Diario de Valladolid

ALQUILER JOVEN

Condenados a compartir piso en Valladolid: «Alquilar es un lujo»

Los jóvenes denuncian un «mercado innacesible y abusivo» y reclaman medidas para frenar la subida del alquiler

María López, una joven que lleva independizada desde hace tres años

María López, una joven que lleva independizada desde hace tres añosPHOTOGENIC

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Alquilar hoy en día es un lujo al alcance de pocos».El drama del alquiler se presenta como un escenario que no resulta halagüeño para los más jóvenes en España. Lo que antes era un ciclo natural -crecer, trabajar e irse de casa- ahora se ha convertido en un auténtico laberinto cuya salida está más escondida que nunca y que ya se deja notar también en Valladolid: la de conseguir un alquiler asequible. Los datos son claros y así lo demuestran el último análisis realizado por los portales de Idealista y Fotocasa, donde solo ocho pisos se encontraban por debajo del umbral de los 600 euros al mes en la ciudad del Pisuerga.

Esta situación fuerza a las generaciones más jóvenes a compartir espacio con otras personas, algunas veces con amigos, pero en otras ocasiones los pisos se convierten en un popurrí de personas desconocidas a las que la situación laboral o los estudios les ha llevado a crear su particular nido de convivencia. La experiencia ya trasciende a la etapa de estudiante y se mantiene cuando las futuras generaciones consiguen su empleo, y es que el sueldo actual «no está compensado con los altos precios de los alquileres», tal y como ellos mismos lamentan.

El calvario del alquiler sólo ocho pisos se encontraban por debajo del umbral de los 600 euros de alquiler al mes, lo que supone un 1,84% entre el total de la oferta en Valladolid. con 437 casas y pisos para optar a un arrendamiento.

Así es la situación de Lucía. Aunque natural de Zamora, esta joven de 27 años lleva ya siete años viviendo en Valladolid y cuenta con una dilatada experiencia en eso de convivir con personas desconocidas. Su primera etapa en esta experiencia se dio mientras estudiaba en la universidad. Pero, una vez terminados los estudios, continuó compartiendo piso porque, pese a comenzar a trabajar, el sueldo no le llegaba para plantearse vivir sola. «Al principio sí que fue una elección porque era estudiante, pero ahora no tengo elección estando trabajando y viviendo fuera de mi ciudad natal».

La problemática del alquiler, a su juicio, tiene por ahora una difícil solución, también en gran parte por la influencia de Madrid. «Se quiere más cercana Valladolid a Madrid (inversiones, trabajadores que van y vienen cada día) y están haciendo que se disparen los precios», afirma. Por todos es conocido que convivir no siempre es sencillo y muchas veces surgen conflictos con los que hay que respirar y contar hasta tres. «La peor parte es el tema de las discusiones por los gastos y la limpieza», explica a este periódico.

Aunque, por otro lado, cuando se crean relaciones de amistad el tiempo compartiendo espacio se hace más liviano. «Se te hace más ameno que estando solo y si sois amigas siempre hay planes». No obstante, denuncia que los pisos disponibles en muchas ocasiones no están en las mejores condiciones. «Depende del barrio, pero muchas veces no hay opciones reales, los pisos son viejos y se paga una gran cantidad por ellos y encima hay que reformarlos enteros». Su petición al Gobierno y las administraciones es clara: limitar los precios. «Que hagan su trabajo y miren por el pueblo. Que limiten los precios en vez de tanta vivienda de protección oficial con zonas de coworking».

«Es muy difícil tener la capacidad económica para poder vivir por tu propia cuenta»

«La oferta es escasa y mala. Opciones hay, pero no buenas»

Pese a las diferencias vitales y de edad, lo cierto es que la frustración se apodera de los jóvenes cuando deciden acercarse a una inmobiliaria. «Es muy complicado tener la capacidad económica suficiente para vivir por mi cuenta sin tener que depender de nadie», lamenta Andrea, una estudiante de 23 años que paga 240 euros por su habitación y comparte piso con dos personas más. Lleva cinco años compartiendo piso, desde que comenzó la carrera. «Comparto un poco por la mezcla de dos cosas. Por un lado, es una necesidad porque es muchísimo más asequible que vivir solo, pero por otro tiene parte de elección porque en este momento de mi vida sí que prefiero vivir con más gente», argumenta. Desde su punto de vista, el hecho de vivir con más gente está lleno de matices, a veces buenos y otras veces no tanto.

«En mi caso siempre he compartido con gente que ya conocía de antes, lo que facilita todo. Lo peor es que cada uno tiene sus costumbres y a veces hay problemas con temas como los ruidos, invitar a gente a casa o utilizar cosas de otros sin preguntar». Una experiencia que, en definitiva, cambia a las personas y que a veces apetece vivir como un aprendizaje de vida, pero que tiene sus riesgos. «Te arriesgas a convivir con personas que no congenian con tu forma de hacer las cosas y por ende puedes vivir en conflicto».

En su caso, el tema que ha traído más cola ha sido la problemática de la limpieza, especialmente en las zonas comunes. «He llegado a encontrar platos dejados más de una semana con comida pudriéndose en una sala común. La clave es poner límites especialmente en zonas comunes, a mi como tengan su habitación me da igual». Aunque tampoco se escapa de algunos conflictos con los caseros. «Estuve en un piso donde había moho en las paredes por falta de aislamiento en el piso ya que había goteras y la solución de mi casera fue que cogiésemos la fregona y la quitáramos con ella». Sus expectativas a futuro por ahora no contemplan vivir sola. «Sin la ayuda económica de mis padres no creo. La situación en Valladolid no es ideal y si lo haces supondría un gran esfuerzo».

 Ante un futuro incierto, Andrea comparte la visión de Lucía: apostar por intervenir en la bajada de los precios y una mayor oferta. «Muchas veces te encuentras pisos normales a precios desproporcionados».

Quienes acaban de terminar su andadura en la universidad e intentan incorporarse al mercado laboral se encuentran en esa especie de limbo en el que aún mantienen un pie en la universidad y otro en el trabajo. Es el caso de Javier, que con 24 años se encuentra realizando unas prácticas universitarias remuneradas. «Se me va el 70% del sueldo en el alquiler», lamenta el vallisoletano, que abona 500 euros por su habitación. Actualmente convive con otras dos personas, aunque en un principio la intención sí era irse a vivir solo. «Estuve buscando pero no encontré nada por menos de 700 euros, por no hablar de la calidad que ofertan en algunos pisos. he llegado a ver anuncios donde solo hay una ventana o la cama al lado del frigorífico», confiesa el joven.

Pese a no ser su opción preferente, lo cierto es que hasta ahora ha tenido suerte con sus compañeros de piso, ya que no ha tenido ningún conflicto importante. Cuando piensa en los precios actuales de los alquileres afirma que ha notado cambios desde que comenzó a compartir piso allá por 2021. «A lo largo de los años sí que se nota que han ido subiendo los precios».

Su momento vital actual, en el que está tratando, en sus palabras, de conseguir todos sus objetivos, irse a vivir solo no se encuentra, desde luego, en lo más alto de su pirámide de Maslow particular, pero que también se aplica a muchas personas de su generación. «Sin la ayuda de los padres no podemos mantenernos en la ciudad». Sobre si hay opciones, no cae en el pesimismo total, pero aporta un punto de realismo. «Hay opciones pero ninguna se salva de estar una temporada ahorrando en casa de tus padres».

Además, pone el foco precisamente en estos recién graduados que se encuentran haciendo prácticas remuneradas. «Creo que el Gobierno debería establecer más medidas adaptadas a las situaciones reales de los jóvenes cuando estamos en esta situación. Apenas tenemos salario y además va todo al alquiler, lo que no nos deja desarrollar nuestras actividades». En la misma tesitura que se encuentra ahora Javier se encontraba hasta hace solo un mes María. «Ahora mismo vivo de mis ahorros que he conseguido en las prácticas y algunos trabajos que he ido encadenando en este tiempo». Tras cinco años viviendo en Valladolid, la recién graduada ha pasado por diferentes fases compartiendo piso.

En el primer año estuvo en una residencia universitaria en la que sus padres le pagaban el alquiler de la habitación y fue en segundo año, cuando comenzó a obtener algunos ingresos, cuando se aventuró a compartir piso con dos compañeras de carrera y se volvió independiente económicamente. «No fue una muy buena experiencia, es por eso que solo convivimos durante un año». Al terminar ese año, optó por irse a vivir con su pareja, una situación que se mantiene tres años después, aunque con un panorama de precios radicalmente diferente. Pagan 500 euros por el piso. «Hace cuatro años cuando mirábamos pisos había unos precios que ya no existen. Ha subido muchísimo».

Además, María incide en las ayudas al alquiler que la Junta de Castilla y León pone a disposición de los jóvenes (el llamado alquiler joven). «El tema de las ayudas está muy bien, pero el problema es el tema de la burocracia» y confiesa que incluso ha renunciado a alguna de estas ayudas por esta razón. «He renunciado a solicitar algún tipo de ayuda para el alquiler para jóvenes por los trámites y el papeleo que hay que hacer para poder acceder a una de ellas». Pese a lo complicado de navegar por las aguas de los alquileres en los tiempos actuales, María se considera una «afortunada». «Vivo con mi pareja y está saliendo bien. No todo el mundo tiene la suerte que yo tengo», explica a este periódico.

Pese a que pueda parecer un caso aislado, lo cierto es que son muchos los jóvenes que primero pasan por vivir en una residencia de estudiantes y luego optan por irse a un piso, normalmente con amigos. La base sigue siendo la misma, irse solo ni siquiera es una opción, más bien una utopía. Por esto mismo Sofía, de 21 años, directamente optó por irse a vivir con tres amigas tras la experiencia en una residencia universitaria.

Actualmente paga 215 euros por una habitación en un piso que comparte con otras dos personas. «He estado compaginando trabajos temporales mientras estoy estudiando, pero actualmente me lo pagan mis padres». Por ahora, no está en su mente cambiarse de piso, ya que considera que ha tenido suerte con el sitio donde vive ahora y en el contexto actual de su vida.

«Mi alquiler es bastante económico y está bien situado para mi día a día, pero para alguien que quiera vivir solo los sueldos no ayudan y tampoco los puestos de trabajo son estables». Para Sofía, poder independizarse va más allá de volar del nido. Es como una muestra de que la vida, efectivamente, avanza, y los objetivos se van cumpliendo poco a poco. «Si eso se da es porque ya tienes un trabajo que te permita tener independencia económica», afirma.

Otro de los factores que marcan el compartir piso es la comodidad. Así al menos es como lo ve Naroa, de 23 años. «Es lo más común cuando eres estudiante y también lo más barato». Comparte piso con dos compañeras desde hace cuatro años.

Además, la joven también denuncia que pese a subir el precio de algunos productos como la ropa o la misma cesta de la compra, los salarios no lo hacen a la vez, lo que se traduce en una descompensación, una problemática visible en muchas personas de su entorno. «Cada vez se hace más difícil y más en nuestro caso, que tenemos los sueldos más bajos posibles», zanja.

La misma estela sigue Blanca, que paga 210 euros por la habitación que tiene alquilada junto a dos personas más. Mientras su etapa estudiando Trabajo Social se alargue, la situación se mantendrá. «Directamente ni me he planteado irme sola. No me lo podría permitir» Razón por la que descartó la opción desde el pirmer momento, al igual que sus compañeros. «No llegamos a buscar ningún piso ya que una conocida se iba de él, nos lo comentó y nos quedamos aquí».

Por otro lado, Marina vive una dicotomía según la época del año. Durante el verano trabaja y el resto del año, cuando toca volver a las aulas, sus padres le ayudan a pagar gastos como el alquiler o la comida. Aún así, el dinero que obtiene de algunas becas también va para el alquiler. «Estoy becada por el ministerio y ese dinero va invertido a pagar el alquiler», afirma.

«Económicamente para una persona joven es imposible si no compartes piso», expone la joven de 21 años, que también se une al carro de quienes sitúan la convivencia como la parte más difícil. «Si a veces es complicado vivir con tu familia. Hablamos de que son personas totalmente externas a tus rutinas».

A futuro, si tiene que imaginarse viviendo en otro lugar, desde luego no es haciéndolo sola. «Lo más cerca que me veo de vivir sola es compartirlo con una persona ,-ya sea con tu pareja o amiga- que el alojamiento tengo una o dos habitaciones , un baño , cocina y salón y en un espacio reducido». Una realidad que limita las opciones de futuro. «Tienen que subir los sueldos porque los alquileres no van a bajar mientras haya gente que puede permitírselos».

Desde luego, el precio de los alquileres sigue dando dolores de cabeza a los inquilinos . «La gente joven se esfuerza estudiando y trabajando y la vida no está preparada para dejarles un espacio para vivir dignamente», comenta.

«Directamente ni me he planteado la posibilidad de irme sola. Lo veo imposible»

«Limitaría los precios. Se me va el 70% del sueldo en pagar el alquiler »

Tampoco escapa de esta pescadilla que se muerde la cola Víctor, un joven de 22 años que trabaja de técnico de mantenimiento. Actualmente comparte piso con dos personas más y paga 250 euros por su habitación. Pese a haber encontrado hace pocos meses cierta estabilidad, explica que por ahora la posibilidad de irse a vivir solo es, en una palabra, «inviable».

«No quiero gastarme todo mi sueldo en un alquiler, eso lo tengo claro. Ahora mismo lo que busco es ahorrar». Es por eso que, pese a sí poder permítirselo, prefiere continuar así y lleva compartiendo piso desde hace cuatro años, y pretende seguir así durante algún tiempo más.

Desde su punto de vista, el mercado del alquiler en Valladolid no es de los peores del panorama en España. «Lo veo bastante bien en el caso de los pisos de estudiantes, sobre todo comparándolo con otras ciudades como Salamanca». Donde sí ve la dificultad Víctor es en conseguir una hipoteca. «Comprarse una casa ahora mismo lo veo complicado». Lo que sí tiene claro es que tampoco le gustaría vivir solo en un futuro.«Me veo viviendo con amigos o con mi futura pareja, pero solo la verdad es que no».

Buscar puede ser una tarea ardua. A veces pasan meses y el inquilino no encuentra el lugar ideal, normalmente debido a los precios. Esto es lo que le pasó a Raúl, que actualmente comparte piso con otra persona, aunque en su caso sí que fue una elección. «Cuando estábamos bucando vimos de 700 euros muy malas y algunas que llegaban hasta los 900 euros».

Independiente desde enero de este año, el querer «volar del nido y conseguir autonomía» se ha podido cumplir gracias a su situación laboral y a que el hecho de compartir facilita algunas cuestiones. «A la hora de los gastos es más sencillo». Por otro lado, afirma que a día de hoy no es sencillo que independizarse se haga realidad. «Opciones hay, que sean buenas no», explica. Algo que solo se podría suplir, a su juicio con «una bajada real del precio de la vivienda».

VIVIR CON LOS PADRES

Unido a quienes tratan de hacerse un hueco en el mercado de la vivienda abandonando el nido familiar aunque sea compartiendo piso con personas desconocidas, muchos jóvenes todavía optan por quedars e con sus progenitores, aunque en muchos casos el deseo de volar sea una de sus prioridades.

«Me planteo el independizarme, pero más adelante», explica Sara, una vallisoletana de 24 años que ya vivió independizada durante una temporada. «Mientras estudiaba fuera viví con otras personas, y aunque esté cómoda en casa de mis padres la verdad que sí me gustaría independizarme».

Un sueño que, de darse, significaría dar un paso más en su vida. «Supondría vivir en mi propia casa con el dinero que yo gano». Un contexto parecido al que vive Olga, de 25 años. «Si pudiera lo haría, pero ahora mismo con lo que gano y estudiando a la vez lo veo completamente imposible», lamenta.

Pese a no haber experimentado todavía el estar independizada, confiesa que es un deseo interno que tiene y algo que puede ser hasta un tabú cuando se llega a cierta edad. «Es frustrante. Y pienso si llego a los 30 y sigo con mis padres, que es lo más probable, me daría algo de vergüenza».

En el caso de Daniel, de 23 años, su actual situación de desempleo le fuerza a tener que seguir en la casa familiar pese a ya haber experimentado el compartir piso anteriormente con amigos, algo a lo que querría volver. «Las normas del juego tienen que cambiar. Lo que no puede ser es que ningún joven pueda permitirse independizarse porque no existe oferta de vivienda para comprar a precios asequibles o para independizarse».

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