Diario de Valladolid

CUATRO AÑOS DE LA LEY DE EUTANASIA

La eutanasia de la vallisoletana Yoli: "Me voy cuando yo quiera"

La de Yolanda Fernández fue una de las 38 eutanasias realizadas en Castilla y León desde 2021

"Al menos pudo elegir cuándo morir, no dejó que la ELA decidiera", afirma su marido Miguel

Miguel, con fotos de Yolanda, vallisoletana que recibió la eutanasia.

Miguel, con fotos de Yolanda, vallisoletana que recibió la eutanasia.PHOTOGENIC

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Con la mirada, la vallisoletana Yolanda Fernández percutía las teclas de la tableta digital que verbalizaba lo que ella ya no podía por la ELA que padecía. Su última noche sabía con certeza que no habría más porque había decidido la fecha en la que morir: «La ELA no me mata, voy a marcharme cuando yo quiera con dignidad», le dijo a su marido cuando recibió el abrumador diagnóstico.

Yolanda pidió la eutanasia «en plenas facultades», gracias a una ley que este 25 de junio de 2025 cumple cuatro años desde su entrada en vigor. Su petición fue concedida.

La noche antes del día final, la preocupación de esta mujer era dejar a su marido Miguel lo más orientado y cuidado posible: «No quiero que te pongas la misma camisa dos veces seguidas. Esas camisetas gastadas tíralas y compra otras. Deshazte de los playeros viejos y coge otros. Mañana, cuando me vaya, ponte los vaqueros y el polo azul de rayas. Para el funeral, la camisa de cuadros y el pantalón verde...».

Con la luz del día, Yoli pidió (con su tableta) que todos los presentes en la habitación salieran fuera para despedirse de él, que por supuesto cumplía con la vestimenta pedida a rajatabla.

Ella le escribió con sus ojos las que serían sus últimas palabras: ‘Te he querido, te quiero y te querré. Cuando quites la pantalla abrázame como siempre’. «Me sonrió, ya le habían puesto el líquido con la jeringuilla, la abracé y se fue», recuerda un afligido Miguel.

Sucedió el 1 de septiembre de 2023. Una semana y media antes de lo inicialmente previsto porque, dado su deterioro, Yolanda decidió adelantar la fecha prevista.

15 eutanasias en el último año

La suya fue una de las 38 eutanasias realizadas desde la aprobación de la Ley en Castilla y León. En el periodo de 2021 a 2023 ascendieron a 23 y en 2024 se llevaron a término una quincena, según los datos facilitados por la Consejería de Sanidad a este periódico.

El marido de Yolanda relata que ella tuvo que explicarse ante quienes debían decidir si aprobaban la delicada petición: «Estaba en plenas facultades y a los médicos les dijo sonriendo ¿no tenéis nada que decirme? Un psicólogo le respondió que estaban asumiendo la actitud que tenía, esa seguridad».

Solicitó la eutanasia y, una vez concedida, informó en junio de 2023 a la neuróloga que «quería la eutanasia para el 10 de septiembre». «Mi madre falleció ese día y prefirió que coincidiera», apunta Miguel.

La ELA adelantó el final

Sin embargo, los estragos de una enfermedad tan cruenta como la ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica) precipitaron los acontecimientos. A mediados de agosto le puso sobre aviso: «Te voy a pedir algo que te va a doler. Te voy a robar diez días de estar juntos porque no aguanto esta situación. Es muy doloroso, lo estás viendo... Llama a la neuróloga y adelántalo».

Su viudo asegura que por fortuna Yoli no encontró oposición en su entorno. «No hubo resistencia, sino comprensión», precisa.

Él siempre se mostró de su lado aunque reconoce sentimientos encontrados: «Si he de ser cien por cien sincero puede que no lo aceptara del todo, pero lo respeté. Entendí por qué lo hizo, por la crueldad de la enfermedad que deteriora tanto a la persona excepto el cerebro. Ella dejó de hablar, no podía sujetarse, no podía comer, había que extraerle la saliva, los mocos, las babas...»

El 24 de marzo 2021 se aprobó la Ley Orgánica 3/2021 de Regulación de la Eutanasia (LORE), que entró en vigor en junio de este año, y con ella la prestación de la ayuda a morir pasó a ser legal en España, sujeta a una serie de garantías y procedimientos para seguridad del paciente. Aunque eso no evita que se vea envuelta en ocasiones en polémica y división.

Sobre quienes se oponen a esta práctica, Miguel, dada su experiencia personal, opina que «quien no sabe lo que es puede no entenderlo».

Saber la fecha le dio paz

Este vallisoletano asegura que saber que contaba con la eutanasia cuando empeorara dio a Yolanda cierto sosiego, después de que su vida cambiara de sentido y adquiriera otra dimensión antes desconocida para ellos: decidir sobre la muerte mucho antes de que se produjera.

El proceso desde entonces no fue sencillo. «Yoli empezó a tropezar, le dolía el hombro... Fuimos al médico y en el momento que nos dijeron que tenía ELA yo me hundí y ella me sonrió: ‘no te preocupes, habrá solución’».

Apenas media hora después ella ya pronunció la palabra ‘eutanasia’ y sacó fuerzas para sostenerlos a ambos en ese trance tan crucial: «Cariño, no estés triste, ya sabemos lo que es. Ahora a luchar juntos como siempre. Pero voy a decirte una cosa que te va a doler: vamos a ir a informarnos porque pediré la eutanasia».

"A mí la ELA no me mata"

En ese instante pronunció las contundentes palabras que encabezan este reportaje y que a Miguel no se le olvidan y le reconfortan algo: «A mí la ELA no me mata, voy a marcharme con dignidad, cuando yo quiera».

Este vallisoletano relata que la enfermedad «arrasa con todo», con lo físico y con lo que no se ve. Los gastos se dispararon y tuvieron que adaptarse a bruscos cambios: que si la silla para el baño, la silla eléctrica, cambiar de coche...

«Nos arruinamos, tuvimos que pedir un préstamo», indica Miguel respecto al impacto económico de esta desalmada patología degenerativa.

"Ella quería vivir"

Echando la vista atrás, Miguel saca más de una conclusión contundente de todo lo experimentado: «Ella eligió cuándo irse, no dejó que la ELA decidiera y es lo poco que le quedaba, decidir al menos eso. Y que no quede duda alguna de que ella quería vivir, era todo vida, quería envejecer, pero llegó la enfermedad y se lo puso así», expresa su marido, que presume de la multitud de fotos de su esposa que guarda en el móvil y que también adornan el salón de ambos.

«Me decía a veces, en momentos malos, ‘sé cuándo me voy a morir porque estoy en el corredor de la muerte’», agrega.

Yolanda también pudo organizar en cierto modo su despedida y el día después. «No quería luto y me hizo prometerle algunas cosas que he cumplido, como que recorriera Asturias, de la que ella estaba enamorada. También me hizo asegurarle que no estaría con la misma camisa dos días», enumera dejando en evidencia cómo ella pensaba en todo.

«’Quiero que vayas guapo y, además de protegerte, te voy a vigilar. No te olvides de que cuando te vayas tú te buscaré y te encontraré’», le tecleó en una de sus últimas e íntimas conversaciones a pie de cama.

Desde entonces, casi dos años después de la muerte de Yolanda Fernández, Miguel afirma que «la vida sin ella no es vida». «Me dijo ‘vive, disfruta...’ Pero dónde está el manual para poder hacerlo», se pregunta. Al menos le queda un consuelo: «Yoli no se quedó con nada pendiente».

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