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Las victimas al hoyo, y los políticos culpables al bollo. A un año de la tragedia de Adamuz, llega la hecatombe de Urda. Pase de conjeturas y opiniones. Se trata de los mismos políticos, de los mismos argumentos, de las mismas mentiras, de las mismas miserias, de las mismas indignaciones, y de los mismos ladrones y mentes criminales. Sánchez de Puente & Puente de Sánchez lo tienen claro. Ya tienen su culpable: «una persona» o carne de cañón al frente del descontrol de su propio sistema obsoleto. Este señor, más los que a la misma hora del fatal accidente viajábamos el miércoles en el Intercity Ponferrada–Valladolid, somos también culpables propicios para ellos. Este tren, que se descompone en cuanto se pone en marcha, es un milagro en raíles. Sólo piensas en una cosa desde que arranca: ¿llegaré a Chamartín?

Nos consideran culpables, porque montarse en ese tren tercermundista –24,95 euros con gastos de gestión incluidos– es realmente suicida. ¿Pero qué vamos a hacer? ¿Quedarnos sin cita médica como era mi caso, sin trabajo, o sin unas horas de ocio? No vale que te digan, como me advirtieron el miércoles por What: «bájate de ahí, que ha habido un accidente espantoso en Toledo». No pude apearme en marcha. Somos culpables porque todavía no nos creemos del todo que estemos en manos de una banda de ladrones y criminales, como acreditan las últimas sentencias y encausamientos judiciales. Para ellos formamos parte activa de la peña del pinrel en la que «son tontos todos los que lo parecen y la mitad de los que no lo parecen», que escribía Gracián. Igual que esos jueces que en campaña electoral son tan justos y respetuosos que hacen de Sánchez & Puente un perchero para colgar la toga. Qué solas se quedan las víctimas.