Kioscos, el fin de una época en Valladolid
Ángel y José, dueños de los puestos emblemáticos en Santiago y el paseo de Zorrilla , buscan relevo: «Me preguntan mucho, pero nadie vuelve de segundas»

Ángel y José, dueños de los quioscos en Santiago y el paseo de Zorrilla
Una bolsa de gominolas, el periódico del día o la recarga del bonobús. Estas pequeñas rutinas cotidianas corren el riesgo de desaparecer de las calles de Valladolid si los quioscos ‘de toda la vida’ no consiguen un relevo. La ciudad pierde sus puntos de venta de prensa a un ritmo acelerado: en la última década han cerrado más de dos centenares de puestos, quedando activos únicamente 39 en 2024, según los datos recogidos por la Concejalía de Urbanismo. La mayoría echa el cierre definitivo por falta de relevo generacional, y tras un tiempo se retira permanentemente la caseta de la calle, desapareciendo un punto emblemático e histórico de la ciudad. Antes de llegar a este desenlace, dos quiosqueros de la capital buscan a contrarreloj el traspaso de su negocio.
En esta situación se encuentra Ángel Martín, propietario del quiosco situado en la entrada de la calle Santiago por la plaza de Zorrilla. Tras ocho años al frente de este reconocible puesto, y previamente otros ocho en un local de la Rondilla, Martín busca traspasar su negocio por su jubilación anticipada por motivos familiares. Ante esta carrera a contrarreloj se ha dado un plazo límite de un año. «Me da mucha pena. Los quioscos son difíciles de traspasar porque somos muchos», admite, aunque se mantiene esperanzado por la ubicación privilegiada de su caseta frente a la plaza Zorrilla: «Es un punto muy bueno, pasan miles de personas diariamente y estamos rodeados de eventos».
Por otro lado, el dueño del quiosco frente al número 18 del paseo de Zorrilla, José del Palacio, también se jubila y busca a una persona que tome el relevo a esta profesión tras 35 años. Previamente tuvo puestos de calle Las Delicias y Pajarillos, pero su ubicación en Zorrilla es estable desde hace 21 años.
Su plan inicial era jubilarse estas navidades. Sin embargo, ante la ausencia de ofertas firmes para el traspaso, ha tenido que prorrogar su despedida hasta el próximo verano. «Me preguntan mucho, pero nadie viene de segundas. Es un trabajo que funciona, pero tienes que echar muchas horas al día», lamenta.
Ambos coinciden en el diagnóstico sobre este oficio: la rentabilidad ha bajado y el sacrificio es alto. Del Palacio recuerda que, cuando empezó hace tres décadas, su familia era quiosquera y el negocio «daba para mantener a tres familias, pero ahora solo para una». Martín ratifica la exigencia del horario: «Este quiosco funciona bien, vivimos una familia, pero es muy esclavo. La gente no quiere hacer tantas horas».
Es una profesión complicada, ya que trabajan de lunes a domingo con jornadas extensas, aunque siempre con una sonrisa ante los clientes. Cada día pueden vivir una historia completamente diferente, como amenazas por no cobrar con tarjeta o enfados por «no hacer ofertas en chicles».
En el paseo de Zorrilla, el día arranca a las 6:30 con la llegada de la prensa y termina a las 20:30 horas. Mientras que en la calle Santiago, Martín narra que ha logrado estabilizarse lo suficiente para dividir el turno (de 7:00 a 14:30 y de 17:30 a 21:00 horas), pero que cuenta con el apoyo de su mujer por las tardes.
A pesar de todo, aseguran que el trato humano compensa: «Conoces a gente muy agradable», afirma Martín, destacando a los clientes que valoran que mantenga abierto el quiosco. Del Palacio añade un toque nostálgico: «Venían niños a por chuches que ahora pasan a saludarme convertidos en abogados o profesores».
A lo largo de años trabajando en esta profesión, ambos quiosqueros coinciden en una problemática: la venta de prensa disminuye, pero también los dulces. El modelo de negocio ha cambiado drásticamente. La venta de prensa cae por el auge de la lectura en dispositivos móviles, incluso en bares y peluquerías, donde desde la pandemia de 2020 se redujo la compra de periódicos y revistas «porque podía contagiar», cuenta Martín.
Por otro lado, la venta de golosinas sufre por la competencia de los supermercados, los cuales tienen una gran variedad de dulces a precios reducidos. «Antes la propina era para los quioscos, ahora los supermercados nos han matado», sentencian, recordando épocas pasadas donde se vendían desde juguetes en verano hasta petardos en Navidad, los cuales ahora está prohibida su venta. Asimismo, del Palacio recuerda cuando los niños salían del colegio o de misa los domingos y corrían a comprar gominolas.
Sin embargo, hay varios salvavidas para los quioscos, en zonas de paso como la calle Santiago, la venta de agua en verano y el «menudeo» de chicles o snacks mantienen la caja, junto con el escaso margen que dejan las recargas del bonobús: «Te queda poco, pero todo suma a final de mes».
Uno de los productos más estables son las colecciones, los niños y jóvenes, e incluso algún adulto, continúa comprando sobres para completar su álbum: «Los cromos mueven muchísimo y han vuelto otra vez. Se vende de todo, pero el rey de las colecciones es el fútbol», subraya Martín. De clásicos como ‘Pokémon’ o novedades como ‘Brainrot’, todas ellas están viviendo un nuevo auge.
En cuanto al futuro de la profesión, los quiosqueros no son optimistas. «Dependerá de la zona donde estén, uno que tenga mucho paso se mantendrá, pero aún así seguirán cerrando otros muchos», indica Martín y añade: «La gente cierra los quioscos porque no les compensa echar horas». Corrobora esta visión de futuro el quiosquero del Palacio, quien señala: «No lo veo para gente nueva, solo aquellos que se queden hasta jubilarse». Según los últimos datos, en 2024 quedaban 39 puestos de calle en Valladolid, sin embargo «puede que dentro de diez años tan solo queden tres». Creen que el cierre de muchos es inevitable porque «no compensa echar tantas horas».
Para intentar frenar el cierre de estos puestos, la Asociación de Vendedores de Prensa de Valladolid (ASVEPREVA) firmó hace unos meses un acuerdo con Urban Service Point (USP) para para implantar servicios y tecnología en los puestos. Como explica Martín, «quizá habría que pegarle un lavado de cara y renovarse».
Entre las nuevas infraestructuras para modernizar las instalaciones se encuentran cajeros automáticos, conectividad 4G y 5G o pantallas digitales. Además, de la instalación de puntos de recepción de paquetería con taquillas (lockers). No obstante, la realidad física impone sus límites: «Están intentando implementar novedades, pero es muy difícil. No hay espacio», señala Martín.
Si bien todos se enfrentan a diferentes problemáticas, y con ello a varios intentos de adaptarse a los nuevos tiempos, hay algo claro en esta situación: el futuro aún no está escrito y mientras tanto, Ángel y José seguirán levantando la persiana de su quiosco cada mañana, esperando que alguien coja el testigo antes de su jubilación. «Sería una pena ver que se cierra. Me gustaría pasar por mi antigua zona y ver que funciona», concluye José del Palacio.

Ángel Martín, propietario del quiosco situado en la entrada de la calle Santiago por la plaza de Zorrilla.
Ángel Martín, propietario del quiosco situado en la calle Santiago

José del Palacio, dueño del quiosco frente al número 18 del paseo de Zorrilla.
José del Palacio, dueño del quiosco del paseo de Zorrilla

Quiosco de calle, situado en la entrada de la calle Santiago por la plaza de Zorrilla.
Quiosco de la calle Santiago

Quiosco de calle, situado en la entrada de la calle Santiago por la plaza de Zorrilla.
Quiosco de la calle Santiago

Quiosco de calle, situado en la entrada de la calle Santiago por la plaza de Zorrilla.
Quiosco de la calle Santiago

Quiosco de calle, situado en la entrada de la calle Santiago por la plaza de Zorrilla.
Quiosco de la calle Santiago

Quiosco frente al número 18 del paseo de Zorrilla.
Quiosco del paseo de Zorrilla

Quiosco frente al número 18 del paseo de Zorrilla.
Quiosco del paseo de Zorrilla

Quiosco frente al número 18 del paseo de Zorrilla.
Quiosco del paseo de Zorrilla

Quiosco frente al número 18 del paseo de Zorrilla.