Un gobierno obligado a emplearse con acción e intensidad política real

Alfonso Fernández Mañueco y Carlos Pollán, en la presentación del pacto en el hall de las Cortes.
Al fin PP y Vox han cerrado un acuerdo para empezar a gobernar, de acuerdo con el mandato de las urnas del 15-M. Y las urnas, además de soberanas, son sagradas. Incluso para los que desde distintas atalayas políticas, sociales o sindicales están en desacuerdo con la decisión del pueblo soberano. El acuerdo, en su mayoría, es un tocho infumable de 62 folios repleto de literatura y fantasía, con el único argumento que justificar 81 días de supuestas negociaciones, de algo que, tal y como reflejan los análisis de este periódico a través de la Inteligencia Artificial, viene cuajado de Extremadura y Aragón. Sobra tanto, que por algún momento el acuerdo parece más con el gobierno de Pedro Sánchez que entre los dos partidos, a la vista de los innumerables objetivos que le marcan al ejecutivo central. En cualquier caso, que no se olviden que el próximo año se abrirán las urnas y esa beligerancia de exigencias metidas en el acuerdo pueden adquirir relieve real y no efectista si son PP y VOX los que llegan a la Moncloa. Lo más importante es que se conforme un gobierno. El cuarto de Alfonso Fernández Mañueco en tres mandatos. Tres en coalición tras la última etapa del PP en solitario con unas realidades en empleo, crecimiento económico y hasta freno al lastre de la despoblación no vistas en Castilla y León desde hace 20 años o más. Lo más importante, que es de donde parte el pacto de la marmota, así conocido por el tiempo que se ha perdido en procedimientos tacticistas en otros órdenes por parte de VOX, es que ambas formaciones se ponen como primer deber y obligación confeccionar un presupuesto para el crecimiento. Un gobierno que reestructura el arquitrabado que había hasta ahora y en el que los de Abascal renuncian al departamento de Empleo e Industria que tantos quebraderos de cabeza le dio en la etapa de Mariano Veganzones. Un triunfo a todas luces de los sindicatos y la patronal, aunque sea involuntario y más por torpeza de VOX. El acuerdo refleja también, como lo hicieron las urnas, que Mañueco y su PP fueron los más fortalecidos de los comicios. Incorpora una segunda vicepresidencia para los populares. Y de nuevo todo el gran peso presupuestario recae del lado del PP, que gestionará la Sanidad, la Educación y los Servicios Sociales, el 80% del presupuesto de la Junta. Ahora toca gobernar sin más dilación. Y con acción e intensidad. Bien haría también el PSOE de Carlos Martínez en abandonar de una vez por todas ese espíritu lastimero, remolón y quejica, que todavía arrastra de los tiempos de Tudanca y que aúna décadas de derrotas e indolencia existencial. Hace tanta falta un gobierno sólido como una oposición fuerte e incisiva, no una jaula de grillos.