Diario de Valladolid

Valladolid lucha contra las palomas con 14 jaulas, la última en el Lope de Vega

El Ayuntamiento instala una ‘trampa’ tras la alerta por la suciedad y el riesgo sanitario que están provocando en el teatro en obras

Jaula en la azotea de la Electra para capturar las palomas que están causando daños en el Lope de Vega.

Jaula en la azotea de la Electra para capturar las palomas que están causando daños en el Lope de Vega.AYTO VALLADOLID

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Una vivienda vacía, un bloque abandonado o el balcón de un piso deshabitado son los refugios ‘okupas’ más habituales de las palomas en las ciudades, pero cualquier oquedad les sirve para adentrarse en un inmueble y anidar, sin importar el valor patrimonial del bien donde establecen su hogar. Prueba de ello es que en Valladolid se han 'colado' recientemente en el Lope de Vega mientras se están llevando a cabo las obras de restauración, y el Ayuntamiento ha tenido que instalar un sistema de captura para eliminar el foco. Sólo el miércoles apresaron 55 ejemplares. Y en días anteriores, en torno a la treintena, lo que pone de relieve la magnitud del problema.

Los daños que las aves estaban causando en el teatro, en forma de suciedad y de riesgo sanitario por los excrementos, han obligado al servicio de Salud Pública a intervenir, indicó el director del área, Dionisio Villagrá, antes de explicar que, ante el aviso del departamento de Planeamiento Urbanístico, decidieron colocar en una zona próxima una jaula como las que se utilizan de forma permanente en otros puntos de la ciudad para atraparlas.

Se trata de trampas de grandes dimensiones –de aproximadamente un metro y medio de largo y 90 centímetros de alto–, de malla metálica galvanizada y un sistema de compuertas que permite a las palomas entrar, pero no salir. Para reclamar su atención y facilitar que se metan en la jaula, se deja un ejemplar dentro y se deposita comida y agua, hasta que, pasados unos días, se retira y se vuelve a repetir varias veces la operación.

Para erradicar la presencia de palomas en el Lope de Vega, el sistema de captura se ha colocado en la azotea del edificio de la Electra, y también hay otra jaula temporal en la calle Industrias, cerca del portal número 22, donde uno de los pisos se ha convertido en un «palomar urbano de dimensiones considerables» y está causando problemas en el entorno.

Pero, más allá de estas dos ubicaciones circunstanciales, en Valladolid hay una red de 14 jaulas permanentes situadas en lugares estratégicos de la ciudad, como en San Viator, el Lava, la calle Ferrari o el edificio de Correos.

«Son puntos donde tenemos constancia fehaciente de una presencia de palomas más allá de lo normal y todos los días se capturan varias», explicó Villagrá para resaltar el «problema» que supone una sobrepoblación de estas aves, no sólo para Valladolid, sino para las ciudades en general. En entornos urbanos encuentran un «medio perfecto» para vivir, ya que disponen de comida y bebida y no tienen depredadores naturales, pero sus heces pueden obstruir bajantes y desagües y su ácido deteriora los materiales de los edificios.

Sin olvidar que la acumulación de sus deyecciones se convierte en foco de bacterias y hongos que son susceptibles de causar enfermedades zoonóticas, como la histoplasmosis o la psitacosis. Y portan parásitos que pueden desplazarse desde un nido hacia el interior de una vivienda a través de la fachada, como le ocurrió a una mujer en Parquesol, que tuvo que fumigar su casa tras una reacción alérgica porque se le había llenado de chinches y ácaros debido a que las palomas habían anidado en la terraza de su vecino de abajo, recordó el director de Salud Pública para significar la importancia de llevar a cabo un control de estas aves en las ciudades.

En torno a 40.000 euros desembolsa el Ayuntamiento cada año para que una empresa se encargue de gestionar la población de estas aves, estimó Villagrá. Pero no siempre es fácil. Porque cuando anidan en propiedades privadas, la solución se puede alargar.

Un ejemplo es el caso mencionado en el portal número 22 de la calle Industrias, cerca de la Circular, donde hay un palomar urbano en un piso de la primera planta. La propietaria falleció sin herederos directos y ahora el Consistorio confía en que en el plazo máximo de tres meses consigan una autorización judicial para poder acceder al interior a limpiarlo y sellar los huecos.

Un caso similar –cerca, en Vadillos– es el que tienen registrado en la tercera planta de la calle Azorín 1. Tras las quejas vecinales recibidas por «la proliferación descontrolada de aves», el servicio de Salud Pública se desplazó hace unos días a comprobar la situación y ha constatado que, efectivamente, hay un «flujo constante e ininterrumpido de entrada y salida de palomas» con una «intensidad totalmente inusual», lo que denota una «concentración de animales elevada».

Como en cualquier expediente de estas características, el primer paso del Ayuntamiento es ponerse en contacto con la propiedad. Si no lo consiguen, recurren a Hacienda y al padrón para identificar al propietario a través de los datos registrales y, si el dueño hubiera fallecido, tratan de localizar a los herederos, incluso a través del Boletín Oficial del Estado (BOE), como en Industrias. Sólo si no les encuentran o éstos no quieren hacerse cargo del problema, solicitan autorización judicial para acceder y afrontar los trabajos de forma subsidiaria, para luego repercutir el gasto. Entre 600 y 5.000 euros suele costar la limpieza y sellado, en función del grado de suciedad y de las medidas que se tengan que implementar.

Sin embargo, lo habitual es que los propietarios adopten acciones correctoras motu proprio. En la calle Gallo, por ejemplo, uno de los herederos de la vivienda donde habían anidado recientemente las palomas afrontó la desinfección y colocó una malla antiaves en la terraza. Y en la calle Macías Picavea también tienen otro expediente pendiente de solucionar por el propietario, con una ampliación de plazos de intervención porque se trata de una persona nonagenaria que no acudió al primer requerimiento.

Diferentes son los casos de los palomares urbanos identificados en Acera Recoletos 23 y en el cuartel de Vadillos, porque como son edificios en los que ya hay una intervención prevista –el primero es de titularidad privada y se va a reformar y el segundo de titularidad autonómica y se va a demoler– los responsables están alargando la aplicación de un remedio contra el anidamiento, si bien el responsable de Salud Pública de Valladolid insistió en la urgencia de atajar el problema en estos dos casos porque causan problemas en el vecindario.

De los trece expedientes activos en la actualidad en la capital vallisoletana por la presencia de un palomar en un inmueble, además de los pendientes de intervención –bien por parte de los propietarios o bien por parte del Ayuntamiento por vía subsidiaria–, hay otro puñado de procesos abiertos de más difícil solución porque están en edificios en estado de ruina y hay riesgo de derrumbe, así que los operarios no pueden acceder y, por tanto, no se pueden eliminar. En total hay seis casos de este tipo en las calles Unión, Molino Príncipe, Asunción, Niña Guapa, Claudio Moyano y Platerías.

Cada año la media de palomares urbanos tramitados se sitúa entre los 20 y los 30, calculó Villagrá y, aunque algunos se alarguen en el tiempo, es por cuestiones que no dependen del Consistorio, aclaró el director de Salud Pública. «Nosotros actuamos con celeridad; no pasa ni una semana desde que nos llega la queja hasta que realizamos la primera inspección».

Lo que no contemplan, pese a la sugerencia planteada por algunas comunidades de vecinos al verlo en otras ciudades, es la suelta de halcones porque, según Villagrá, «es un método disuasorio natural de las palomas, pero no elimina el problema», sino que lo desplaza. «Para que la actuación sea efectiva se requiere constancia y soltar las rapaces en diferentes momentos, porque si siempre se sueltan a la misma hora, las palomas acaban acostumbrándose. Lo más efectivo son las medidas que estamos utilizando, como las redes, mallas, los sistemas antiposado y las jaulas de captura», subrayó.

También hay otra medida efectiva, sencilla y al alcance de toda la población: no echar comida a las palomas en la vía pública. ¿No es una acción pasada de moda? «Cada vez hay menos personas que lo hagan, pero todavía quedan».

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