Las huelgas de médicos salen caras

Manifestación de médicos por el Estatuto Marco en León
Las huelgas de médicos con las que nos obsequia la ministra de Sanidad, Mónica García, por negarse a dialogar y negociar con el colectivo, empiezan a costarnos caras a los ciudadanos, que las pagamos con la suspensión de consultas y el cierre de quirófanos. Y todo esto tendrá su consecuencia ineludible en las listas de espera, que volverán a engordar. Sólo ayer se suspendieron casi 200 operaciones en la sanidad de Castilla y León, 400 pruebas diagnósticas y más de 8.000 consultas. Las huelgas de médicos nos salen caras a los contribuyentes, que pagamos la sanidad y también pagamos las broncas entre médicos y políticos.
Confiemos en que los prestidigitadores estadísticos de la Consejería de Sanidad no aprovechen la movilización médica para camuflar parte de la incompetencia que también rige entre tanto gerente, coordinadores y coordinadores de los coordinadores. Demasiados médicos en puestos burocráticos, mientras en algunos ambulatorios, como se les conoce clásicamente a los centros de salud, las esperas en atención primaria en algunas consultas no bajan de los ocho días. Son siempre ocho días, como es el caso del Pisuerga en Arroyo de la Encomienda, sin ir más lejos de Valladolid. Han inventado el nuevo sistema métrico decimal:el litro, el kilo, el metro y los ocho días de espera para consulta. No faltan médicos. Sobran médicos dedicados a la burocracia y a los kilometrajes para cubrir puestos o hacer guardias. Falta organización o el sistema acabará estallando. Y esto no es causa de la ministra que cubre su hambre de vanidad con el protagonismo perdido en el Gobierno de Sánchez, en vez de estar en la algarada continua contra Isabel Díaz Ayuso. Por cierto, que Madrid, con todas las críticas, demonizaciones y demás bulos sobre su sanidad, es, de largo, la comunidad con las listas de espera más mermadas. No hay ningún secreto. Y seguramente si lo copiaran los rectores de la sanidad de Castilla y León, nuestras listas de espera, que están mucho mejor que el conjunto nacional, todavía brillarían más esplendorosas. Consiste en no detener la Sanidad los fines de semana, como si las dolencias y enfermedades se fueran de puente. En Madrid las pruebas e intervenciones también se practican sábados y domingos. Mañana y tarde. Es una idea de gestión que no requiere de grandes estrategias sanitarias. Tomen nota los otros y los unos para incorporar entre las prioridades nacionales del pacto venidero. Prioridad nacional es también, sin género de duda, que haya oncólogos en El Bierzo, donde el gerente, Juan Ortiz de Saracho, gestiona un verdadero desguace de sanidad, pero da rueda de prensa sobre auténticas paridas. Sólo hay que ver los resultados electorales del 15-M, con un PP 14 puntos por debajo del PSOE en Ponferrada, para pulsar el sentir de la gente y lo encantada que está con la sanidad berciana y las zarandajas del gerente, que llegó para arreglar el desaguisado y, de momento, ni un palo al agua. Prioridad nacional es que haya anestesistas en el hospital de Miranda.