Valladolid rebajará la tasa de basuras a quienes ‘fichen’ de forma voluntaria al reciclar orgánico
En la capital se instalarán lectores en los contenedores marrones con el objetivo de bonificar a quienes se identifiquen, aunque la boca seguirá abierta

Contenedor de residuos orgánicos de Valladolid.
La utilización de tarjetas personalizadas para depositar la basura en el contenedor marrón no sólo se implantará próximamente en cinco municipios del alfoz de Valladolid, sino que también en la capital se estrenará una versión de este sistema basado en la lectura de un identificativo para arrojar los desperdicios orgánicos –aquellos procedentes, sobre todo, de los restos de alimentos–, con el objetivo de gratificar a quienes reciclen.
Aunque en Laguna de Duero, Viana de Cega, Boecillo, Santovenia y Cabezón de Pisuerga los vecinos van a tener que utilizar la tarjeta –o un QR en el móvil– para desbloquear la tapadera y poder levantarla cuando quieran tirar los residuos de esta fracción, en el caso de la ciudad, el Ayuntamiento ha optado por otra fórmula que no implica el sellado de la tapa. Aquí permanecerá siempre abierta, como hasta ahora, y el uso de la credencial será «voluntaria».
Los contenedores de orgánico, recordó el concejal de Medio Ambiente de Valladolid, Alejandro García Pellitero, han ido evolucionando en la ciudad hasta llegar al modelo implantado en la actualidad, con 'bocas limitadoras' que han ido reduciendo su tamaño para facilitar el depósito de pequeñas bolsas sin que quepan residuos de mayor volumen. Ahora el Consistorio va un paso más allá y estrenará un sistema de registro de actividad con el objetivo de ‘premiar’ a quienes se impliquen con el reciclaje de los biorresiduos.
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Así, «las personas que se molesten en separar porque están concienciadas de su importancia», tendrán una recompensa en forma de rebaja en la tasa de basuras. «El fin es bonificar a quienes estén concienciados y colaboren, no sólo en los hogares, sino también en hostelería», subrayó el edil sobre el proyecto en ciernes que, insistió, tendrá «carácter voluntario» y que prevén inaugurar a finales de año.
La puesta en marcha de las denominadas cerraduras inteligentes se llevará a cabo gracias a una subvención europea concedida a la Mancomunidad de Interés General ‘Valladolid y Alfoz’ para favorecer la separación de biorresiduos en origen, pero no se ejecutará de la misma forma en la capital que en los cinco municipios de la MIG porque la fracción orgánica se ha implementado a velocidades diferentes.
Mientras las calles de la ciudad llevan años salpicadas de contenedores marrones – «aquí llevamos veinte años reciclando los residuos orgánicos», recordó Pellitero–, en las cinco localidades del cinturón metropolitano la fracción marrón todavía no existe y todos los biorresiduos se tiran por el momento en los depósitos de ‘resto’. Es ahora cuando Laguna, Viana, Boecillo, Santovenia y Cabezón de Pisuerga van a contar con fracciones diferenciadas para ‘resto’ y para ‘orgánico’ y han optado por comprar contenedores para desperdicios vegetales y de comida cuya tapa sólo se desbloquea al pasar el identificador por una pantalla de lectura, según explicaron en su momento los alcaldes de estas localidades.
Los vecinos de Valladolid capital, sin embargo, también tendrán identificadores pero en este caso las tapas no estarán bloqueadas, sino que se seguirán utilizando como hasta ahora pero, quienes quieran, podrán ‘fichar’ de forma voluntaria para que sus datos queden registrados y puedan aplicarse deducciones en la tasa de basuras en el futuro, cuando las apruebe el Ayuntamiento de Valladolid.
«Creemos que si cerramos los contenedores perderíamos eficacia», sostuvo el concejal de Medio Ambiente de la capital, Alejandro García Pellitero, para argumentar por qué aquí se ha decidido que la boca permanezca abierta. «Cerrarlo todo tendría un impacto muy grande y podría pasar lo contrario, por eso creemos que lo mejor es dejar la tapa como está», añadió el edil, convencido de que la propuesta de identificación voluntaria contribuirá a fomentar el reciclaje en casa.
«Hay muchas ciudades de Europa con sistemas de identificación. Por ejemplo en Bélgica hay bolsas de basura ‘oficiales’ que se adquieren en sitios autorizados y a través de las cuales se paga la tasa de basura», expuso Pellitero antes de señalar que el sistema elegido en Valladolid «es más cómodo para los ciudadanos».
«El objetivo es mejorar la calidad de los residuos orgánicos y este método vemos que funciona», insistió Pellitero sobre la importancia de clasificar en los hogares (y negocios) porque el coste de retirada difiere según la fracción. «La recogida del contenedor gris (el ‘resto’) cuesta el triple que el contenedor de orgánico, así que todas las mejoras que consigamos nos servirá para reducir costes y eso nos ayudará a rebajar la tasa de basuras».
En total se colocarán lectores de identificación en los aproximadamente 2.100 contenedores marrones que hay repartidos por la capital vallisoletana, calculó Pellitero, pero todavía no se ha estudiado con exactitud cómo se llevará a cabo el plan de instalación. La idea es que los sistemas de identificación electrónica –que ya están en manos del Ayuntamiento–, se vayan acoplando de forma paulatina a los contenedores en la nave de lavado cuando les toque ciclo de lavado, y en los soterrados se montarán ‘in situ’.
Eso sí, habrá que esperar a finales de año para que empiece a funcionar este sistema de fichaje voluntario, que irá acompañado de campañas de concienciación ciudadana.
Una vez estén instaladas las pantallas en los depósitos de la capital vallisoletana y se hayan distribuido los nuevos contenedores de orgánico en las calles de los cinco municipios del alfoz –por el momento sólo se ha colocado uno de prueba en cada localidad para que los vecinos se vayan familiarizando–, arrancará un nuevo sistema de recogida, con rutas propias en esos pueblos. Esto implica su ‘independencia’ de la ciudad y que Valladolid se limitará a los recorridos propios, sin traspasar las ‘fronteras’ de su término municipal.