Crimen machista
El sadismo del asesino confeso de Paloma e India: se fumó un Cohiba tras el crimen
Fiscalía sostiene que David Maroto consumió prácticamente un puro en la cocina, lugar donde yacía el cadáver de Paloma
Un puro tras perpetrar un doble crimen de hora y media. Este fue el último placer del que disfrutó David Maroto tras arrebatar la vida de Paloma Pinedo, de 46 años, y su hija India, de ocho. "Fumador compulsivo", como sostiene la Fiscalía de Valladolid, las últimas caladas del asesino confeso las daría junto al cadáver de su novia, brutalmente apuñalada tras una discusión de madrugada. Maroto no fue capaz de acabarse el habano, consumiéndose poco a poco y a la par que la vida del hombre, quien había procedido a suicidarse tras confesar la autoría de sendos asesinatos. El Cohiba se apagó, pero Maroto no tuvo el mismo final, con heridas "meramente superficiales" que, cosas del destino, no fueron mortales para él, encadenado a sufrir la pena que este 11 de diciembre se empezará a estimar en la Audiencia de Valladolid.
El historial de David Maroto se mezcló en el pasado con las drogas y el alcohol. Ningún coqueto casual, sino que presentaba "antecedentes de consumo continuado", tanto por la bebida como las sustancias, concretamente cocaína y anfetaminas, como puntualiza el último escrito de la Fiscalía.
Valladolid
El asesino de Paloma e India mató a la niña cuando la menor llamaba al 112
Diego González
Solo tendría 25 años cuando acudió al rescate de asociaciones como Proyecto Hombre, ACLAD (Atención integral a colectivos en riesgo) o Cruz Roja. A ellas se vincularía desde el año 2003 y hasta el año 2018 para iniciar "tratamientos de deshabituación" de alcohol y drogas. Pero todos ellos los abandonó, puntualiza el escrito de conclusiones provisionales. Y no sería su única 'huida' ya que también acudió a la entidad ATRA (Asociación para el tratamiento y rehabilitación del alcoholismo) en dos ocasiones, pero también "sin continuidad".
De estos antecedentes sería consciente Paloma, también conocedora de la relación anterior de Maroto con una mujer que le denunció por violencia machista. Fue en el año 2017, y aunque fue absuelto tras un juicio rápido en el que ni el acusado ni su mujer prestaron declaración, seis años después le seguía carcomiendo el final con su expareja, con la que tiene un hijo pequeño de 9 años en común. Tal era la fijación que David le mandó un WhatsApp contando que el asesinato a Paloma había ocurrido por ella. "La culpa es tuya. Esta es la consecuencia" rezaba el mensaje escrito a las 01.30 horas.
Antes de esa fatídica hora, una discusión entre David y Paloma había desencadenado el crimen. Antes, el asesino confeso había acompañado a su hijo a un partido en Medina del Campo y había estado acompañado de amigos en varios locales de La Cistérniga y La Rondilla. No obstante, y como apunta la Fiscalía, "durante esa noche David no consumió drogas, ni estaba afectado por la ingesta de las consumiciones cuando sus acompañantes se marcharon".
Entre palabras, gritos y acusaciones, el temperamento de Maroto le llevó a coger un cuchillo de la cocina de 20 centímetros de hoja y, "con el ánimo de acabar con su vida", empezar a asestarle "múltiples puñaladas" a su Paloma. Una reacción "sorpresiva", según puntualiza el documento, "sin que ella pudiera presagiar en modo alguno el ataque, dada la confianza generada por su relación de convivencia".
A la pequeña India, escondida en su habitación, se le interrumpió el sueño de por vida en aquel 23 de enero de 2023. Se percató de la discusión, pero no fue hasta que entró en la cocina cuando vio la trágica escena, con el cadáver de su madre yaciendo en el suelo. Su reacción fue rápida e intentó llegar hasta la habitación de Paloma para coger su teléfono de empresa "con el que ella acostumbra a jugar". Lo consiguió y, una vez desbloqueado, llamó al Servicio de Emergencias 112 de Castilla y León. Eran las 01:35:25 horas y la llamada solo duraría siete segundos, con Maroto al acecho de la llamada y cuchillo en mano
India conseguiría realizar otras dos llamadas más antes de que le fuese arrebatado de sus manos el dispositivo "para evitar que la niña lograra alertar telefónicamente de lo sucedido". Y con Maroto ya en el salón, terminaría recibiendo un total de seis cuchilladas que acabarían con su vida con solo ocho años de edad.
El doble crimen perpetrado venció a Maroto, a quien las ansias de fumar le llevaron a buscar un puro "que había adquirido durante un viaje a Cuba". Lo fumó, no al completo, "dejándolo parcialmente consumido sobre la encimera de la cocina", donde permanecía el cadáver de Paloma.
Asimismo, tampoco pudo resistir el secretismo de los asesinatos, de forma que terminó confesándolo a su hermana y a su cuñado en una llamada que se alargó más de una hora. Si lo reconoció, también les dijo que se iba a suicidar. Así lo intentó con un cuchillo diferente al utilizado con Paloma e India, tumbándose en el suelo junto al cuerpo sin vida de su novia y realizándose pequeñas heridas en el tórax y el cuello. Pero él no sería capaz de conseguir lo que hizo con Paloma e India.
Ahora, tras permanecer en situación de prisión provisional desde el 26 de enero de 2023, David Maroto se enfrentará a dos delitos de asesinato, con la agravante de parentesco, en la persona de Paloma e India, y piden el fiscal del caso y las tres acusaciones particulares por el primero 25 años de privación de libertad y por el segundo prisión permanente revisable, junto con las correspondientes indemnizaciones y libertad vigilada por espacio de ocho años a cumplir con posterioridad al cumplimiento de la pena.
La defensa, en su escrito de calificación, solicita una condena global de 25 años de prisión al tipificar ambas muertes como delitos de homicidio, con la eximente incompleta derivada de la ingesta involuntaria de sustancias suministradas por terceros. Así, pide 12 años de privación de libertad por la muerte de Paloma y 13 por la de la pequeña.
La Audiencia de Valladolid inicia este próximo miércoles, 11 de diciembre, el juicio con jurado popular por el asesinato de Paloma Pinedo y su hija India a manos, presuntamente, del que fuera compañero sentimental de la madre, David Maroto.