TIERRA ADENTRO
Benditas semanas culturales
HASTA LA BANDERA. Todo lleno. No cabía un alfiler. Salió el sol para todos. Teatro, toros y conciertos sin entradas. Y sin reventa. Las fiestas grandes cierran el verano con un balance de éxito y público satisfactorio. Todo lo gratuito, lo que se disfruta en la calle a la intemperie, también rebosante de ciudadanía. Con ese presupuesto ya se puede, dicen los “toca huevos” de siempre. Pues se pudo y el beneficio se repartió entre los comediantes, los operarios municipales y mucho monitor y monitora de tiempo libre. Y juegos a tutiplén, en latín totus plenus que quiere decir "todo lleno" para niños y niñas. Perdón por el latinajo. Reminiscencias del seminario y del Florilegio del padre Penagos, al que conocí. Al grano. Fin de fiesta con resaca. Semanas de vino y rosas. Noches de luna y guitarra. Y de día, una agenda desbordada de cosas buenas para chiguitos, jóvenes y mayores. Benditas concejalías de fiestas. Qué digo buena: espléndida, la “semana cultural”. Porque las semanas culturales en los pueblos son el último resorte de vida intelectual en las aldeas, que inyectan como pueden las diputaciones. Ya no quedan ni indianos ni ricos espléndidos que todo lo sufragaban. Son la herencia actualizada del teleclub de mi adolescencia. El que se haya aburrido en los dos últimos meses en esta región que se “lo haga de mirar”. Por sosaina. Hemos tenido de todo: catas, cocinillas, carreras, encierros, conferencias, pregones, campeonatos, exposiciones, concursos de poesía, juegos infantiles, para mayores, bailes, mus, conciertos, novenas y rosarios, que también. Ciudades, cabeceras de comarca, pueblos con sus pedanías y algún descampado todavía en pie, han tenido actividad en el bar y en misa y, por supuesto, en la semana cultural. Para la que pido una mención de patrimonio inmaterial de la Humanidad por ser un suspiro de vida y color. Aun así, en conjunto y dentro de una panorámica general del mes de agosto, da la impresión de que España va como un tiro. Hay que felicitar al de la escopeta por su puntería. Y a ver qué tiene en la recámara para otoño. Pero hablemos de esa hostelería maltrecha, sin personal, envejecida y agobiada, que ha metido buenos euros al cajón. Alguien tiene que trabajar en fiestas. No hay que olvidar que esta bonanza y calma chica de la economía social rural se lo debemos a las vírgenes (lo siento Pedro) y a todos los santos que encabezan el calendario festivo. A las vírgenes de San Lorenzo, La Asunción, La Encina, la Concha, La Peña, la Vega, El Brezo y así más de un ciento. Y a ellos, Roque, Antolín, Saturio, Froilán, Juan de Sahagún y otro ciento con sus ofertorios y octavas del corpus. Son ellos y ellas los que tiran de esta España deshilachada. Cuestión de fe.