BARRIO A BARRIO | PASEO DEL CAUCE
La calle vallisoletana que robó agua al alcalde
Con el río Esgueva fluyendo a contracorriente, el Paseo del Cauce recorre la huella del antiguo cauce y reúne un puñado de negocios veteranos que se consideran «una familia unida»
La cercanía con los colegios Gabriel y Galán y Safa Grial, además de varias facultades, aportan ritmo a una calle muy transitada que no ha perdido la «esencia de barrio»

Con el río Esgueva fluyendo a contracorriente, el Paseo del Cauce recorre la huella del antiguo cauce y reúne un puñado de negocios veteranos que se consideran "una familia unida"
Fuente: E.M. / JUAN GARCÍA
El río Esgueva es de aquellos que Valladolid tuvo que domar cuando se comenzaron a producir los primeros cambios importantes dentro de la ciudad. Y es que este río originalmente pasaba por calles de la zona centro, donde hoy los vallisoletanos aprovechan para hacer compras, pasar tiempo con amigos o tomar un café, hubo un tiempo en que el agua era dueña de vías tan reconidas como Miguel Íscar o Panaderos, que a día de hoy siguen en gran medida recorriendo eso que aguna vez fue el recorrido de este afluente del río Duero.
Así, el paso del tiempo, unido a los problemas relacionados con la higiene como las aguas estancadas, que generaban enfermedades. Lo mismo ocurrió en lo que hoy en día es el paseo del Cauce. Un paseo que ahora y desde hace muchos años viene marcado por el tránsito de niños y jóvenes gracias a la cercanía de las facultades y los colegios Gabriel y Galán y Safa Grial.
Con un origen a contracorriente que continúa marcando el ‘cauce’ del rumbo de gran parte del callejero urbano, el paseo del Cauce es otra de las calles, sino la más, en la que el río Esgueva cobra mayor protagonismo. Lo que ahora es un lugar por donde aprovechar para salir a correr o pasear nacio de la necesidad de encauzar el agua del Duero y el Esgueva, los ríos que pasaban en ese entonces por Valladolid.
De historias del pasado sobre este río, el único de España que puede presumir de poseer el género femenino (’la Esgueva’), saben mucho en la farmacia Luis Santiago. Activa desde hace más de 50 años, el negocio presume de tener una buena clientela, en un ambiente que consigue salir fuera de las cuatro paredes del local. «Nos vemos por la calle con los clientes y nos paramos a hablar como si fuéramos amigos», afirma Francisco Crespo, uno de los farmaceúticos del lugar, mientras su compañera charla animadamente con una de sus clientas habituales.
En cuanto al ajetreo, afirma que es «bastante elevado» dado a su cercanía con Urgencias y el centro de especialidades de Pilarica. «La mayoría de los clientes son de toda la vida y tenemos la suerte de tocar todos los rangos de edad», explica. De su día a día frente a la farmacia en los dos años que lleva tras el mostrador en general ha vivido una experiencia «tranquila», aunque también dio tiempo a anécdotas y algún que otro susto. «Hace un tiempo nos entraron a robar y se llevaron unas compresas y unas compresas. Yo retuve al ladrón fuera y algunos vecinos gritaron ‘fuego, fuego’ para llamar la atención de la policía. Bastante curioso», rememora entre risas.
Sin duda, para Francisco el auténtico tesoro de paseo del Cauce son las personas, en especial sus clientes. «Casi todos se conocen de toda la vida, ya hay confianza y cuando vienen aquí nos cuentas sus historias, sus problemas. Es una pequeña familia unida».
Si algo ocurre en la actualidad es la velocidad con la que se vive todo, lo que se diría en una expresión como ‘por los pel0s’. Con este mismo nombre bautizaron a su peluquería hace 20 años Naiara y su madre. Madre e hija regentan un negocio en el que mientras te ponen unas mechas puedes mirar al río Esgueva. «Me gusta mucho tener el río cerca, el ambiente es realmente bonito, te diría que es mi cosa favorita de la calle», confiesa Naiara mientras peina a una de las clientas que ha decidido ponerse en sus manos por primera vez.
Naiara es una amante de tratar con la gente, es por eso que el trabajo cara al público no se le hace pesado y hasta es entretenido. «A veces ya he terminado mi trabajo y se quedan sentadas un rato más contándome sus cosas. Por lo menos me entretengo y la verdad que cuando no vienen estas clientas se las echa de menos», afirma la peluquera, que tras terminar su formación hace siete años se incorporó al negocio con su madre.
Sin embargo, si algo lamenta es el cierre de los locales contiguos donde antes siempre hacían la compra, como la ya cerrada carnicería o el bar que está justo al lado. Algunos por jubilación y otros porque las cosas no salieron como estaban planeadas. «Da pena ver tantos locales cerrados, al final nos quedamos aquí solas y es una pena».
Pese al constante tránsito de los coches, ya que este paseo que atraviesa buena parte de la ciudad y la une con zonas clave y algunos barrios como Las Delicias, Pajarillos, La Victoria y Rondilla, su palabra para esta vía es «tranquilidad», tal vez porque así es como le hace sentir a ella. «No me gustaría irme de aquí, estoy muy a gusto aunque mantener el negocio a veces sea algo complicado».
La cercanía con algunas facultades como Filosofía y Letras, Comercio o Ingenierías Industriales motivó hace 40 años a abrir la librería Alis. Desde hace doce años, al frente se encuentra Rafael Morejón, actualmente el local que más tiempo lleva abierto. «Antes yo era el nuevoy ahora el más viejo», bromea. Entre cartulinas, lapiceros, bolígrafos y demás material escolar, este paraíso para los amantes de la papelería es donde los estudiantes se refugian para imprimir los temidos apuntes que año tras año les atormentan durante la época de exámenes. «Sobre todo vienen chavales de la universidad y la verdad que es un gusto que por aquí siempre se vea a gente joven porque da vida al barrio», apuntilla.
Tantos años atendiendo a los estudiantes han permitido a Rafael vivir toda clase de historias, aunque recuerda con especial cariño cuando una de sus clientas trató de convencer a un grupo de jóvenes de que le dejaran pasar antes con una excusa de lo más peculiar. «Dijo que tenía mucha prisa, que si no le dejaban pasar se le quemaban las alubias. Fue un momentazo».
Junto a la papelería Alis, el bar Chiripa se unió hace ya tres años a la zona. «Cada año vemos mucha cara nueva gracias a que en cada curso escolar entran nuevos estudiantes. Pero también vienen vecinos de alrededor y los padres de los niños de los coles», explica María, una de las trabajadoras. Para ella, muchos clientes ya son como familia. «A muchos les coges cariño porque vienen todos los días y ya son como de la familia, se forma un vínculo especial».
En Chiripa su plato estrella es, además del café, la tortilla de patata. «A los clientes les gusta mucho. Sobre todo nosotros nos enfocamos en los desayunos, que es lo más reclamado, y por la tarde ya más tipo picoteo. Es un bar de día».
Haciendo esquina con la avenida Palencia, el bar Ashe trae un pedacito de Colombia hasta Valladolid de la mano de su propeitario, César Patiño. «Es una calle que siento como bendecida, muy concurrida. El negocio va viento en popa y estoy muy agradecido por ello», afirma. El bar de Patiño combina platos típicos de la comida española, como puede ser la tortilla de patata, con básicos como los panini de jamón y queso junto a platos colombianos como las arepas. «Siempre me dirijo a todo tipo de edades y tengo la suerte de que la gente responde muy bien».
«Las arepas de queso y las empanadas colombianas es por lo que el sitio es más reconocible, junto con los desayunos», explica el propietario de Ashe, que cuando abrió el bar hace dos años comenzó a recibir el mismo tipo de comentarios por parte de los clientes: su bar antiguamente era una marisquería, y además muy famosa. «Siempre las personas que vienen aquí vienen a contarme la historia de la marisquería». Así, el paseo del Cauce une a día de hoy el pasado y el presente. Bajo el asfalto se mantiene latiendo el recuerdo de una Esgueva que rediseñó Valladolid y que, a pesar de los cambios constantes, continúa en el recuerdo aunque el agua ya no marque el ritmo de la ciudad.

Paseo del Cauce en otra época.
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Andrea Marrón con Francisco Crespo forman parte del equipo de la farmacia Isabel Ruiz, en la esquina con Doce de Octubre.
El Paseo del Cauce en la actualidad

Kamal BM, trabajador de la tienda Adiva Alimentación, en el número 69
El Paseo del Cauce en la actualidad

Naiara Marinero, trabajadora de la peluquería Por Los Pelos, en el número 69
El Paseo del Cauce en la actualidad

Pedro López con Luis Ángel Durante, equipo de la tienda de productos fotosanitarios, abono y semillas Paralcampo, en la esquina con camino del Cementerio
La calle que robó al agua al alcalde de Valladolid

Estefania González, dueña del bar Venus, en la esquina con La Glorieta del Descubrimiento
El Paseo del Cauce en la actualidad

Rafael Morejón, es el dueño de la papelería Alis, junto a el Andrea Miggiano, comercial de Papelería Campus
El Paseo del Cauce en la actualidad

Mabel Ramírez es la dueña del bar Quilombo, en la esquina con la calle Ingeniería
El Paseo del Cauce en la actualidad

Trabajadora del bar Chiripa.
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Cindy Bedoya es trabajadora de la tienda multiproducto Tongqui Home, en el número 45
El Paseo del Cauce en la actualidad

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El Paseo del Cauce en la actualidad

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