzobispo de la Diócesis, Luis Argüello, presidió la Santa Misa y la inhumación, en la que numerosas personas se habían dirigido a la postulación de la causa para solicitar que sus restos descansaran en una iglesia más céntrica de la ciudad.

El arzobispo acogió esta petición y solicitó al Dicasterio para las Causas de los Santos la aprobación del traslado. Este acontecimiento tiene lugar en vísperas de la jornada del 9 de noviembre, fiesta de la Dedicación de la Basílica de Letrán, en la que el papa Francisco invitó a cada diócesis a recordar a sus santos, beatos, venerables y siervos de Dios, según informa Ical.

Además, retomó la idea de la santidad “de la puerta de al lado”: una “fe vivida en las circunstancias cotidianas, en el trabajo, la familia, la amistad y el cuidado de los demás”.

Más de 500 personas presenciaron la homilía del arzobispo, en la que recordó que “los pecadores podemos ser santos”, al explicar que la santidad se apoya en la gracia del bautismo y en la misericordia de Dios. Invitó a cultivar la oración y la confianza en Dios, también en las dificultades. Sobre la amistad, subrayó que implica hacerse cargo de los demás, acompañarlos y sostenerlos: “Tolerar al otro es llevarle a cuestas, es hacerse cargo de su vida, es soportar su situación, sus enfermedades, sus problemas”, apuntó Argüello, quien apuntó a que una entrega “requiere paciencia y perdón” y que, según señaló, “puede alcanzar formas heroicas”.

El trabajo fue el tercer eje de su reflexión. Así, el arzobispo destacó que la caridad vivida en la actividad cotidiana “santifica el trabajo, nos ayuda a santificarnos en la realización del propio trabajo y ayuda a santificar a los demás”. Al referirse a Encarnita, señaló que también en el mundo de la moda es posible santificarse y relacionó esta actividad con la belleza y la dignidad del cuerpo. Concluyó con una invitación a la confianza y a la fidelidad cotidiana: “Cuidemos la fidelidad a las pequeñas cosas, pongamos nuestra confianza en quien todo lo puede, que nos conforta y encontraremos una vía segura en el camino de la santidad”, trasladó.

La iglesia de la patrona de Valladolid ofrece ahora también la posibilidad de rezar junto a los restos mortales de Encarnita. Un lugar de oración personal abierto a todos. El vicario regional del Opus Dei en España, Ignacio Barrera, al culminar la ceremonia, agradeció especialmente al arzobispo y pidió a Encarnita que, “desde el cielo, proteja al papa León, al propio Argüello y a todos los obispos del mundo y que, a todos los fieles, les ayude a lo único importante, que es ir al cielo y a comprometernos a la intercesión de Encarnita”.

Encarnita Ortega nació en Ponte Caldelas (Pontevedra) el 5 de mayo de 1920. En 1941 conoció a san Josemaría Escrivá y descubrió su vocación como numeraria del Opus Dei. En 1946 se trasladó a Roma, donde colaboró en la expansión del Opus Dei. Tras volver a España en 1961, impulsó iniciativas de formación para la mujer y actividades de moda y cultura. Vivió los últimos 30 años en Valladolid y falleció en Pamplona el 1 de diciembre de 1995.

Destacan quienes la conocieron “el valor que daba a la amistad” y “su disposición a atender las necesidades espirituales y materiales de quienes la rodeaban”. Su trayectoria refleja una enseñanza de san Josemaría: “Hay un algo santo, divino, escondido en las situaciones más comunes, que toca a cada uno de vosotros descubrir”.

Ser “sierva de Dios” significa que su causa de beatificación y canonización está oficialmente abierta, pero es solo el primer paso de un proceso largo. La fase diocesana se instruyó en la Archidiócesis de Valladolid: la abrió en 2009 Braulio Rodríguez y la clausuró Ricardo Blázquez, entonces arzobispo. Desde entonces, la documentación reunida —testimonios, escritos y datos biográficos— se estudia en el Dicasterio para las Causas de los Santos, en Roma.

El paso siguiente sería que la Iglesia reconociera que vivió las virtudes cristianas en grado heroico; con ese decreto, el sumo pontífice la declararía venerable. Para la beatificación haría falta, además, la aprobación de un milagro atribuido a su intercesión y, para la canonización, de un segundo milagro posterior. Por eso, Encarnita no ha sido declarada venerable, beata ni santa: hablar de la “santidad de la puerta de al lado” sirve para presentar una fe vivida en lo cotidiano, sin anticipar el juicio de la Iglesia.

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