Hallazgo espacial con sello vallisoletano

La profesora de la UVa Elena R. Alonso es coautora del descubrimiento de la primera molécula de azúcar detectada en el espacio interestelar

Elena R. Alonso profesora coautora de la investigación del Centro de AstrobiologíaPhotogenic

Valladolid

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El descubrimiento de una molécula de azúcar que se ha detectado en el espacio interestelar, en concreto en una región cercana al centro de la Vía Láctea, ha sido clave que se abran nuevas líneas de investigación dentro de la astrobiología y ha reforzado la búsqueda de otras moléculas que pudieron tener un papel clave en el origen de la vida.

Esta investigación, cuyos resultados se han recogido en la revista Nature Astronomy, ha sido fruto de un trabajo internacional. Ha estado liderada por Izaskun Jiménez-Sierra, miembro del Centro de Astrobiología; por el centro mixto del CSIC y por el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial, en el que participa la profesora titular Elena R. Alonso, que también es integrante del Grupo de Espectroscopia Molecular. Alonso forma parte del Departamento de Química Física y Química Inorgánica de la UVa y declara que «ha sido un privilegio formar parte de un trabajo multidisciplinar e internacional que ha culminado con la detección del primer azúcar de cuatro átomos de carbono en el medio interestelar».

Imagen del centro galáctico obtenida a partir de las observaciones realizadas con distintos telescopiosAshley Barnes, Izaskun Jiménez-Serra, Juan García de la Concepción. Cedida por la UVa

El hallazgo de esta molécula se produjo cerca del centro de la Vía Láctea y, tal y como recoge la nota de prensa de la UVa, «respalda la hipótesis de que los azúcares pudieron alcanzar la Tierra primitiva hace aproximadamente 4.000 millones de años transportados desde el espacio». Una vez allí, podrían haber contribuido en la creación de los primeros ácidos nucleicos y, por lo tanto, jugado un papel importante en el origen de las primeras formas de vida. «Este descubrimiento demuestra que el medio interestelar es capaz de formar este tipo de moléculas, que son mucho más complejas y tienen un papel fundamental en la química de la vida», declara Elena.

La molécula encontrada es eritrulosa, que de forma natural se puede encontrar en algunos frutos rojos. Alonso fue la que contribuyó en su caracterización espectroscópica, que es un paso clave en la identificación del compuesto en las observaciones astronómicas, «sin conocer con precisión su huella espectral, habría sido imposible reconocerla mediante observaciones con radiotelescopios», comparte. Fue detectada en una nube molecular y demuestra es que los azúcares pueden formarse de forma natural en el espacio interestelar.

Los azúcares son indispensables para la vida, puesto que forman parte de la estructura del ADN y del ARN y contribuyen en procesos metabólicos esenciales. A pesar de que su origen sea uno de los grandes interrogantes dentro de la química prebiótica, su presencia debió de ser clave en lo que constituye las primeras etapas de la evolución de la vida dentro de la Tierra.

Elena R. Alonso profesora coautora de la investigación del Centro de AstrobiologíaPhotogenic

«El estudio aporta evidencias, además, de que la eritrulosa puede originarse en los hielos interestelares a partir de alcoholes y aldehídos, compuestos orgánicos sencillos con solo dos átomos de carbono», explica la nota de prensa.

Con la cantidad que descubrieron en la nube molecular, los investigadores pudieron estimar que «entre 0,5 y 50 millones de toneladas de este azúcar pudieron llegar a la superficie terrestre durante el Bombardeo Intenso Tardío». Este periodo se caracteriza por los meteoritos y los cometas que impactaron sobre la superficie terrestre entre hace 4.100 y 3.800 millones de años.

La estimación que realizaron los investigadores refuerza la hipótesis de que los azúcares que se formaron en el espacio interestelar «pudieron enriquecer el inventario de azúcares disponible en la Tierra primitiva y contribuir a los primeros procesos metabólicos y de replicación relacionados con el origen de la vida», destaca la nota. A raíz de este descubrimiento la astrobiología puede plantearse detectar otros azúcares más complejos como ocurre con la ribosa, que es clave en el ARN, u otras moléculas prebióticas que podrían haber jugado un papel importante en el origen de la vida.

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Ha llevado varios años y Alonso cree que para la UVa es una buena noticia puesto que «pone de relieve la investigación que se desarrolla en la institución».