Valladolid recupera el cerro de San Cristóbal tras más de medio siglo de «abandono»
El Ayuntamiento ha arreglado los caminos, ha puesto bancos, estabilizado taludes, cortado madera seca y plantado árboles

Un paseante recorre los senderos recién arreglados.
Desde cualquier carretera de acceso, con su verde y poblada falda y su gran antena en la cima, el cerro de San Cristóbal se erige como referencia visual en la lejanía y se considera uno de los principales miradores de la ciudad, pero lo cierto es que el espacio vive de espaldas a Valladolid, como un custodio remoto de carácter inaccesible. Nada que ver con otros entornos similares, como Las Contiendas, donde es habitual ver gente en bici o paseando, niños jugando o picnics familiares.
Salvando las distancias (físicas y metafóricas), la elevación situada al sur del término municipal, cuya «situación de aislamiento del tejido urbano ha dado lugar a la ausencia de intervenciones y a su abandono» –según describe el Ayuntamiento en la memoria del proyecto de mejora ecológica–, acaba de completar un proceso de transformación llamado a captar visitantes y a alzarse como propuesta de ocio en la naturaleza donde disfrutar al calzarse las botas.
Los senderos que serpentean por el cerro se han acondicionado como itinerarios de interés medioambiental y paisajístico, se han construido pasos con escaleras y barandillas de madera, se han colocado paneles explicativos con información sobre la intervención realizada, y hay varios asientos fabricados con troncos de árboles secos para poder hacer un alto en el camino y descansar.
Seis meses y casi 410.000 euros ha necesitado el cerro de San Cristóbal para 'acicalarse' y 'renovar sus encantos', y ahora toca lucir su potencial. No en vano, uno de los propósitos del Consistorio vallisoletano con el proyecto recién finalizado es convertir en «un pulmón verde y zona de esparcimiento para la población» este espacio de la ciudad que consideraban «aislado y olvidado», en el que apenas se ha intervenido en más de medio siglo.
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Querían, según expresan en la documentación del proyecto, «reconocer la potencial función socio-recreativa que se puede desarrollar en los montes», para la práctica de actividades como senderismo, paseos en bicicleta o actividades deportivas. Por eso los paseos y caminos forestales existentes, que recorren en círculo el cerro de San Cristóbal, se han ampliado hasta los tres metros de anchura y se han ajustado las pendientes para convertirlos en paseos peatonales.
«Los objetivos generales del proyecto son restaurar ecológica y ambientalmente de forma integral el cerro de San Cristóbal, dotarlo de un uso público extensivo y conectarlo con la ciudad y el resto de espacios verdes y superficies naturales del entorno», reflejaba el área de Medio Ambiente en los pliegos de la intervención, antes de ahondar en las acciones de transformación que se iban a desarrollar hasta convertirlo en un «gran bosque autóctono».
Para ello, además de adecuar los senderos para facilitar las rutas, una de las principales actuaciones se ha centrado en cortar ramas de árboles, en aras de limpiar «el excedente de combustible muerto», puesto que el cerro presentaba «una densidad muy elevada y multitud de ramas bajas secas», lo que «multiplicaba las probabilidades» de que un incendio se propagase «rápidamente» y provocase la «desaparición completa del pinar».
También se han plantado nuevas especies –16.128 unidades, según cálculos del Ayuntamiento–, sobre todo quercíceas (bellotas) para «diversificar» la masa que había, se han estabilizado los taludes mediante los denominados ‘muros krainer’ en los que se emplean troncos provenientes de las talas, se han previsto charcas para anfibios e invertebrados y se han instalado cajas para enjambres de abejas, como había propuesto la Asociación Vallisoletana de Apicultores.
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En total, la superficie renaturalizada gracias a fondos europeos roza las 37 hectáreas y supone un hito en la vida del cerro de San Cristóbal, después de que apenas se haya intervenido en él desde que se repoblara en la segunda mitad del siglo XX.
Fue en 1956 cuando arrancó la primera plantación, utilizando sobre todo el pino carrasco y, en menor medida, el ciprés común. «La cubierta vegetal de pino y ciprés no existiría en la actualidad si no se hubieran repoblado de manera artificial estas laderas, labor que supuso un enorme esfuerzo a causa del suelo tan árido que presentaban estos terrenos en su origen», destaca el informe después de subrayar que, aunque no se logró un beneficio económico del monte con estas plantaciones, sí lograron un «fin protector» y han frenado «la degradación producida por el pastoreo y la agricultura».
Gracias a que se ha mejorado el acceso desde la pasarela del polígono y se ha acondicionado el terreno de la zona para poder entrar mejor desde Valladolid sin necesidad de adentrarse en La Cistérniga –donde nace la vía para subir en coche–, ya se puede disfrutar del ascenso al espacio natural más alto de la capital (que no de la provincia) y contemplar desde sus más de 800 metros de altitud la panorámica de toda la ciudad y de algunos pueblos cercanos, con el Duque de Lerma como silueta destacada y los Torozos en el horizonte.
Lástima que no se pueda coronar la cima, como antaño, porque el Ayuntamiento sólo ha podido actuar en las parcelas de titularidad municipal y la zona más elevada es del Gobierno central, así que no ha formado parte de la intervención recién ejecutada.
Esa cima, «llana y alargada», «con unas vistas únicas de la ciudad de Valladolid» y una «superficie rasa de enorme potencial para el uso público y deportivo» seguirá vallada, pendiente de que algún día se abra al público y se instale, quizá, un área recreativa.
Red de caminos saludables
La recuperación ambiental del cerro de San Cristóbal se enmarca en el proyecto denominado 'Caminos de Biodiversidad Urbana’, una iniciativa respaldada por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, MITECO, que trata de recuperar espacios naturales de la ciudad para acercarlos y conectarlos, de tal forma que estén integrados en ella. El objetivo es generar una red que se conciba como parte del mismo engranaje y no como espacios aislados.
«Favorecer y potenciar la protección y la restauración de la biodiversidad y los ecosistemas» es el «hilo conductor» destinado a incorporar «nuevos espacios mediante la renaturalización» y, en el caso de la capital vallisoletana, además del cerro de San Cristóbal, forman parte de esta estrategia el parque de El Tomillo y la Cuesta de los Conejos y de la Maruquesa hasta Fuente el Sol.

Restauración ambiental del cerro de San Cristóbal.
Escalera y barandilla de madera

Restauración ambiental del cerro de San Cristóbal.
Nuevas plantaciones

Restauración ambiental del cerro de San Cristóbal.
Banco para descansar

Restauración ambiental del cerro de San Cristóbal.
Panel informativo junto a un sendero

Restauración ambiental del cerro de San Cristóbal.
Panel explicativo, con el polígono al fondo

Restauración ambiental del cerro de San Cristóbal.
Sendero recién acondicionado

Restauración ambiental del cerro de San Cristóbal.
Zona de nuevas plantaciones

Restauración ambiental del cerro de San Cristóbal.
Detalle de las nuevas especies junto a un sendero

Restauración ambiental del cerro de San Cristóbal.
Escaleras realizadas con materiales naturales

Restauración ambiental del cerro de San Cristóbal.
Panel explicativo junto a unas escaleras

Restauración ambiental del cerro de San Cristóbal.
Sendero

Restauración ambiental del cerro de San Cristóbal.