Añada 2026
La vendimia más precoz cierra con una añada abundante en Ribera y casi de récord en Rueda
La comarca de los verdejos firma la segunda mayor cosecha de su historia con 145 millones de kilos mientras Ribera supera los 124 millones pese a limitar rendimientos
El calor seco deja una uva de excelente sanidad en toda la Comunidad

Un vendimiador vuelca el cuévano lleno de uva tinta en la Ribera del Duero.
El refranero, tan certero para ordenar los ciclos agrícolas, ha saltado por los aires. La máxima que emplazaba ‘por el Pilar, todos a vendimiar’ ha caducado con el cambio climático y la acumulación de veranos extenuantes. En Castilla y León la cosecha ya está terminada, a falta de los últimos racimos, con un hito de precocidad: ha sido la más temprana de la historia. Por primera vez en los registros de las principales denominaciones de origen, la recolección arrancó de forma generalizada en pleno mes de agosto y a finales de septiembre estaba practicamente concluida.
En volumen, el balance de rendimientos de añada 2026 dibuja un mapa a dos velocidades. Por un lado, las grandes masas vitícolas como Rueda y Ribera del Duero reafirman su músculo con volúmenes geenerosos, mientras el resto se mantiene dentro de la media o registra ligeras bajadas como las comarcas de Arlanza, Toro y León, por el calor desmedido, la sequía o la granizada primaveral de Valdevimbre. Mención aparte merece Cebreros, donde además de todas esas heridas, la cicatriz del fuego supura también a través de sus viñedos con la campaña más escasa que allí recuerdan.
No obstante, todas las zonas coinciden en un rasgo técnico reconfortante: la ausencia de lluvias estivales y la aridez del ambiente cerraron el paso a las plagas, dejando en bodega una materia prima de sanidad impecable y notable equilibrio.
Rueda
Rueda es la gran triunfadora de la añada en número de kilos. La denominación de los verdejos –líder nacional en comercialización de vino blanco– dio el pistoletazo de salida el 12 de agosto (batiendo por sólo un día su marca más madrugadora) y dio por cerrada la campaña en septiembre tras 43 días de trabajo.
La báscula arrojó un total de 144,8 millones de kilos de uva, lo que representa un repunte del 17,5% respecto al ejercicio anterior. La comarca deja atrás así los reveses de la campaña precedente, cuando un brote de mildiu por exceso de humedad y una fuerte granizada en el corazón vitícola de la zona –entre Rueda y La Seca– mermaron de forma notable la cosecha. Con esta cifra, la denominación rubrica la segunda cosecha más abundante de toda su trayectoria, sólo por detrás del récord histórico de más de 150 millones de kilos registrado en 2022.
Santiago Mora, director general de la DORueda, celebra una cosecha «fantástica sanitariamente» y destaca el papel estabilizador de la tecnología en el campo: «Un porcentaje importante de la producción de Rueda cuenta con riego por goteo, lo que permite aliviar y compensar las situaciones de estrés hídrico». Mientras que las viñas de secano acusaron con mayor dureza la aridez del verano con uvas más mermadas y caída de rendimiento, las parcelas con regadío completaron el ciclo en una condición impecable.
Esta calidad sanitaria de la materia prima impulsa, además, la ambición enológica de la zona: según Mora, son más de 30 las bodegas que apuestan por elaborar Grandes Vinos de Rueda, la etiqueta premium del consejo regulador para distinguir elaboraciones más finas y complejas enfocadas a la alta gastronomía.
Ribera del Duero
En Ribera del Duero, la cosecha echó a andar el 18 de agosto, una arrancada inédita. Aun hay bodegas abiertas, a falta de las últimas entradas de uva para cerrar dar por cerrada la campaña. Lo habitual en Ribera del Duero era generalizar la cosecha coincidiencio con la festividad del 12 de octubre. «El refrán ahora será ‘Por el Pilar, todos a terminar’», ironiza Enrique Pascual, presidente del consejo regulador.
A falta de los datos del cierre definitivo, el presidente de la DOsitúa el volumen final entre los 123 y los 124 millones de kilos. Esa cantidad se enmarca dentro de «las grandes» en la comarca, contextualiza Pascual. Y cobra especial significado teniendo en cuenta el ajuste normativo introducido este año, porque el consejo regulador fijó un tope de rendimiento máximo de 6.300 kilogramos por hectárea para las variedades tintas (una rebaja del 10% respecto al límite previo de 7.000 kilos) por las duras condiciones de calor y sequía, mientras que para la variedad blanca albillo mayor se estableció un máximo de 9.500 kilos por hectárea.
El cambio en el calendario no parece algo puntual, sino que habrá que acostumbrarse a unas cosechas más madrugadoras y a renunciar a las vacaciones en agosto. «Hasta al festival Sonorama le vamos a tener que cambiar la fecha», bromea para ilustrar el impacto del cambio climático en el ciclo vegetativo de la vid. «Brotó antes de lo normal y, como no hubo heladas en abril, se anticipó todo el ciclo; desde mayo el calor apretó constantemente», relata Pascual al analizar la evolución climática del viñedo y satisfecho, en todo caso, al comprobar que los primeros mostos fermentados conservan una acidez y un perfil satisfactorios.
Toro
En la DO Toro, la primera uva cortada entró el 14 de agosto, dos meses antes respecto a los calendarios tradicionales de hace cuatro décadas.
Este adelanto cronológico responde a una doble dinámica histórica. Por un lado, a finales de los años ochenta los elaboradores de la zona decidieron anticipar la recogida un mes para evitar la sobremaduración y el excesivo grado alcohólico de su variedad estrella, la tinta de Toro. Por otro, el impacto del cambio climático a lo largo de las últimas dos décadas ha terminado por adelantar el inicio de los trabajos, desplazando la fecha de arranque desde mediados de septiembre hasta pleno agosto.
Con el mosto ya en depósitos, el sector ha podido disfrutar esta semana de la Fiesta de la Vendimia, con Eusebio Sacristán como pregonero y una dificultad como anécdota: no ha sido fácil encontrar uva fresca para engalanar los carros del tradicional festejo.
Pese al recorte del ciclo, el balance de volumen se sitúa dentro de la normalidad. Sus 54 bodegas registraron la entrada de 19,3 millones de kilos, en línea con los 19,7 millones de la campaña precedente, explica Rubén Gil, gerente del consejo regulador de Toro. Aunque la cifra queda ligeramente por debajo de la media de los últimos cinco años (fijada entre 21,5 y 22 millones de kilos), la DO considera que se trata de un rendimiento sólido.
La gran baza de Toro en este ejercicio es la impecable sanidad del fruto. Las características climáticas de la zona y la tipología de sus suelos –ricos en arenas, gravas y piedras– dificultan la aparición de enfermedades fúngicas. Esta barrera natural permite aplicar una viticultura de mínima intervención o ecológica, requiriendo apenas uno o dos tratamientos por campaña, en claro contraste con zonas atlánticas o más húmedas. Además, al haberse completado la recolección antes de las lluvias caídas a principios de octubre, la uva entró en las tolvas totalmente preservada de la botritis.
En el plano técnico, la variabilidad del año ha obligado a los enólogos a desplegar recursos adaptativos. Entre las herramientas habituales destacan el adelanto de la vendimia en parcelas jóvenes para obtener mostos de menor graduación (en torno a 13 grados) con los que equilibrar las partidas más maduras de cepas viejas (que rozan los 15,5 grados), o el uso de correcciones autorizadas mediante ácido tartárico para asegurar la frescura en los vinos finales.
Bierzo
En DO Bierzo, la añada 2026 también marca su récord de precocidad al comenzar el 5 de agosto (diez días antes que en la temporada precedente) y concluir el 2 de octubre.
A pesar del intenso calor estival que aceleró la maduración, la viña esquivó el estrés hídrico gracias a un invierno y una primavera excepcionalmente lluviosos en los que se registraron 1.087 litros por metro cuadrado (frente a una media de 600 a 700 litros), dotando al suelo de unas reservas hídricas fundamentales. Esta abundancia de agua permitió completar el ciclo de la planta sin interrupciones y consolidar una producción total de 10,36 millones de kilos de uva (9,84 millones de ellos certificados con DO), una cantidad casi idéntica a la del ejercicio anterior y dentro del promedio histórico de la comarca.
En el plano cualitativo, las elevadas temperaturas de junio y julio funcionaron como una barrera natural que eliminó la aparición de hongos endémicos como el mildiu o el oídio, garantizando la entrada en bodega de un fruto con una sanidad máxima. La sequía estival redujo el tamaño de las bayas, incrementó su concentración y la planta conservó una excelente acidez y frescura, explica el presidente del consejo regulador, Adelino Pérez.
Es ésta una añada para aplicar la filosofía de trabajo que guía a los amantes del terruño: «Lo que decimos siempre dentro de las bodegas es ‘no estropear lo bien que ha venido la fruta a las bodegas’». Una oportunidad para afianzar la apuesta del Bierzo por elaborar vinos frescos, aromáticos y fluidos, alineados con las tendencias de consumo.
León
En la DO León, la producción cerró en 2.830.000 kilos, un 6% menos que en el ejercicio anterior. Rafael Blanco, presidente de la DO, atribuye la recaída a dos factores concretos: una fuerte granizada registrada el 28 de abril en Valdevimbre –epicentro de un tercio del viñedo amparado– y las sofocantes noches tropicales de julio y agosto. «Tuvimos noches a 24 grados, apenas 8 por debajo de la máxima diurna; la uva se deshidrató y detuvo su engorde tras el envero», relata. La bajada afecta con especial dureza a la cotizada variedad blanca albarín, que se quedó en 438.000 kilos, justo cuando las grandes bodegas nacionales redoblan su búsqueda de viñedos frescos en el noroeste peninsular.
Arlanza
La DO Arlanza adelantó esta vez un mes su vendimia. Esta comarca de elevada altitud inició el corte a primeros de septiembre. Y algunos de sus pagos, de hasta 1.100 metros de altitud en Covarrubias, acusaron la falta de precipitaciones estivales.
Elisa Fernández Barbadillo, gerente del consejo regulador, apela al ideario clásico del viticultor para explicar el resultado final de los casi 800.000 kilos recolectados: «Para que la viña dé un fruto de calidad excepcional, tiene que sufrir». Y detalla el esfuerzo adicional en la selección parcela a parcela ante la falta de homogeneidad en la maduración: «La maduración alcohólica iba muy alta pero la fenólica no, así que hubo que esperar e ir elaborando por tramos», argumenta.
A falta de cerrar la cosecha con datos definitivos,la producción esperada supondrá una ligera bajada en comparación con el año anterior pero dentro de las medias habituales de la zona.
Sierra de Salamanca
En la también elevada denominación Sierra de Salamanca, la campaña concluyó el 25 de septiembre tras comezar el 12 de agosto. Su director técnico, Mikel Udina, aclara que el adelanto no obedeció a un calor sofocante, sino a un arranque precoz de la brotación, adelantada más de 20 días. Protegida por los macizos de Béjar, la Sierra de Francia y las Quilamas, la comarca disfruta de un microclima que atempera los picos térmicos. Además, las lluvias invernales superaron los 1.500 litros, garantizando notables reservas que evitaron el estrés estival. Un oportuno paréntesis a finales de agosto (con 80 litros de lluvia en cuatro días) permitió que la baya engordara en las parcelas tardías y elevó la cosecha final hasta los 242.000 kilos, recuperando la media histórica tras el corto ejercicio anterior.
El balance de la comarca refleja el carácter heroico de su viticultura. Para recolectar esos kilos se contabilizaron 293 registros de entrada en bodega, evidencia de un minifundismo extremo. Más de la mitad del viñedo amparado supera los 80 años de antigüedad, dispuesto en empinados bancales de piedra donde resulta imposible introducir maquinaria, obligando a una vendimia totalmente manual. En este paisaje artesanal se consolida el auge de la rufete blanca, variedad autóctona de ciclo largo que alcanzó los 26.000 kilos (más del 10% de la producción total). Históricamente entremezclada en el campo para aportar acidez y estructura, esta cepa se erige hoy como la baza idónea de la zona para combatir el calentamiento global.