La Overuela brinda por las lavanderas
El barrio bautiza su parque con la actividad de esta figura en homenaje a las mujeres que convirtieron ese espacio en un lugar de reunión

Varias mujeres se vistieron con la ropa que antes llevaban las lavanderas en homenaje a todas ellas.-J.M. LOSTAU
Con el paso del tiempo, el pasado se convierte en memoria y, en ocasiones, se sienta a disfrutar de un merecido descanso a la sombra de un árbol. Esta estampa es la que se dibuja sobre el lienzo de La Overuela, que ha querido proponer un brindis por la desaparecida figura de las lavanderas poniendo su nombre al renacido parque del barrio vallisoletano.
Hablar de lavar a mano en plena era tecnológica tiene casi tintes de novela histórica. Sin embargo, el pilón donde las mujeres bajaban todos los días a enjuagar las prendas de sus familias (y que dejó de usarse hace cuatro décadas cuando el agua corriente entró en los hogares) nunca llegó a secarse del todo. Hoy es un pequeño estanque que recuerda cómo aquellas mujeres anónimas retaban diariamente al gélido frío del Pisuerga para hacer la colada; una labor que ha pasado de puntillas a la historia y que La Overuela (en votación popular) ha querido reconocer. «Es un homenaje a las mujeres que en aquellos años bajaban a lavar la ropa. Nadie pagaba un sueldo y apenas tienen pensiones. Es un trabajo no reconocido que hay que ponerlo en valor y agradecérselo», explicó José Antonio Mata, presidente de la Asociación de Vecinos La Isla.
Este homenaje contó con la presencia de unas doscientas personas y concejales como Rafi Romero, Pedro Herrero, Alberto Bustos, Manuel Saravia y Charo Chávez, entre otros, además de un nutrido grupo de antiguas lavanderas. Reinas por un día (o para la eternidad gracias al bautismo del parque de La Overuela), compartieron sus anécdotas con los presentes que acudieron al mismo espacio que para ellas era mucho más que un lugar de laborar: «Era un espacio de libertad», explica José Antonio Mata. Un lugar en el que la censura ofertaba una tregua o en el que entonar coplillas lejos de los hombres o los niños.
El agua corriente empujó al abandono a una zona que se convirtió en un erial que hoy luce rejuvenecido. Hace cuatro años el parque renació y multiplicó su tamaño hasta los 1.200 metros cuadrados que (sumados a los cerca de 8.000 metros cuadrados de la zona verde) convierten a este entorno en «un pulmón del barrio». En este paisaje, la música tradicional de Toño Clavel puso la banda sonora a una cita con la historia que contó con varios vecinos vestidos de lavanderas y con actividades para los niños.
‘El parque de abajo’ (como se le conocía) ya tiene identidad, y con ella un crecimiento a las puertas. Los presupuestos participativos aprobaron la mejora del parque infantil que se levanta donde hace medio siglo lo hacían los bancos para lavar la ropa y, sobre todo, la construcción de un observatorio de aves en la ribera de La Overuela; una muestra de que la naturaleza, como el pasado, no siempre habita lejos de la jungla de asfalto.