EVASIÓN EN LA CÁRCEL DE VILLANUBLA
El narco fugado de Villanubla esquivó cuatro controles de la cárcel metido en el petate y no se descarta colaboración interna
La Guardia Civil identifica con las cámaras el paquete «de gran formato» en el que se ocultó

Puerta de acceso al Centro Penitenciario de Villanubla. J. M. LOSTAU
Cada nuevo episodio enriquece el cinematográfico guion de la fuga del pasado viernes en la prisión de Villanubla. El narco Ángel Benito Moreno, de 47 años, se saltó cuatro controles antes de franquear los muros del penal. «Cuatro controles en cuatro espacios y módulos diferentes», subraya en respuesta a este periódico el subdelegado del Gobierno en Valladolid, Jacinto Canales.
Una de las principales incógnitas de la investigación es cómo pudo conseguir semejante hazaña, algo que solo parece tener dos respuestas: o no funcionaron los protocolos, o hubo colaboración interna bien de algún funcionario, bien de algún interno, o ambas. Canales da por hecho lo primero, lo que ya es suficientemente grave, y preguntado por lo segundo, apunta: «No se descarta ninguna línea de investigación, sin querer decir con ello que existan indicios». Una línea de investigación que parece tomar cuerpo a la vista de otras declaraciones de Canales, que remarcaba el sábado que la investigación «depurará responsabilidades» de tal manera que «cada palo aguante su vela».
Esquivar cuatro puntos de control se hace aún más sorprendente cuando los agentes de la Guardia Civil que realizan la investigación —una de las dos en curso, la otra es interna y está a cargo de Instituciones Penitenciarias—, sí han podido identificar claramente, con la sola visión de las grabaciones de las cámaras de seguridad, el petate —o bien el «paquete de gran formato», como dicen otras fuentes—, en el que viajaba oculto el narcotraficante.
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«Las cámaras no le captan a él, pero la Guardia Civil, a través de las cámaras, saca indicios importantes de dónde se encontraba. No se le ve, pero se le intuye», apuntan fuentes de la investigación. Instituciones Penitenciarias, por su lado, averigua qué protocolos fallaron –«varios protocolos, no solo uno», subrayan– y la causa.
Y es que para abandonar la prisión hay que saltarse varios puntos de vigilancia. El centro tiene una serie de módulos, cada uno con su control. Luego llega una serie de espacios comunes. «Para salir de ese espacio común hay que pasar el respectivo control, y después se accede a un corredor que no está cubierto y se accede a un tercer vestíbulo, que es la inspección de acceso a la edificación. Luego hay un cuarto control fuera, en el perímetro», explica la misma fuente. En total, cuatro recintos especiales que tienen vigilancia, cuatro espacios diferentes hasta que se sale de la prisión.
«Evidentemente aquí hay un ilícito penal. Se ha escapado un preso y eso tiene unas consecuencias penales, por lo tanto la Policía Judicial de la Guardia Civil está investigando esto», remarca Canales. En cualquier caso la investigación supone que el reo «estará lejos de Valladolid». También lejos de su entorno, en Cáceres, un entorno ahora vigilado.
En el último recuento
Los hechos se remontan al pasado viernes, 14 de febrero, cuando en el último recuento del día con motivo del tercer relevo del turno, a las 21,30 de la noche, los funcionarios del Centro Penitenciario de Valladolid, en el término municipal de Villanubla, se percataron de que el narco extremeño Ángel Benito Moreno se había esfumado.
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El reo, que llevaba un año cumpliendo condena en el penal, llegado de la cárcel de Cáceres, donde ya había cumplido otros siete, había escapado oculto en el petate de otro preso que salió en libertad ese día, según las hipótesis de los investigadores a la vista de las grabaciones de las cámaras de seguridad.
Ángel Benito Moreno, nacido en 1977 y aun pendiente de cumplir 20 años de prisión, podría encontrarse ya «muy lejos, quizá en el extranjero», apuntaron fuentes oficiales, que señalaron también como «evidente» que se produjo «un fallo humano o material» en los protocolos.
Según los primeros indicios Ángel Benito Moreno, perteneciente a un clan familiar de tráfico de drogas originario de Plasencia, en Cáceres, apodado ‘Los Hilarios’, habría aprovechado el alboroto de la hora de las visitas y la puesta en libertad de tres reclusos para escabullirse sin ser visto. Después tomó cuerpo la hipótesis del «equipaje o petate de gran formato», en el que se habría escondido y salido de prisión con uno de los reclusos puestos en libertad.