TRAGEDIA DE URDA

Un vallisoletano en la tragedia ferroviaria de Urda: "Me sentí un trapo de lado a lado del vagón"

Gonzalo del Pozo viajaba en el vagón seis del AVE a Sevilla, el último que quedó en las vías tras chocar contra un Iryo: "Por culpa del golpe no he sido capaz de ayudar como me hubiese gustado"

Imagen del accidente mortal de trenes en Toledo, con un AVE y un Iryo descarrilados; y Gonzalo, que estaba en el AVEELENA IRIBAS | EL MUNDO / E.M.

Publicado por
Valladolid

Creado:

Actualizado:

El viaje de Gonzalo a Sevilla iba a ser uno más en su agenda. Por trabajo esta vez. Le había tocado el vagón seis del AVE, un número que, a priori, poca relevancia tenía en su trayecto. Pero cuando los relojes marcaban las 8.50 horas, aquella aleatoria asignación acabaría siendo determinante. Su coche fue el primero que quedó en la vía sin salir despedido tras el accidente ferroviario de Urda, en el que el tren de Renfe chocó con un Iryo. Gonzalo del Pozo, vecino de Simancas, sufrió varios golpes que le dificultan caminar, pero se considera «un auténtico afortunado» frente a la tragedia que deja, hasta el momento, 68 víctimas mortales.

«Ha sido muy rápido, un estruendo enorme. Me sentí un trapo de lado a lado del vagón hasta que una mesa me frenó», cuenta en declaraciones a este periódico después de ser atendido en un hospital de Madrid. No lo hace por teléfono, aún impactado por la serie de imágenes grabadas en sus retinas, con amasijos de hierros que atrapaban un cuerpo tras otro.

«En primer lugar traté de abrir las puertas entre vagones, pero, al no haber vagón delante y por mi golpe, tuvimos que salir por el otro lado», recuerda. La evacuación tampoco resultó sencilla por las dificultades para utilizar las salidas de emergencia. «Algunas de las ventanas no se abrieron con facilidad o directamente no se abrieron y tuvimos que abrir a la fuerza una de las puertas», relata.

Ya en tierra firme, vislumbra la tragedia. No sólo había descarrilado el convoy previo al que viajaba Gonzalo, sino que el transporte serpenteaba hasta la cabina del conductor, destrozada junto a varios coches traseros en un terraplén. Si miraba al otro lado podía encontrar la respuesta a su inquietud, de forma que un Iryo también permanecía parcialmente fuera de la vía con varias coches totalmente destrozados.

Una palabra resume las primeras imágenes que vio Gonzalo al salir del tren: horror. «Prefiero no recordarlo», reconoce. En medio de la tensión, su primera reacción fue ponerse a salvo ante la incertidumbre de lo que podía ocurrir. «No sabes si va a venir otro tren por detrás y, si no te pones a salvo, no puedes ayudar a nadie», explica. Sin embargo, las lesiones que sufrió le impidieron hacer todo lo que le habría gustado por los demás viajeros. «Por culpa del golpe no he sido capaz de ayudar como me hubiese gustado. Esa va a ser mi mayor cruz de todo esto», lamenta.

Al contrario, el joven vallisoletano destaca la respuesta de aquellos que se acercaron hasta el escenario de la tragedia. «Me ha sorprendido la respuesta por la tranquilidad, saber estar y ayuda en todo momento a todos los afectados de la gente que se encontraba mejor. Han sido momentos de tensión pero la gente ha actuado de manera maravillosa. Siendo los habitantes del pueblo cercano un ejemplo. Así como unos trabajadores del campo que había cerca, que han sido los primeros en ayudar. Un auténtico orgullo», considera.

Pero si Gonzalo no pudo brindar la ayuda que quería, su gran gesto llegó al pensar en los recursos sanitarios que había disponibles tras el accidente. Y es que si por cercanía pudo haberse acercado al Hospital Universitario de Toledo, decidió desplazarse hasta Madrid al considerar que su estado no revestía gravedad. «Vine a Madrid para no saturar las urgencias de Castilla-La Mancha ya que mi dolor no era vital. He sufrido un fuerte golpe en el costado y otro en el pecho pero en principio no hay nada roto. Soy un auténtico afortunado por mi ubicación en el tren y mis secuelas», manifiesta.

Cargando contenidos...

Mientras las noticias del accidente se sucedían y la cifra de víctimas mortales y heridos no dejaba de crecer, la familia de Gonzalo respiraba aliviada al saber que él no estaba entre los afectados de mayor gravedad. Bastó un mensaje de WhatsApp para despejar la incertidumbre inicial: «Hemos tenido un accidente, estoy bien, ha sido grave». Unas palabras que, en medio de la tragedia, sirvieron para tranquilizar a los suyos. Ahora, con la suerte de poder contar lo ocurrido, Gonzalo solo desea que nadie más tenga que pasar por una experiencia así. «Sólo pido que no vuelva a pasar, que nadie más pase por esto», concluye.