El trabajo y estar a lo que hay que estar redunda en éxitos policiales

Operación del GAR de la Guardia Civil en carretera de rueda 21
Cuando las unidades policiales están a lo que hay que estar, es decir, a la lucha contra el delito y la delincuencia, detienen a golfos, maleantes, corruptos, criminales, narcos, terroristas y hasta embrionarios yihadistas en ciernes. Eso es lo que ocurrió ayer en Valladolid y en Burgos, gracias a la vigilancia y el trabajo paciente, sensato y minucioso de los agentes del Grupo de Acción Rápida (GAR) de la Guardia Civil de la comandancia central. Detuvieron a dos potenciales asesinos en proceso de autoadoctrinamiento islamista para convertirlos en asesinos en cualquier calle de nuestro país. Es lo que tiene el trabajo policial, en contraposición con los delirios de algunos agentes que se dedican a incomodar a los informadores, como viene ocurriendo cada cierto tiempo en Valladolid, ante la pasividad de los dirigentes políticos de las instituciones implicadas: Ayuntamiento, Subdelegación del Gobierno y Delegación del Gobierno. Por eso, seguramente por eso, las detenciones y las operaciones exitosas proceden habitualmente de los servicios centrales, o incluso de policías extranjeras, como el enorme alijo de cocaína camuflado en carbón procedente de Portugal, cuya banda fue desarticulada por agentes lusos y vascos. Los de Valladolid ni la olieron. Luego supimos que el jefe de la lucha contra el narco en Valladolid era el primero de los narcos. Y tampoco nadie lo olió en la comisaría pucelana. Tuvieron que acudir los de asuntos internos, de Madrid, a poner fin a las andanzas del agente, convertido en un narco uniformado y con carta blanca para operar gracias a su placa y su mando. No sólo no destruía la droga capturada en alijos, sino que se la quedaba para volver a ponerla en el mercado y engordar su patrimonio y su garaje particular. Este es el asunto nuclear del desvarío en el que viven las fuerzas del orden, especialmente en Valladolid. Un trajín constante de jefaturas. Puestos descabezados constantemente. Agentes detenidos por corrupción o narcotráfico. El del jefe es el segundo en poco más de un año, tras la agente en prácticas, que también traficaba. El crimen del joven de Laguna sin resolver, el mayor desbarajuste de la reciente historia policial en el caso de la joven Esther López. Los narcopisos campando a sus anchas en Valladolid. Bandas latinas campando a sus anchas y asesinando a jóvenes. Pero la preocupación es que un fotógrafo o un periodista, en un espacio público y en el ejercicio de sus derechos, como cualquier ciudadano con un móvil, haga fotos. No sea que les vaya a captar el momento en alguna actitud incómoda. O simplemente por puro complejo de inferioridad de quien cree que una gorra, un uniforme y una pistola le otorga la autoridad de la que carece.