AL SERENO
Hablaremos de Treviño
La polémica de Treviño es tan imperecedera que hasta sirvió de argumento a una película satírica que quiso aprovechar el tirón del humor localista que se inauguró con la genial ‘Ocho apellidos vascos’ pero con mucha menos aceptación del público. No obstante, la película refleja perfectamente la utilización de este asunto como tótem político al que arrimarle unas antorchas cada vez que hay elecciones para que los más encabritados de la tribu salten a bailar dando vueltas a la hoguera. Tan vieja es esta suerte de tira y afloja del PNV con Burgos que habría que medir con carbono 14 la antigüedad de las primeras crónicas en las que exigían que la ‘octava cuadrilla’, como quieren denominarla los alaveses más recalcitrantes, se integrase en el territorio de la provincia vecina. Si nos ponemos a repasar las razones históricas para este pleito territorial se nos acaba el folio sin llegar a ninguna conclusión. De reinos y señoríos por aquí sabemos un rato y nos acordamos de los reyes y sus nobles vasallos. Quizá porque, como todo en esta vida, todo el mundo tiene su parte de razón se equivoca de vez en cuando. Es cierto que la vida se les complicaría mucho a los vecinos de los pueblos y urbanizaciones de Treviño si dependieran exclusivamente de Burgos, teniendo a Vitoria a tiro de piedra y lo es también que hacen la vida en la capital alavesa. No hay más que ver el tráfico de entrada que tiene Vitoria por la autovía a primera hora de la mañana. Por eso tiene toda la razón del mundo el presidente de la Diputación cuando argumenta que lo que interesa es que «los treviñeses y cualquier burgalés, viva donde viva, tengan los mismos servicios, las mismas oportunidades y vean en sus administraciones elementos vertebradores y no divisores». Dicho de otra manera, que la vía es extender la cooperación leal entre instituciones para que Treviño tenga la calidad de vida de un cantón suizo, como en la película. Pero será imposible si cada vez que se acercan unas elecciones o tiene a un Gobierno estatal con las rodillas flojas, el PNV arrecia con la matraca del referéndum y el rollo patatero de que Treviño es alavés. Con Pedro Sánchez sumamente necesitado de mínimos apoyos en el Congreso de los Diputados ahora que sus muletas de la izquierda y la derecha nacionalistas se ponen de perfil por el caso de ZP y empieza a hacer mucho frío en el hemiciclo, los jeltzales se taparán la nariz para ignorar el tufo de la corrupción que tanto les molestó cuando la moción de censura a Rajoy y apretarán para lograr el referéndum en Treviño igual que sucedió con el cierre de la central nuclear de Santa María de Garoña, que entre Zapatero y Rajoy ejecutaron su sentencia de muerte que venía firmada desde Neguri. Un año quedan para las municipales de 2027 y vamos a hablar mucho de Treviño. Al tiempo.