Buenas intenciones para un tiempo nuevo en las Cortes de Castilla y León

El nuevo presidente de las Cortes, Francisco Vázquez, recibe las felicitaciones del portavoz del Grupo Socialista, Carlos Martínez Mínguez.
Un tiempo nuevo empieza en las Cortes de Castilla y León. Confiemos en las palabras del nuevo presidente, Francisco Vázquez, y en que el comportamiento de todos los grupos aliente un cambio y un giro que encamine a recuperar la dignidad deteriorada de la institución. De entrada, el PSOE de Carlos Martínez se ha reseteado en cortesía y educación a la altura de lo que exigen los ciudadanos a sus representantes. Para el olvido queda aquel PSOE de Tudanca que hace cuatro años inició la legislatura negando el saludo al antecesor de Vázquez, Carlos Pollán, al que ni conocían, en un acto ruin de deshumanización del rival político. Un acto cargado de sectarismo, fanatismo y hasta fascismo por parte de quienes los practicaron. Así empezó aquel PSOE y hoy ya sabemos cual ha sido su destino. No quedan ni raspas. Sólo un Tudanca aislado, como estaba ayer en el hemiciclo, mendigando renovar en el puesto del Senado. Es curioso que cuando era portavoz en Castilla y León no pisaba las Cortes y ahora parece que no sale de ellas en vez de estar en el Senado, que es de donde cobra los casi cien mil euros que antes se llevaba del parlamento de Castilla y León. Pero el caso es no estar en el puesto de trabajo, no sea que le hagan trabajar. Es la vagancia y la indecencia política personificada, pese a ser uno de los personajes más moralizantes que ha conocido la política autonómica.
Un nuevo tiempo el que abre la era de Francisco Vázquez. Afinado en su primer discurso. Palabras breves, certeras, equilibradas, cargadas de intención y de vocación de diálogo. Pero también de deseos de cosas imposibles hasta ahora: que los procuradores acudan a trabajar y dignificar la confianza que para los próximos cuatro años le prestan los ciudadanos.
Ojalá sea capaz de regir esas intenciones y conseguir que un parlamento tremendamente renovado las haga suyas a través de cada grupo y de cada uno de sus miembros. Una nueva era en la que tiene que florecer, de una vez por todas, la transparencia, que es asunto de todos, no sólo del presidente. Porque la opacidad y oscuridad reinante hasta ahora en el transitar del Parlamento era fruto de la complicidad de los tres grupos que integran la Mesa de las Cortes. Precisamente el único que bregó contra ello, como por ejemplo el caso del misterio mejor guardado de Castilla y León, el uso de los BMWs oficiales, fue Francisco Váquez. Pero también es asunto de los funcionarios como la letrada mayor, que tiene que demostrar que es ajena a los manejos de su antecesor, más ocupado en ocultar lo que debe ser de conocimiento público, que en hacer cumplir la legislación, empezando por la de transparencia.