INFRAESTRUCTURAS FERROVIARIAS
Renfe refuerza los talleres de San Isidro en Valladolid con un almacén y más aparcamiento
La operadora licita este proyecto por 2,2 millones, con un plazo de ejecución de 14 meses

Una máquina en las instalaciones de los talleres de Renfe, en el páramo de San Isidro, en una imagen de archivo.
Renfe reforzará su Base de Mantenimiento Integral (BMI) en el páramo de San Isidro, en Valladolid. La compañía ha licitado la ampliación del almacén y del aparcamiento del complejo de Fuente Amarga, un proyecto presupuestado en 2,2 millones de euros (IVA incluido). El plazo para que las empresas presenten sus ofertas permanecerá abierto hasta el 28 de abril, según ha podido saber este periódico.
El proyecto que se llevará a cabo en los talleres del operador ferroviario, situados junto a la ronda que conecta con la A-62 y no muy lejos del barrio de Las Flores, responde al "aumento de la producción y del trabajo asignado a la base". La documentación justifica esta inversión debido a dos necesidades clave que han surgido. Por un lado, el espacio de almacenamiento actual es insuficiente, lo que obliga a realizar "acopios provisionales a la intemperie de determinados elementos". Esta situación "puede ocasionar desperfectos en los materiales como consecuencia de las condiciones meteorológicas adversas". Por otro lado, el incremento de la plantilla ha hecho que las plazas de aparcamiento resulten escasas, una situación que "se agrava en especial durante los cambios de turno".
Para solucionar estos problemas, el contrato contempla la construcción de una nueva nave almacén que funcionará como alternativa al almacén robotizado existente, de 55 por 45 metros de planta y 15 metros de altura, dividido en función de los diferentes elementos a almacenar. La nueva estructura se ubicará en el lateral noroeste del complejo. De forma paralela, se ampliará el aparcamiento del lateral sureste, donde las actuales plazas en línea se convertirán en plazas en batería para optimizar el espacio.

Almacén exterior de diferentes elementos y componentes de los talleres de Renfe.
Además, una zona ajardinada se transformará en plazas de parking. Esta reorganización del espacio exterior también incluye la demolición de un pequeño jardín para facilitar el movimiento y giro de los camiones, lo que conllevará modificaciones en la red de riego y el desvío de los colectores de aguas pluviales, según se detalla en la documentación.
El plazo para la ejecución de los trabajos se ha fijado en 14 meses. Este periodo se divide en una fase de cuatro meses para la redacción del proyecto, dos semanas para su aprobación por Renfe y diez meses para la ejecución de las obras. La empresa que resulte adjudicataria deberá ofrecer una garantía de tres años sobre los trabajos realizados.
Desde el comité de empresa, su presidente, Javier Zapico, confirmó a este periódico la necesidad de estas mejoras debido al crecimiento de la actividad. En este punto, apuntó que se van a llevar a cabo varios proyectos, como la creación de una zona de lavado de trenes, “similar a un túnel de lavado de coches”, y otra para piezas, además de un nuevo almacén para guardar piezas y kits de reparación. “Este año no se realizarán, pero ya nos han informado de que se ejecutarán más adelante”.
El representante de los trabajadores subrayó que este impulso está ligado a "un aumento de la carga de trabajo y a la necesidad de más personal". En la actualidad, la plantilla está compuesta por 500 trabajadores de Renfe y 200 de subcontratas. "La idea es conseguir más personal propio tras las oposiciones para poder internalizar más carga de trabajo", añadió.

Parte del jardín que desaparecerá en los talleres de Renfe.
El complejo ocupa casi un millón de metros cuadrados. Su desarrollo ha sido progresivo desde el traslado del personal desde los históricos talleres de Farnesio en el barrio de Las Delicias. En el año 2020, la base acogía a 447 empleados de Renfe, una cifra que en 2023 ya había aumentado hasta casi los 500, lo que consolida una tendencia al alza que justifica las nuevas inversiones.
La historia ferroviaria de Valladolid se remonta a 1860, con la llegada del primer tren, un año antes de la apertura de un pequeño taller de reparaciones. Hoy, la ciudad acoge uno de los complejos de mantenimiento más grandes de su sector en Europa, que se ha convertido en "todo un referente". La propia Renfe ha destacado en varias ocasiones que "cuenta con las instalaciones más modernas de la compañía y los medios productivos más avanzados".
El traslado a las actuales instalaciones del páramo de San Isidro, que tuvo un coste de 180 millones, no estuvo exento de dificultades. Anunciado por primera vez para 2013, el traspaso se completó finalmente en 2020, siete años después de lo previsto. El complejo, con sus 77.000 metros cuadrados de superficie industrial y 35 vías interiores, fue presentado como "uno de los más avanzados de Europa". Sin embargo, ya en sus inicios surgieron voces que apuntaban a ciertas limitaciones de espacio para las maniobras, una cuestión que ahora, con el aumento de la actividad, se hace más evidente y motiva la ampliación licitada.
Los talleres de San Isidro son, además, el principal legado que el fallido proyecto del soterramiento dejó en la capital del Pisuerga. La enorme inversión realizada en su construcción fue una de las pocas actuaciones que se materializaron dentro de un plan para eliminar la barrera ferroviaria y que fue finalmente descartado por la deuda de 400 millones de euros que generó. Ahora, Renfe continúa invirtiendo en estas instalaciones para adaptarlas a su creciente potencial.