PENSAMIENTOS INTRUSIVOS
Las Cortes ‘backrooms’
Me gusta el cine de terror de bajo presupuesto. Suple con ingenio la falta de recursos y, a veces, pega un pelotazo que lo pone todo patas arriba. Y, mira por dónde, ha venido a coincidir el estreno de uno de esos éxitos, Backrooms, inscrita en el terror psicológico, con el estreno de la legislatura en Las Cortes de Castilla y León.
¿Por qué los relaciono? Ambos se basan en los llamados espacios liminares, estancias que suelen estar destinadas al ajetreo o/y el trabajo febril, pero que si se observan desocupados adquieren una naturaleza inquietante. Hasta aquí las similitudes. La peli Backrooms, que crea una perturbadora narrativa a través de esos espacios, costó apenas 10 millones y recaudó 200 en un fin de semana. El edificio de las Cortes es un espacio liminal en el mundo real que costó unos 65 millones y, repitiendo tedioso argumento año tras año, sale a un pastizal por temporada.
Obvio: si el edifico de las Cortes es real, su terror también. Vaya mi admiración ante todo a los que allí trabajan (no a los procuradores, a los que allí trabajan). Auténticos héroes en ese container de backrooms. Durante meses limpian el polvo en estrados y despachos de gente que gana un pastón sin casi moverse de casa, porque pisar Cortes pisan poco, mientras ellos aplican tres en uno en las bisagras y restauran todo lo que se jode por falta de uso. Sobre todo, está el icono de la máquina pulidora hasta donde se pierde el horizonte y, en medio, la nada. Luego, en bucle, aquello se llena de gente, como ocurrió la semana pasada. Se nombra a un presidente del PP por incomparecencia del contrario. Véase la foto del antiguo alcalde de Soria y ahora frontman del PSOECyL portando un platito con algo blanco. Algunos dicen que fue el momento más brillante de su intervención. A mí, qué quieren, me parece San Soriano Gurruño y Mártir, pagando por su cachondeo de hacer de Santo Padre en unas fiestas, condenado a sujetar una muestra de lo que quedó de aquella gracia, como Santa Águeda lleva las tetas en una caja. Dios castiga sin piedra ni palo y sus superiores le han abandonado siguiendo al Papa auténtico por si, como el Duque de Lerma, consiguen refugio en sagrado. Y, para colmo, el Barbón de su vecino ya tiene las suyas a remojar.
Y es que nada nuevo hay bajo la luz que se cuela por el funerario alabastro en el hemiciclo color ataúd. Vitruvio Polión, al que debemos el primer tratado de arquitectura, fijó que antes de construir hay que pensar muy a fondo, y con honestidad, en el uso, la solidez y firmeza.
A Pollán, de un Vox que iba a chapar o dar otra utilidad a los recintos autonómicos, cosas veredes, le debemos el numerito de Don Pantuflo para que Zipi y Zape no rompan las sillas. He ahí el nivel del edificio. Un apunte, señorías. Allí se pronunciaron las palabras «esfuerzo e ilusión» en ese Minecraft que no pasa pantalla. Afánense, ya toca, en obras buenas con ingenio, en mucho hacer y poco gastar en su backroom. No se queden mirando las paredes y no nos lleven a una dimensión más inquietante. Aún más.