MENSAJES CRUZADOS
Los trenes y el tren
YA HACE unos cuantos años que la línea ferroviaria de la ‘Ruta de la Plata’ circulaba asimilándose a la calzada romana conocida como Vía de la Plata, que discurría por tres provincias de la Comunidad Autónoma de Castilla y León y que durante uno de los gobiernos de Felipe González fue clausurada de una manera casi repentina. Recuerdo que se aseguró que no era rentable. Así fue, más o menos, cómo de la noche a la mañana, quedamos sin aquel tren emblemático que recorría España y que traía las «buenas nuevas» por un camino histórico e incluso legendario.
Y como consecuencia del vacío que dejó el ferrocarril, quedaron completamente abandonadas, en muy poquísimo tiempo, un importante número de estaciones y de notables municipios de nuestro territorio castellano y leonés. La Ruta de la Plata borró del mapa un vetusto pasado que deshilvanaba el mundo que nuestros antepasados habían construido con sencillez; para que Sevilla y Gijón estuvieran unidos por un ferrocarril que era mucho más que un ferrocarril. Era la vertebración de miles de vestigios, pueblos y escenarios de nuestra dilatada geografía. Era la simbiosis de un acontecimiento que esculpía fragmentos importantes de la magna intrahistoria emocionada que vive en la memoria de los que aun recordamos esos trenes, tan muertos y olvidados. Era mucho más que un itinerario y que un acontecimiento histórico que alentaba los mundos abordados por los viejos caminos seculares que hoy hemos desechado para siempre.
Después de la clausura del tren hubo movimientos muy tibios y muy frágiles para hacer del recuerdo de esa línea un hito de memorias que nunca llegaría a prosperar, porque todo quedaba en los raíles que los inviernos iban oxidando… Hubo manifestaciones torpemente discretas y propuestas discretísimas que evitaban herir a los políticos causantes de aquella tropelía. Ayer lo recordaba en La Bañeza, que fue una de las ciudades más afectadas por aquella clausura, que abocaba a que el tren de La Ruta de la Plata perfilase silencios y fuese para siempre herida abierta que no se va a curar. La estación aún se alza sonámbula, esperando el silbido de los trenes que jamás volverán sobre las vías tan llenas de maleza.
La semana pasada el tren ha vuelto a sorprendernos con un grave accidente que se ha saturado de vanas justificaciones y de buenas palabras de los políticos responsables. Hoy el tren ha vuelto a colmatar las miserias de ese ser humano pendenciero y taciturno que se llama Óscar Puente, que para seguir siendo ministro de Transportes ha de justificar lo injustificable.