DOS AÑOS DE MANDATO DE PP Y VOX EN EL AYUNTAMIENTO DE VALLADOLID
Los proyectos estrella del bipartito PP y VOX en Valladolid se volatilizan
No hay rastro de obras en el puente de Poniente, ni mini-Bernabéu, ni piscina fluvial o Palacio de Congresos al cumplirse la mitad del mandato
Actual vista del puente de Poniente.
Mucho ruido y pocas nueces. Con esta expresión, utilizada para señalar que algo importante en apariencia tiene poca sustancia o es insignificante, se pueden resumir los dos primeros años de la actual legislatura en el Ayuntamiento de Valladolid, con Jesús Julio Carnero al frente. Desde que el Partido Popular arrebató el bastón de mando al PSOE en 2023 con ayuda de VOX, son pocas las promesas que se han llevado a cabo y muchas las que siguen en el cajón de tareas pendientes. Algunas, de hecho, no parece que vayan a salir de ahí.
Al llegar al ecuador del mandato se observan escasos avances y numerosos incumplimientos al comparar la fotografía actual de la ciudad con los anuncios grandilocuentes de la campaña y con lo plasmado en el programa electoral. La hemeroteca es tozuda y sólo hace falta mirar al puente de Poniente para comprobar que no se ha remodelado; a la Feria de Muestras para ver que no hay ni siquiera un proyecto para hacer el recurrente Palacio de Congresos; al estadio Zorrilla para advertir que no hay avances para convertirlo en un mini Bernabéu; a Arroyo de la Encomienda para saber que no hay ninguna pasarela sobre la que llegar andando o en bici desde Santa Ana; o al Pisuerga para verificar que la piscina fluvial sigue en el mismo punto que hace dos décadas, ahogada y sin visos de que salga a flote.
De todos los compromisos que adquirió Carnero para atraer a los votantes, apenas un puñado se ha materializado. Lo más inmediato fue la reducción de la Zona de Bajas Emisiones a la almendra central, el borrado de la pintura que delimitaba el uso en exclusiva para buses y taxis de carriles en el puente de Poniente, López Gómez y el puente de Isabel la Católica, y la supresión del carril bici de la avenida de Gijón. En la práctica ha supuesto que el tráfico rodado ha ganado espacio, pero no hay que olvidar que la ordenanza municipal que regula esta reversión aún sigue pendiente de aprobación.
Con el foco puesto en el análisis del cambio de modelo de movilidad, la obra realmente palpable –dentro de las planteadas por el Gobierno– es la que se está ejecutando en el paseo Isabel la Católica, para que el carril bici discurra por el interior y los vehículos vuelvan a disponer de dos viales de tránsito. Los trabajos comenzaron el verano pasado –un año después de que arrancara la legislatura– y están próximas a finalizar, después de un desembolso de casi 811.000 euros procedente de las arcas públicas municipales para que Valladolid «sea una ciudad sin atascos».
Más allá de esta intervención, el resto de proyectos estrella se han volatilizado. Ni rastro de las recreaciones que Jesús Julio Carnero presentó en campaña, como por ejemplo la espectacular actuación en el estadio de fútbol en aras de convertirlo en un «ágora» para albergar «grandes eventos multifuncionales» gracias a una inversión de 25 millones de euros destinados a reconstruir el fondo sur, a poner gradas simétricas, tener fachada iluminada y colocar una cubierta retráctil. La realidad es que no se ha firmado ni el convenio con el Real Valladolid para impulsar siquiera la Ciudad Deportiva pues, aunque el anterior alcalde, Óscar Puente, lo aprobó, no se hizo la rúbrica definitiva ante el resultado de las urnas.
Los cinco millones previstos en el puente de Poniente para ganar anchura hasta lograr un carril adicional tampoco se han ejecutado, después de tropezar con una lluvia de críticas en los primeros intentos de diseño. Primero, porque se incluyeron unas mamparas laterales que ocultaban la vista directa al río, después porque se previeron otras a modo de sotechado y, por último, porque dejaron paso a una propuesta más visual pero el artista contratado renunció al proyecto. Jaume Plensa dijo que no a ‘Siete Poetas sobre el río Pisuerga’ y, desde entonces, no se ha vuelto a hablar de la reforma.
Igual que tampoco ha vuelto a acaparar titulares la famosa piscina fluvial. El último fue para anunciar que no era «viable» debido a «los cambios del cauce y las crecidas del río» y para aclarar que la única opción sería hacer una flotante, según el concejal de Medio Ambiente, Alejandro García Pellitero. Pero el proyecto ‘Viviendo el río’ que Jesús Julio Carnero anunció cuando todavía era candidato a la Alcaldía incluía muchas más acciones.
Pisando la arena y con el río como telón de fondo, el después convertido en regidor habló de la conversión de la isla del Palero en «la isla del tesoro como espacio de ocio y aventura», de construir un mirador en Las Moreras, de habilitar un anfiteatro en la Rosaleda, de impulsar el uso comercial en el bulevar o de recuperar el antiguo restaurante Los Álamos como centro de actividades deportivas. Nada se sabe al respecto.
Así, de todas las banderas que agitó Carnero para atraer a los votantes, sólo unas pocas siguen ondeando, con la del soterramiento con especial ímpetu. Desde que se postuló como candidato del PP, dejó claro que iba a luchar por enterrar las vías del tren, y ahí sigue en la batalla. Una «apuesta clara y decidida», decía, sobre lo que considera «un derecho irrenunciable». Y en esa contienda ha llegado incluso a desempolvar la idea de hacerlo con muros pantalla.
Por eso, sí se ha creado la mesa del soterramiento, como estaba comprometido, igual que la mesa de la automoción. También se ha estrenado la Oficina Municipal de Proyectos y Atracción de Inversiones, denominada ‘Valladolid Now’ o se ha impulsado el Hub logístico y agroalimentario.
En el listado de anuncios con el ‘check verde’ porque al menos se hayan puesto en marcha se puede incluir la conversión del Convento de las Catalinas en Centro del Vino –pendiente ahora de saber cómo se financiará la segunda fase tras quedar fuera de la convocatoria del 2% cultural– o la búsqueda de una solución que ‘desatasque’ la rotonda de San Agustín, pues el Ayuntamiento contrató un estudio para soterrar los cuatro carriles de la N-601 y está en contacto con el Ministerio de Fomento para afrontar la obra entre ambos.
En materia tributaria, el resumen se queda en un ‘sí, pero no’, porque el gran compromiso de rebajar un 10% el IBI será progresivo y no se aplicará por completo hasta finalizar el mandato. Pero hasta el 1 de enero de este año no se ha hecho efectiva la primera disminución del 5%.
Mientras, el Impuesto de Vehículos de Tracción Mecánica sigue como estaba a pesar del compromiso de reducirlo un 10%. Y la bonificación del 3% que se iba a aplicar por la domiciliación bancaria de los recibos municipales en periodo voluntario continúa pendiente.
La letra pequeña
El programa electoral de un candidato debería ser algo más que un folleto colmado de buenas intenciones para captar votos porque, si los anuncios no se cumplen, al final se quedan como la canción de Los Piratas, en promesas que no valen nada. Y así, en esas cuatro paredes –en esas 122 páginas, más bien– sonarán de forma genial pero, como lágrimas en la lluvia se irán, se perderán.
¿Qué ha pasado con la escultura floral que se anunció en el entorno del Campo Grande y Recoletos para servir como «atractivo turístico e imagen de la ciudad»? ¿Acaso se iba a colocar un Puppy como en el Guggenheim de Bilbao? ¿Y con el gran grupo escultórico de las personas más representativas del teatro en Valladolid que se instalaría en San Miguel? ¿Ha pedido el Ayuntamiento a la UNESCO que declare la obra Don Juan Tenorio como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad?
Jesús Julio Carnero incluía en su programa la remodelación del Puente Mayor para pedir su solicitud como BIC, la creación de guarderías caninas en «zonas de especial densidad comercial» o la puesta en marcha de «los primeros parques infantiles públicos cubiertos». También la construcción de un aparcamiento subterráneo en la Feria de Valladolid, otro en los antiguos talleres de Renfe y uno más en San Juan, a la altura de la calle Maldonado.
La letra pequeña de los contratos también hay que leerla.