Las Cortes CyL ponen fin a un ciclo nefasto que exige una regeneración

Segunda sesión del pleno de las Cortes de Castilla y León.
CONCLUYÓ la legislatura con mucha pena y poca gloria en las Cortes de Castilla y León, una institución que se ha alejado tanto de la calle y de los ciudadanos que ha logrado captar su absoluto desinterés e incluso desdén. Y los principales responsables son los inquilinos de los 81 escaños que conforman el arco parlamentaria y que tendrán que ser renovados en las elecciones del 15 de marzo, pendiente de convocar el 19 de enero por el presidente de la Junta, Alfonso Fernández Mañueco, cumpliendo su palabra de agotar el mandato.
Y lo cierto es que han culminado la legislatura las Cortes haciendo el trabajo que no han hecho durante los cuatro años y por el que muchos cobran más de cien mil euros al año y el resto se lleva hasta 40.000 limpios de polvo y paja, que compatibilizan con sus plazas de funcionarios, esencialmente. Han aprobado una iniciativa para incentivar la contratación de sanitarios en esas plazas de difícil cobertura, que principalmente están en el mundo rural y en la periferia de la comunidad. A esto es a lo que debería dedicarse el legislativo. A legislar y sacar adelante normas que mejoran la vida de la gente. Es lo menos que se les pueden pedir a quienes se llevan más de cuatrocientos mil euros por cuatro años dedicados a la vida pública, a servir al ciudadano, que para eso se supone que los eligieron. Los hay que ni acudían al órgano por el que tienen asignado el sueldo de ciento y pico mil euros anuales. Como el caso antológico del ex portavoz del PSOE, Luis Tudanca, que no pisaba ni los días de Junta de Portavoces.
Por mucho empeño que algunos y algunas pusieran estos dos últimos días en despedidas nostálgicas, emotivas y cargadas de buenas intenciones, lo cierto es que la mayoría no ha pegado un palo al agua. Y de ahí, fundamentalmente, viene el desapego que han ido cotizando al alza la institución en la que reside la soberanía de Castilla y León. Del nulo trabajo. De la nula política real y práctica. Pero también de convertir el hemiciclo y sus pasillos en una chirigota en la que pese a ser la casa de todos los ciudadanos, la opacidad ha ido creciendo hasta extremos insospechados.
Las Cortes precisan y necesitan una regeneración completa. Transparencia, trabajo, política apegada a la calle. Y todo eso sólo se resuelve con la llegada de gente con más talla intelectual que la necesaria para hacer ripios, chistes y chanzas en la tribuna de oradores con los que luego engordar sus patéticas redes sociales.
Confiemos en que la nueva hornada venga provista para imprimir una cambio profundo a una institución que se ha ido degradando mes a mes. Un tiempo nefasto el que viven las Cortes.