SANIDAD
Investigadores de Valladolid desarrollan una báscula para mejorar el tratamiento cardiovascular
El trabajo arroja un indicador que de aplicarse permitiría avanzar en cuidados de precisión, adaptados al enfermo

El jefe de la Unidad de Formación de Enfermería del HCUV, Noel Rivas González, junto a profesionales del propio centro asistencial y de la Facultad de Enfermería de la UVA
Un estudio realizado en el Hospital Clínico Universitario de Valladolid ha demostrado que una medición corporal rápida y no invasiva puede ayudar a identificar la fragilidad en personas mayores hospitalizadas por enfermedades cardiovasculares. La investigación, publicada recientemente en la revista científica Healthcare (MDPI), señala que el denominado ‘ángulo de fase segmental’ obtenido mediante bioimpedancia eléctrica, una técnica no invasiva que mide la masa grasa, la masa muscular y el agua corporal mediante una corriente eléctrica imperceptible, es un indicador útil para reconocer qué pacientes presentan una mayor vulnerabilidad durante el ingreso hospitalario.
El trabajo ha estado liderado por el jefe de la Unidad de Formación de Enfermería del HCUV, Noel Rivas González, con la participación de profesionales del propio centro asistencial y de la Facultad de Enfermería de la Universidad de Valladolid. El objetivo del estudio era comprender por qué algunos pacientes mayores ingresados en cardiología se recuperan con mayor facilidad que otros con características clínicas aparentemente similares. Según los investigadores, detrás de estas diferencias se encuentra con frecuencia la fragilidad, un estado de vulnerabilidad física que no siempre se detecta a tiempo en el entorno hospitalario.
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Tal y como explica Rivas a Ical, la fragilidad no debe confundirse con el simple envejecimiento. “No es solo ser mayor, sino un estado en el que el organismo tiene menos reservas para recuperarse, por ejemplo, de una enfermedad”. Dos personas con la misma edad y diagnóstico pueden evolucionar de forma muy distinta, y muchas veces esa diferencia está precisamente en la fragilidad, señala. A pesar de su impacto clínico, subraya que este factor no se evalúa de forma rutinaria en todos los ámbitos de la hospitalización, lo que dificulta su detección precoz.
La fragilidad se asocia a un mayor riesgo de complicaciones, estancias hospitalarias más prolongadas y peor recuperación funcional. Por este motivo, el equipo investigador exploró el valor del ‘ángulo de fase’, que se obtiene a través de la bioimpedancia eléctrica, utilizada desde hace años para analizar la composición corporal. “El ángulo de fase es un marcador relacionado directamente con la integridad celular y con la calidad de nuestros tejidos”, precisa el investigador.
Prueba sencilla
La prueba se realiza con una báscula especial -en este caso se utilizó un dispositivo TANITA MC-780- que emite una corriente eléctrica muy leve e imperceptible y permite analizar, en pocos segundos, la composición corporal y la calidad de los tejidos en distintas zonas del cuerpo, como brazos, piernas y tronco. El paciente permanece de pie unos instantes sobre una plataforma similar a una báscula convencional, mientras el sistema recoge información sobre masa muscular, grasa corporal, hidratación y calidad celular, sin causar dolor ni molestias.
Cuidados de precisión
Uno de los principales valores del estudio es la aplicación clínica de la bioimpedancia segmentada. Se trata de una técnica rápida, no invasiva y fácilmente realizable a pie de cama. Al tratarse de una tecnología ya existente en los hospitales y utilizada en otras especialidades como nutrición clínica, nefrología o endocrinología, su implantación no requeriría grandes cambios organizativos en otras áreas.
Además, la posibilidad de disponer de un indicador objetivo en los primeros días de ingreso permitiría identificar antes a los pacientes con mayor riesgo y ajustar mejor los cuidados, la rehabilitación, el soporte nutricional o la planificación del alta hospitalaria. “El objetivo final es avanzar hacia cuidados de precisión”, es decir, individualizar las intervenciones según las características propias de cada paciente, señala Rivas.
Durante dos años, los investigadores evaluaron a 157 pacientes mayores de 60 años ingresados en el Servicio de Cardiología por distintas patologías cardiovasculares, como infarto de miocardio, insuficiencia cardíaca, arritmias o valvulopatías. El estudio abarcó prácticamente todo el espectro de patologías que ingresan en una unidad de cardiología. Además de la bioimpedancia, se llevó a cabo la valoración clásica de fragilidad basada en los criterios de Fried, que incluyen fuerza muscular, velocidad de la marcha, nivel de actividad física, cansancio y pérdida de peso, y se recogieron parámetros clínicos y analíticos como hemoglobina, albúmina y proteína C reactiva.
El estudio detectó que casi tres de cada diez pacientes mayores ingresados por una enfermedad cardiovascular presentaban fragilidad. En concreto, la prevalencia fue del 28,7% en el conjunto de la muestra, con cifras ligeramente superiores en mujeres que en hombres, unos datos que están en línea con lo descrito previamente en la literatura científica. La enfermedad coronaria fue el diagnóstico más frecuente, presente en más del 60% de los casos, y los pacientes frágiles registraron estancias hospitalarias significativamente más largas, lo que refuerza la importancia de identificar este perfil de vulnerabilidad de forma precoz, añade Rivas.
Los resultados mostraron que los pacientes frágiles presentaban de forma sistemática valores más bajos de ángulo de fase en todas las regiones del cuerpo analizadas. Esta disminución refleja alteraciones en la estructura celular y muscular y coincide con una menor reserva funcional. El estudio identificó además que algunos segmentos del cuerpo permiten discriminar mejor la fragilidad que otros. En los hombres, el ángulo de fase de la pierna izquierda y del lado izquierdo del cuerpo mostró una capacidad moderada para detectar fragilidad, mientras que en las mujeres la precisión diagnóstica fue menor.
Uno de los aspectos diferenciales del trabajo fue el uso de la bioimpedancia eléctrica de forma segmental. “Dividimos el cuerpo en extremidades superiores, inferiores y tronco, en lugar de obtener un único valor global”, explica el investigador. Este enfoque permite analizar mejor cómo se distribuyen la masa muscular y la grasa corporal, y aporta una visión más detallada del estado funcional del paciente.
Diferencias por sexo
Según los autores, las diferencias observadas entre hombres y mujeres podrían estar relacionadas con la distinta composición corporal, los cambios hormonales y el propio proceso de envejecimiento, lo que abre la puerta a nuevas investigaciones con muestras más amplias.
El trabajo también refuerza la relación entre fragilidad, nutrición y composición corporal. Los pacientes frágiles presentaban un perfil metabólico más envejecido, mayor acumulación de grasa en determinados segmentos y menor fuerza muscular. Además, la fragilidad se asoció con anemia y con niveles elevados de inflamación, marcadores que reflejan un estado metabólico más delicado.
El estudio ha sido realizado por un equipo multidisciplinar integrado por Noel Rivas González, investigador principal y jefe de la Unidad de Formación de Enfermería del Hospital Clínico Universitario de Valladolid; junto a la vicedecana de Política Institucional, Relaciones Internacionales, Investigación y Postgrado de la Facultad de Enfermería de la Universidad de Valladolid, María José Castro Alija; Irene Albertos Muñoz, profesora de la misma Facultad; la vicedecana de Extensión Universitaria y Ejecución de Programas, María López Vallecillo.
También, han participado Belén Martín Gil, enfermera de la Unidad de Apoyo a la Investigación del HCUV; Elsa Rodríguez Gabella, enfermera de Sistemas de Información de este centro asistencial, además de Mercedes Fernández Castro, enfermera de la Unidad de Apoyo a la Investigación; y del jefe del Servicio de Cardiología del Hospital Clínico Universitario de Valladolid, Alberto San Román.