Diario de Valladolid

LA ESPUELA. ENTREVISTA A MARTÍN ALONSO, MÚSICO

«La primera versión de ‘Karla’ sonaba como una jota»

Hace justo 30 años que compuso ‘Karla’ en honor a una enigmática mujer que ‘rozaba la niebla’ y que hoy sigue sonando en bares nostálgicos de la movida vallisoletana. Los Nadie germinó entre compañeros del instituto del Pinarillo para incorporar luego a otros músicos. Su local de ensayo era una casa molinera de La Farola que ya no existe. Su debut, el primer Concurso de Rock de la ciudad. Dieron el salto a Madrid y a las ‘teles’ nacionales. En el 98 se disolvieron. Aunque puede que pronto vuelvan a tocar una ‘nana’.

-PABLO REQUEJO

-PABLO REQUEJO

Publicado por
Esther Neila
Valladolid

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Pregunta.– Karla, ¿quién-es-esa-tipaaaaaaaaaa?

Respuesta.– Es una recopilación de muchos personajes de la noche.

P.- ¿No existió en realidad?

R.- Es mejor mantener el secreto y no delimitarlo a una persona.

P.- Cuente, al menos, si era un nombre real o lo eligió porque rimaba con ‘nana’, ‘coca’ y ‘loca’.

R.- Existía una Carla, pero en la canción lo escribimos con k porque era la época del rock radikal vasco. Conozco a gente que ha puesto a su hija Karla por el tema.

P.- Y con treinta años, ¿cómo se conserva la canción? ¿Le han salido canas y patas de gallo?

R.- Dice el pianista que se va a convertir en folklore, porquees una canción que refleja un lugar. De hecho, cuando la grabamos, la primera versión sonaba como una jota.

P.- Será por la influencia de sus inicios en grupos de folklore...

R.- No, por los estudios. Nos lo grabaron los de Candeal. En aquella época estaban muy en auge los movimientos de autonomía y el ámbito cultural se canalizaba a través del folk. Hasta que no fuimos a Madrid y lo grabamos en un estudio más roquero no sonó como en el disco. Ordovás nos decía que lo importante de un grupo era la grabación. Nosotros le decíamos que era el directo.

P.- La piratería les ha dado la razón.

R.- Sí. De hecho hay grupos indies que son una birria en directo aunque suenen bien en un disco por la producción. Es la estafita del rock nacional.

P.- ¿Y cómo eran aquellos viajes a Madrid?

R.- Eran una epopeya. No sólo por el viaje, que íbamos en un 850 de segunda mano, un coche que ahora es de colección. Recuerdo una vez que, tras dos pinchazos y un par de desmadres, al entrar a Madrid ya nos habíamos quedado sin dinero.

P.- Cuentan que Karla sonó, incluso, en otros países.

R.- Eso me han dicho, pero no me han llegado los derechos de autor.

P.- En Valladolid aún se pincha en los bares. ¿Qué le parece que sea un himno para puretas cuarentones?

R.- Me parece gracioso. Como los olores, la música tiene ese poder de asociar las emociones a una época. Y la gente lo relaciona con un momento en que lo pasaba bien.

P.- Solían salir al escenario con pantuflas, bata de cuadros o gabardina y sombreros de fieltro. ¿No le sangran los ojos al verse ahora en YouTube con aquellas pintas?

R.- La verdad es que algún día me he estado riendo un rato viendo los vídeos. Con la expansión de los nuevos canales de televisión, se generalizó el playback –una práctica que Mark Knopfler denunció en Money for nothing– y, como nos sentíamos ridículos, alguna vez nos cambiábamos los instrumentos. Nos reíamos de nosotros mismos. Pensábamos:‘esto es un teatro, todos lo sabemos, pero vamos a pasárnoslo bien’.

P.- Los Nadie no concordaba en número. ¿Corrigieron el plural por el poema de Eduardo Galeano?

R.- Primero era Nadie, luego Los Nadie y al final Los Nadies. Nos adelantamos y resulta que estaba muy de moda el poema de Galeano.

P.- Y lo sigue estando. Es muy reivindicado en esta crisis por el aumento de «los ningunos, los ninguneados, muriendo la vida, jodidos, rejodidos». ¿Caerá del cielo la buena suerte en lloviznita?

R.- Es difícil. La base sigue siendo una lucha de clases. Y está desapareciendo la clase media, que sustentaba el rock de los ochenta en Valladolid. En Madrid había más nivel económico. Carlos Berlanga dijo que, en la movida, la diferencia entre los ‘hijos de papá’ y el resto era que aquellos se podían confundir miles de veces y nunca iba a pasar nada. Cuando vi a Alaska en concierto pensé:‘esta chica no ha tocado en su vida’. Era mala, mala. Es la única vez que he visto al público echar a alguien del escenario, abucheándola.

P.- Y Los Nadie, ¿eran buenos músicos?

R.- Lo importante era mantener el espíritu de La bola de cristal:transgredir, provocar.

P.- Decía la Bruja Avería: ‘ponen mucho esmero los banqueros y los pobres sufren serios quebraderos’. Da la sensación de que no ha cambiado mucho el cuento en tres décadas.

R- Está claro. Seguimos con el opio del pueblo, que unas veces es el fútbol y otras veces son las elecciones. Pero en el fondo es una estafa. Nosotros nos criamos con la Transición, que fue como si te dejaran un parque que había pertenecido a otra persona y te dijeran: ‘ahora es tuyo’. Luego, en los noventa, nos dijeron: ‘pues resulta que no lo vais a administrar vosotros, sino los de siempre’. O los hijos de los de siempre.

P.- Y en el año 2000 ya lo habían privatizado y pagábamos un canon por entrar.

R.- Y ahora, con los recortes, tienes suerte si puedes entrar a regar.

P.- ¿Somos hoy más o menos libres que hace tres décadas?

R.- Yo creo que menos, pero la gente no lo sabe. A nivel musical, en aquella época vivíamos en un frenesí creativo, como un continuo carnaval. Y hemos acabado en una Semana Santa constante. La calle cambió. Y el que no conoció el carnaval cree que la normalidad es la Semana Santa.

P.- Muchos jóvenes nacidos en Democracia, de hecho, conocen la Transición por la versión edulcorada que ofrece Cuéntame.

R.- Sí, sí, y mire qué diferencia hay entre la ficción y los personajes en realidad.

P.- ¿Si fuera presidente, qué medida tomaría?

R.- Pues a lo mejor habría que resetear todo, limpiar el disco duro para empezar a construir de nuevo.

P.- Ahora que un DJ o un grupo de versiones gana más que una banda con repertorio propio, ¿a sus musas aún les quedan ganas componer?

R.- No, pero te lo tomas con más calma. Esto es como una vocación religiosa, siempre la tienes. Aunque nosotros pagamos IVA y otras vocaciones están exentas.

P.- ¿Por qué desapareció el grupo?

R.- Hubo varios factores. En la última formación, casi todos éramos insumisos e influyó el ambiente de derechas de Valladolid. De hecho, había una lista negra en el Ayuntamiento, con grupos que no podíamos tocar.

P.- ¿Cuando dejó de existir esa lista?

R.- No sé, imagino que las listas se meten en un cajón y desaparecen. Últimamente parece ser que no hay.

P.- ¿Con ‘últimamente’ se refiere al último año?

R.- Sí.

P.- Habla de insumisión. Varios miembros pasaron por la cárcel.

R.- Sí, recuerdo un concierto en el 93 o 94 en la plaza Cantarranas. A uno del grupo le estaba esperando la Policía para llevarle a Villanubla.

P.- En todos estos años, ¿ha habido algún acercamiento para recomponer el grupo?

R.- Algunos nos seguimos viendo. Como sigo en la música mantengo contacto con muchos músicos. El proyecto que tengo ahora es Chamanito, un grupo que se abre a otras culturas: dominicanos, cubanos, al flamenco, músicos de Costa de Marfil...

P.- ¿Los Nadie se hicieron ricos o se lo fundieron todo?

R.- La verdad es que vivimos dos o tres veranos gracias al grupo. Pero el invierno era el típico castellano.

P.- Frío y largo.

R.- Eso es. Lo que hemos propuesto al Ayuntamiento este año es hacer un concierto de homenaje a Los Nadie en la plaza Mayor, a todos los músicos que pasaron por el grupo. Estamos en trámites.

P.- Defina la palabra éxito.

R.- Pues sería el cumplimiento de unos parámetros que la industria del arte te recompensa con la popularidad. Pero yo siempre he intentado apartarme, porque el éxito no suele llevarse bien con la creación: te descompone, te descoloca, te descentra de lo que tienes que hacer.

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